Gestión de Derechos Digitales

Según un artículo publicado esta semana en BBCNews, Western Digital, uno de los principales fabricantes de discos duros del mundo, ha bloqueado a sus clientes la opción de compartir en línea los archivos multimedia almacenados sus discos en un intento por combatir la piratería.

El problema es que la prohibición funciona también con los archivos que carecen de copyright y con los contenidos creados por el propio usuario.

Para los activistas digitales se trata de otro paso de la llamada guerra contra el robo de materiales protegidos que está dañando los derechos de los consumidores.

El paso a la era digital en la que cualquier forma de contenido (libros, música, programas de TV e incluso películas) se puede compartir fácilmente entre personas de todo el mundo con una conexión a Internet ha originado un trastorno sin precedentes y los creadores de contenidos profesionales han luchado difícilmente por adaptarse a los cambios teniendo que hacer frente a un aumento desenfrenado de las violaciones de copyright que amenaza acabar con su negocio.

El método más popular de control de copyright en la era digital es el DRM (Digital Rights Management), un software –y, en ocasiones, hardware- diseñado para evitar las copias y controlar el uso de distintas formas de archivos multimedia.

Según Peter Brown, de la Free Software Foundation, y conocido detractor del DRM: “El DRM y otras iniciativas de filtrado de empresas como Western Digital son un intento de controlar nuestros ordenadores”. “El DRM es malo para la sociedad porque pretende monitorizar lo que hacemos y cómo vivimos nuestras vidas digitales”, señala Brown en el citado artículo. “El DRM nunca será bueno, porque nos resta parte de nuestros derechos como ciudadanos”.

Western Digital ha bloqueado a sus usuarios la compartición de más de 30 tipos de archivos diferentes, si utilizan el software Anywhere Access de la compañía.
El problema más habitual de los DRM es la falta de interoperabilidad. La mayoría de los principales productores de contenidos del mundo utilizan sistemas de DRM incompatibles entre sí. El ejemplo más popular es el de la música adquirida en la tienda en línea iTunes, que solo se puede reproducir en iPods, máquinas con iTunes y en el propio sistema de TV inalámbrica de Apple.

La BBC también ha recibido críticas por utilizar una forma de DRM en las descargas de su TV que impide que los programas se puedan reproducir en los Mac y los PC con Linux.

Según Paul Garland, de Kemp Little, el problema principal es que para un consumidor es bastante difícil saber qué puede y qué no puede hacer con un contenido que acaba de descargar. “En caso de que el DRM sobreviva, se deberá hacer un esfuerzo mucho mayor por comunicar a los compradores qué pueden y qué no pueden hacer con él”.