Leonard Bernstein

El novelista Phillip Hensher, hizo una reseña el fin de semana de un nuevo libro, ‘The Leonard Bernstein Letters’, editado por Nigel Simeone, en la que alegaba que el director de orquesta y compositor fue sin duda variable, por no decir que en realidad está sobrevalorado.
Hensher admite que Bernstein compuso al menos una obra de grandeza indiscutible en ‘West Side Story’ y sugiere que “su estilo como director de orquesta está pasando rápidamente a la era de la curiosidad histórica”. Hay un consenso general de que a medida que envejecía, su expresividad personal dividía a la opinión crítica; y su grabación de las Variaciones Enigma de Elgar, por ejemplo, se suele citar a menudo como la variación Nimrod más lenta de la historia. Y Hensher no le puede perdonar sus grabaciones excesivamente amanerados de las sinfonías de Mozart y Haydn.
Estuve en un concierto que dirigió en el ayuntamiento de Watford, creo que en 1946, cuando era un hombre joven al comienzo de su ilustre carrera. No recuerdo la orquesta, tal vez la Filarmónica de Londres, aunque más tarde se convirtió en un favorito de la Sinfónica de Londres.

Lo recuerdo como una impecable figura en la tribuna, dirigiendo sin batuta y con poca autoridad sobre la orquesta que, en lugar de mirar al director, parecía estar mirando al primer violinista, que marcaba el ritmo golpeando con el arco en su atril.

La solista era la soprano australiana, Marjorie Lawrence quien, después de haber padecido la polio en 1941, cantó desde una silla de ruedas. Podía haber cantado a Wagner (su especialidad) o a Richard Strauss, pero en un clímax, Bernstein instó a los metales a tocar tan fuerte que la solista se vio completamente ahogada. Como amante de la música en ciernes, no me impresionó. Sin embargo, muchos otros con más conocimiento han mostrado entusiasmo por su trabajo a lo largo de su carrera.
No hay duda de que fue un personaje musical, tuvo una vida personal colorida, llegó a ser muy rico y fue capaz de mantener una vida social extravagante mezclándose con los grandes y los famosos a la vez que era un reformador social con tendencias de izquierdas (lo que llevó a la popularización de “chic radical” como término crítico). No obstante, como artista tenía y, seguramente, todavía tiene muchos admiradores. Sus colaboraciones con las orquestas más importantes de América y Europa, sus muchas grabaciones y premios, la originalidad de sus composiciones y su influencia sobre otros artistas significa que era mucho más que “uno de esos raros egoístas practicantes” como dice Hensher.
Ciertamente, la excelente directora, Marin Alsop, lo diría. Ella nunca pierde la oportunidad de describirlo como maestro, mentor y amigo.
B.