PARASITOS DE LA SOCIEDAD

Mi querido desconocido:

Una de mis grandes aficiones ha sido, y es, la jardinería. Esta inclinación me ha inducido al estudio, como aficionado, de las plantas a una gran curiosidad por conocer su vida, sus dificultades para subsistir y reproducirse y, sobre todo, a cómo usarlas para mi disfrute y el de los demás. Tan es así que fundé una empresa dedicada a viveros y paisajismo que, afortunadamente pervive en manos, ya, de mis hijos. Pero de esa aventura te hablaré otro día.

Lo cierto es que ilustrarme en estos temas me llevó a conocer y combatir a los enemigos que, de continuo, las asedian. Hay que estar en continua vigilancia y alerta sobre todo a los parásitos, es decir a aquellos bichejos que se nutren a expensas de los tejidos y de la savia de las plantas y medran gracias a ellas. Los pulgones, las cochinillas, los ácaros, los hongos atacan cuando las condiciones les son favorables y, si te descuidas, acaban con la vida del hospedador que es como científicamente se llama a la víctima.

Igualmente se dan estos parásitos en la vida animal. Todos los seres vivos padecen la misma lacra. Pero en la naturaleza la necesidad de mantener el equilibrio ecológico los justifica ya que, a su vez, alimentan a sus depredadores naturales o actúan de inigualables purificadores de los restos de los perecidos en la lucha por la supervivencia

Pero hablemos del parasitismo entre animales racionales: del caso en que tanto el hospedador como el huésped son humanos, son personas.

Seguro que, tanto tú como yo, conocemos a personajes a los que, genéricamente pero con toda facilidad podríamos integrar dentro de la parasitología humana. Evidentemente si existiese esa ciencia (no me consta) habría que acudir a una clasificación, al menos personal, de las variantes y las categorías de esos humanos que viven a costa de otros o que se arriman al prójimo para vivir a sus expensas.

Probablemente hemos sido victimas alguna vez de los que en la categoría más simple llamaríamos gorrones, sablistas, buscavidas, simples timadores, vividores… Y tantos y tantos personajes que llenan la picaresca humana. A estos al final se les ve venir y uno se escabulle como puede de su proximidad.

Pero hay tipos más curiosos. Hace unos días, hablando con un amigo, padre de varios hijos, me comentaba que estaba muy orgulloso de sus hijos porque habían trabajado duramente para abrirse camino en la vida para conseguir una situación desahogada y estable. Eso, sí, habían sufrido mucho para situarse: estudios, carreras difíciles, oposiciones, oficios especializados…… menos uno que, sin estudios y sin ningún esfuerzo había logrado vivir como un privilegiado millonario: “ Es un tío bien plantado guapo y simpático donde los haya, conoce a todo el mundo, tiene amigos hasta en el infierno y lo mismo te vende un piso que un coche, o una bicicleta.

No sé cómo se las arregla pero le cae tan bien a la gente con mucha “pasta” que igual le invitan en invierno a la nieve que en verano al barco y es ahí de donde le salen los negocietes con los que se forra. Y mujeres las que quiere. Se lo rifan. Y sus viajes en” business o en jet.”.¿Qué te crees?
Y…… a mi amigo se le caía la baba hablando de las excelencias de su hijito.

Yo añado: también debe ejercer de “metrosexual” tan a la moda, y estoy seguro que no se pierde ni una inauguración ni un cóctel ni una recepción. Porque es en esos ambientes donde campea a sus anchas, el que tiene mano; el cada vez más admirado influyente.

Cuando nos separamos, tuve la sensación de que mi amigo, me había dejado la foto del pícaro de hoy, de uno de los parásitos del siglo XXI.

Desde que los hombres, en su evolución, se organizaron en tribus, existe el líder, el que tiene la responsabilidad del grupo, el que ejerce el Poder, con mayúsculas.

Con el tiempo la sociedad ha ido arbitrando las diferentes instancias de ese Poder hasta llegar a la sociedad democrática actual donde el mando, delegado del pueblo y, a su vez compartido, se ha demostrado como el más eficaz para el buen gobierno de las gentes.

Es humano, aunque no sea tolerable, que el que ostenta cualquier parcela de poder tienda a perpetuarse en su sillón y, para ello, entre las innumerables argucias que ejercita está la de rodearse de sus incondicionales.

No me refiero, evidentemente, a los que defendiendo la ideología del grupo hicieron posible su elección, sino a los que el mandatario elige, con su omnipotente dedo, saltándose las normas éticas a la torera, simplemente por asegurar su servilismo personal. No importa si están preparados para el cargo o no, tampoco si son eficaces o inútiles y mucho menos si trabajan o son escaqueadores de oficio. Lo importante es que adulen al omnisapiente mandatario para que se crea lo que no es. Al ser ávidos de la riqueza, a la que no podrían acceder por otros medios, son proclives a las corruptelas propias de su puesto que defienden con uñas y dientes aún a costa su propia estima. Dinero y prebendas que caigan de donde caigan, serán siempre bien recibidas,

No pienso sólo en el ámbito político, aunque es ahí donde prospera y mejor se desarrolla este “chupóptero “. Dada su versatilidad está muy difundido y, aunque más raramente, también habita en la empresa. Conozco apoderados generales y directores empresariales que confunden, para su desgracia, el equipo de colaboradores con la tropa de sumisos. Al que se manifiesta como disconforme o defensor de teorías diferentes a las que sostiene el amo, en fin, al que tiene personalidad destacada se le borra de un plumazo y. a otra cosa. Para eso el Consejo de Administración tiene confianza en sus directivos.

Y, aunque probablemente lo adivinas, te prevengo del parásito mas enmascarado.

Del hombre de los negocios oscuros con apariencia impecable. Del corruptor emboscado que compra a cualquier precio tanto a los responsables de las decisiones que pueden afectar a sus negocios como a la información oculta que le dará la ventaja ante sus competidores legítimos. Del insaciable que pasa por encima de su propia dignidad, y la de sus semejantes, con tal de engordar su cuenta de resultados.

Merece la calificación de parásito porque corroe a la sociedad a la que debió servir y de la que se sirve para su propio provecho. Algunos caen en manos de la Justicia pero los más se libran gracias a que son especialistas en borrar las huellas de sus inconfesables peripecias.

Y así podría llenar muchas cartas con sujetos del orden para-científico al que yo denomino parásitos sociales. Porque son innumerables. Si piensas verás que los tienes de vecinos o muy cercanos Cada uno con características diferentes porque es muy mutable y tiene más de cien variedades conocidas. Imagínate las que están por descubrir.

Es más te diré que la tentación de vampirizar al prójimo también ronda por nuestro cerebro. ¿No?

Un saludo afectuoso: PEPE

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2 Respuestas

  1. Isabel S. 12 años ago

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