DIGNICIDIO

Próximamente se cumplirán 24 años desde que la democracia retornó a nuestro país. Es de lamentar que con ella volvieran también viejos vicios, anidados con preponderancia en ciertas líneas políticas. Pero más lamentable es decir que han regresado para ampliarse, perfeccionarse y hasta sistematizarse.

El estilo político consistente en comprar voluntades mediante dádivas, privilegios, empleos o bienes tiene su principal fuente de alimentación en los pobres y en los necesitados. Esto es lo que se llama manipulación, una perversa costumbre de aprovecharse de quienes por distintas razones se ven privados de los bienes más elementales y que, por las mismas causas, carecen de educación y del conocimiento sobre los modos de poder superar ese círculo vicioso que los lleva a estar cada vez más abajo.

Pero de esa pobre gente viven y se desarrollan estos personeros de la política que hasta han llegado a construir una red de adhesiones que necesariamente es convocada por cierta gama política para conseguir éxitos electorales.

Esta red de voluntades condicionadas está siempre dispuesta para acudir a aplaudir a quienes ni siquiera conocen, por cosas que ni imaginan y para votar según les sea impuesto.

El “clientelismo” político con su correlato operativo en el “punterismo” viene trasladándose progresivamente a través de los tiempos de la política argentina. Desde que se comenzó con el asistencialismo, que no es la asistencia social, la política de dar para someter se ha ido mejorando en sus diabólicas formas.

Lo fue con los repartos sin reparos y luego se fue institucionalizando a través de los llamados “planes”, manejados y distribuidos discrecionalmente por los encargados de alimentar esa red ya referida.

El país vive momentos electorales y es tal vez cuando más se ponen al desnudo estas canalladas.
Una infinita cantidad de ejemplos se podrían dar como para provocar náuseas entre quienes creen en los derechos humanos con sentido integral. He visto personalmente poner en movimiento algunas marchas en adhesión a las cosas más diversas en momentos en que el que las dirigía y mientras repartía bebidas alcohólicas disfrazadas en envases de otra cosa advertía sobre la obligación de gritar y aplaudir cuando él levantara una caña con un banderín bajo amenazas de no dar la comida prometida o de quitar los planes que están cobrando. Recuerden cuando se entregaba media dentadura postiza bajo promesa de entregar la otra mitad si se ganaban las elecciones.

Entre estos ejemplos caben otros miles tan terribles unos como otros.

Y lo peor es que se manifiestan entre los que se dicen al servicio de las causas populares.

Recuerdo cuando hace muchos años un dirigente del Partido Comunista me impresionaba con su afirmación al decir que a la oligarquía y a las clases dominantes no les interesa ni les conviene la educación del pueblo porque así lo mantienen en el oscurantismo y la ignorancia. Supuse y supongo que tal vez tuviera algo de razón.

Pero en esa suma de lecciones que da el transcurrir de la vida aprendí que en mi país, contrariamente, quienes más eficazmente han sometido al pueblo son “los populistas” quienes enfermos de corrupción trafican con el hambre y la honra de los menesterosos.

Digo estas cosas como ese grito de desahogo frente a una realidad política y a tiempos electorales donde más se manifiesta esta podredumbre que nos duele y amarga.

Se que somos muchos con iguales sentimientos pero para bien de quienes dominan el escenario político son más los necesitados a explotar y los dispuestos a corromperse perdonados de antemano a través de una política publicitaria demagógica y vacía que aturde a quienes se atrevan a pensar mientras se trata de configurar algo así como el famoso “síndrome de Estocolmo” por el cual el sometido termina enamorándose de quien lo somete.

Esta burla hacia el pobre mediante el condicionamiento de su voluntad que no es otra cosa que un pisoteo de su conciencia hasta privarlo de su dignidad podría configurar un delito social nuevo como el de “dignicidio”. Desde ya que al momento de aplicarlo habrá jueces integrantes de la “maraña” dispuestos a practicar interpretaciones benignas, complicar las causas o juezas bien dispuestas a postergar actos procesales hasta después de alguna elección o hasta el olvido.

Por ahora sólo pretendo que el “dignicidio” se consagre como voz del idioma con el triste sello de la industria nacional, y popular.

La Real Academia Española tiene un lema para con la lengua y es el de que “limpia, fija y da esplendor”. Tal vez alguna vez acoja este término y lo acepte con mención de su origen, como lo suele hacer. Lo fijará pero, usando las mismas palabras del lema, tal vez sirva para limpiar esta ignominiosa situación que vivimos pero mientras tanto no será ningún esplendor para los argentinos.

Llegará el momento, siempre guardo una pequeña esperanza, en el que los pobres dejarán de ser una mercancía política y electoral a través de esta reducción a estado de servidumbre a la que los someten algunos gobernantes de todos los niveles, y puedan recobrar su legítima dignidad como paso principal hacia un bienestar de todo orden.

Que paradoja, escribo esto justo en el día en el que se cumplen diez años de la muerte de la Madre Teresa de Calcuta que vivió y murió al servicio de los pobres, pero con otras y mejores intenciones.

Luis Antonio Barry
Buenos Aires, 5 de septiembre de 2007.-

2 Respuestas

  1. Lucila 10 años ago
  2. María de Moreno 10 años ago

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