Nanotubos de carbono y VIH

Según un artículo publicado el 26 de febrero de 2007 en Technology Review, investigadores de la Universidad de Stanford podrían haber encontrado un modo de combatir el VIH con nanotubos de carbono. Esta nueva técnica de interferencia de ARN (RNAi), que utiliza pequeños trozos de ARN para cerrar los genes causantes de la enfermedad, podría ser un arma importante en la lucha contra enfermedades como el cáncer o el sida.

La técnica consiste en inhibir el gen que controla la expresión de las proteínas receptoras en la superficie de los glóbulos blancos conocidos como linfocitos T; el virus se fija a este receptor y, a continuación, se introduce en los linfocitos T y los infecta. Si el ARN de interferencia pudiera cerrar los receptores, el virus no tendría por dónde introducirse en las células. Sin embargo, el ARN no atraviesa fácilmente las membranas celulares y no entra por sí solo en las células, por lo que los investigadores están intentando encontrar un modo eficaz de introducirlo en ellas.

En un trabajo publicado en la revista Angewandte Chemie, el profesor Hongjie Dai y sus colegas han utilizado los nanotubos para transportar el ARN al interior de los glóbulos blancos del sistema inmunológico humano, haciendo que éstos sean menos vulnerables al ataque del virus VIH.

Cuando los investigadores introdujeron los linfocitos T en una disolución del complejo formado por ARN y nanotubos de carbono las proteínas receptoras que se encentran en la superficie de las células disminuyeron en un 80%.

Para Judy Lieberman, investigadora del Harvard Medical School Center for Blood Research, este trabajo presenta un nuevo enfoque muy interesante, pero señala que es todavía muy pronto para saber si funcionará en vivo, en el interior del cuerpo. Según Lieberman el principal inconveniente de esta aplicación terapéutica es la posible toxicidad de los nanotubos. Y añade que los investigadores deberán realizar unos amplios estudios de toxicidad antes de poder garantizar que los nanotubos son totalmente seguros para su uso en humanos.

Los investigadores de Stanford mantuvieron los linfocitos T en la disolución de nanotubos durante tres días, sin observar ninguna aceleración o anomalía en la muerte de las células. Según señala Dai, también se realizó un exhaustivo estudio de toxicidad de los nanotubos in vivo con roedores y sin que se observara ningún efecto secundario evidente.

Los investigadores pretenden desarrollar ahora un mecanismo que permita dirigir los nanotubos de carbono a las células deseadas. “Podríamos combinar ciertos péptidos o anticuerpos con los nanotubos para que estos se dirijan a determinados tipos de células, en este caso, a los linfocitos T”, señala Dai.

Aún así, la técnica deberá superar otras dificultades en el interior del cuerpo humano: los fagocitos podrían eliminar los nanotubos o éstos podrían no transportar el ARN hasta los linfocitos que se encuentran en los tejidos en lugar de en el flujo sanguíneo. Algunas células infectadas por el VIH se encuentran en los ganglios linfáticos o incluso en el intestino, y no sabemos si los nanotubos llegarían hasta ahí, señala Lieberman.

Fuente: Technology Review