Regulación de la Nanotecnología

Regulación de la nanotecnología

La primera mina de asbesto se abrió en Quebec en 1874. En los años 50, el asbesto (también conocido como amianto) fue ampliamente utilizado como aislante, material ignífugo y nieve artificial. Hoy en día, sabemos que las fibras de asbesto pueden introducirse en los pulmones y causar asbestosis, cáncer de pulmón y mesotelioma. Aunque las preocupaciones sobre la seguridad del asbesto surgieron alrededor de 1900, su uso no fue prohibido por completo hasta 1999.

Las tecnologías nuevas y emergentes (como la modificación genética, la biología sintética y la nanotecnología) ofrecen la posibilidad de un futuro más limpio, más sano y mejor. Sin embargo, los riesgos de estas tecnologías no se conocen.
Se estima que hay más de 1.000 productos con nanotecnología que ya están en el mercado: desde pelotas de tenis a protectores solares o calcetines sin olores. ¿Mirarán las generaciones futuras hacia atrás a nuestra actual ola de innovación científica del mismo modo en que nosotros vemos la introducción del asbesto en el mercado?

A medida que las sustancias químicas se hacen más pequeñas, sus comportamientos y características pueden cambiar, y determinados nanomateriales poseen propiedades que no se encuentran en sus equivalentes a tamaño natural. La forma nanométrica del oro puede ser roja o azul; el platino es inerte a tamaño natural y, en cambio, actúa como catalizador a nanoescala; etc.

Estas nuevas propiedades que poseen los nanomateriales pueden dar lugar a nuevas formas de riesgo.

Los riesgos potenciales de la nanotecnología son a la vez desconocidos e incognoscibles. Desconocidos porque hasta la fecha apenas se ha llevado a cabo una evaluación de los riesgos (menos del 2% del dinero invertido en la investigación relacionada con la nanotecnología se dedica al análisis de riesgos); e incognoscibles, porque los conocimientos científicos sobre la evaluación de productos químicos no ha seguido el ritmo de los conocimientos científicos en nanotecnología. En pocas palabras, actualmente no somos capaces de evaluar todas las propiedades inherentes de todos los nanomateriales.

Además, las iniciativas de regulación para controlar el uso de la nanotecnología han sido limitadas. Hay lagunas en los actuales marcos regulatorios que hacen que la nanotecnología no esté cubierta en su totalidad. Algunas de estas lagunas existen debido a una noción equivocada de que los nanomateriales son equivalentes a sus iguales a tamaño natural. Otras lagunas se deben a que la legislación se basa en umbrales o concentraciones. Dado que la nanotecnología es la tecnología de lo diminuto, utilizar umbrales de regulación implica que la mayoría de la nanotecnología va a estar por debajo del tonelaje correspondiente o los criterios de concentración y, por lo tanto, evitará la regulación.

A partir de 2013, el Reglamento de Cosméticos de la UE exige que cualquier cosmético que contenga nanomateriales lo indique en la etiqueta. Aunque la obligación es limitada: bastará con poner “(nano)” junto al ingrediente correspondiente en la lista de ingredientes. Sin embargo, el etiquetado de productos nano ha sido rechazado en otras jurisdicciones por su ineficacia. Basta con que nos preguntemos cuándo fue la última vez que examinamos la lista de ingredientes de un producto.

La regulación de la nanotecnología es difícil. Es necesario alcanzar un equilibrio entre sus beneficios y sus riesgos potenciales. También es muy importante el modo en que nosotros, como sociedad, hacemos frente a la incertidumbre, respondemos a la innovación científica y enmarcamos el debate sobre el riesgo y la regulación. Como vimos con el asbesto, podría marcar la diferencia entre la vida y la muerte. Fuente: The Guardian 

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