Nanotecnología: ¿buena o mala?

Las nanopartículas podrían ser la clave para tratar enfermedades o crear nuevas fuentes de energía increíbles. Actualmente, ya se utilizan en algunos productos, como procesadores informáticos, pantalones antimanchas y cosméticos.

Según los cálculos del gobierno estadounidense, en diez años, 2 millones de trabajadores de todo el mundo podrían tener empleos relacionados con la nanotecnología que producirán bienes por valor de más de un trillón de dólares anuales.

Un creciente número de nuevas empresas de nanotecnología esperan aprovecharlo. En High Point, los investigadores trabajan para mejorar una amplia gama de productos de consumo. En Whitsett, una fábrica emplea nanomateriales para elaborar recubrimientos de alta tecnología. En Yadkinville, una empresa trabaja en el desarrollo de materiales para aviones de combate. Investigadores de la N.C. A&T estudian distintas formas de mejorar la administración de fármacos en las zonas específicas del cuerpo en las que son necesarios. Y está planificada la construcción de una nueva escuela de nanotecnología para los estudiantes de esta universidad.

Sin embargo, paralelamente a todas estas promesas surgen incertidumbres. Los críticos señalan que la nanotecnología está avanzando demasiado rápido sin tener suficientes conocimientos acerca de los problemas de seguridad. Y nadie conoce realmente las posibles consecuencias a largo plazo para los consumidores, los trabajadores y el medioambiente.

“Es como un funambulista que trabaja sin red”, señala George Kimbrell, del International Center for Technology Assessment, un organismo de control.

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