Nuevas tecnologías y pequeñas empresas

Nuevas tecnologías y pequeñas empresas: la revolución silenciosa

Es sorprendente la capacidad imaginativa e innovadora de pequeñas o medianas empresas en el uso de Internet y de las TIC en general. Pese a que frecuentemente se habla de los efectos negativos de la globalización, lo cierto es que cada vez asistimos a una nueva generación de empresarios inmersos en la idea de la necesidad de innovar continuamente. Esta filosofía de trabajo es clave para la supervivencia de las pequeñas empresas. Una llave para acceder a la competitividad en un mercado cada vez más exigente y veloz en la incorporación de los cambios.

Filosofía de código abierto e ideas abiertas

En Internet poco importa que las ideas sean originales o no. Lo importante en la filosofía “open source” es seguir desarrollando una idea allí donde otros la dejaron. Una aparente desorganización productiva en torno al caos que parece funcionar bastante bien a juzgar por los resultados. El símbolo del navegador Firefox, más veloz y seguro que el Microsoft Internet Explorer, se suma a centenares de aplicaciones gratuitas que desarrolladores de medio mundo se encargan de poner en la red. Martín Varsavsky propone la revolución WiFi a través de FON, compartiendo la conexión de cable o ADSL de los usuarios e invitándoles a disfrutar de acceso inalámbrico para conexión telefónica o Internet en cualquier lugar del mundo.

Operadores, grandes empresas de telecomunicaciones, gigantes del software no fueron capaces de imaginar que los avances tecnológicos que introducían con grandes beneficios acabarían poniendo su supremacía en peligro a través de los desarrollos de una comunidad dispersa y no organizada ubicada en decenas de miles de ciudades a lo largo del planeta.

Hoy, hasta los templos universitarios como el MIT abrazan este enfoque. Su OpenCourseWare viene a representar una universidad con paredes de cristal donde su actividad docente se comparte con el resto del mundo y se invita a otras instituciones universitarias a participar activamente en el proyecto. Mientras especialistas de todo el mundo participan espontánea y anónimamente en la Wikipedia la enciclopedia multilingüe más grande de la red.

Las pequeñas empresas

Volviendo al tema de las pequeñas empresas, esta filosofía parece favorecer su capacidad de competir en la era de la globalización. Al ahorro de costes de software que lleva consigo hay que sumar el potencial de adaptación de las ideas a las distintas realidades de tiempo, lugar, sector, negocio, mercado… que caracteriza el entorno de cada empresa.

Cierto es que muchas pequeñas empresas comenten errores básicos, incluso al hacer sus páginas web (plagadas de flash, conceptos corporativos irrelevantes, etc.) pero también lo es que el sistema va dotando de mecanismos que palian o corrigen estas deficiencias. Un ejemplo es el sistema de publicidad contextual adwords, o subasta de términos de búsqueda en Google (hoy imitado por otros buscadores), uno de los más eficientes, baratos e inteligentes sistemas de publicidad que, en mi modesta opinión, acabará arrasando el mercado publicitario convencional.

Las empresas con una inversión muy reducida ponen en marcha sus ideas y callan sus éxitos. No hace falta explicar las razones. Hace sólo seis años se hacía lo contrario. Se exageraban metas utópicas, se difundían tráficos e ingresos inexistentes, en aras a captar la atención de inversores ávidos de participar en el nuevo dorado. Cuesta trabajo olvidar que hasta Telefónica participó de aquella burbuja tecnológica adquiriendo una empresa como Lycos por 12.500 millones de dólares para venderla tres años más tarde por sólo 100 millones de dólares.

Hoy hay muchas pequeñas empresas que han aprendido el valor de la discreción, de la constancia y de las apuestas a medio y largo plazo. Ya no son las grandes las protagonistas. Son empresarios jóvenes que venden naranjas por Internet, productos ecológicos, utensilios de cocina, organizan al pequeño comercio, promocionan un sistema de riego y ahorro de agua, gestionan un hotel rural, administran una inmobiliaria virtual, promocionan viajes de aventura o asesoran jurídicamente on line…

En España, Internet no se ha beneficiado de políticas activas relevantes y una gran parte de los indicadores nos sitúan hoy a la cola del desarrollo de la sociedad de la información en la UE. Pero el potencial innovador en un mercado lingüístico de 400 millones de habitantes y los empresarios siguen estando ahí. Hay algunas razones para ser optimista.