Virtuosos del teclado

style="margin-bottom: 0cm">Los pianistas jóvenes y brillantes están casi regalados hoy en día. Empiezan a una edad increíblemente temprana, ganan numerosos premios y ascienden rápidamente en la escalera de la fama, sin duda, con razón, pero para cualquier oyente normal y asistente de conciertos ocasional como yo, es difícil mantenerse al tanto de todos ellos. Proliferan (y los violinistas también). Recientemente, he escuchado a dos pianistas en Bristol, a ninguno de los cuales había escuchado u oído hablar de ellos antes y ahora soy fan de ambos.

Kit Armstrong tiene 20 años y ha actuado con varias orquestas y grupos de cámara. También es compositor y a los diez años había escrito más de quince obras. Mauchas de ellas y de las posteriores composiciones han sido estrenadas por varios grupos europeos. Nacido en los EE.UU. e hijo de padre británico y madre Taiwanesa, ha estudiado en el Curtis Institute of Music, la Royal Academy of Music y el Imperial College de Londres. También ha estudiado ciencias; sus estudios, incluyen las matemáticas puras en la Universidad Pierre y Marie Curie.


Este logro en un marco tan pequeño a tan temprana edad es casi alarmante, pero en el Colston Hall su interpretación del Concierto de Piano de Schumann fue sensible, segura y completamente brillante. Nos volvimos todo lo locos de entusiasmo que es posible en un educado público de Bristol. Una parte importante de su vida y desarrollo ha sido su relación con Alfred Brendel, su mentor y amigo. Me compré un DVD de ‘Set the Piano Stool on Fire’, que cuenta la historia de cómo el joven prodigio y el viejo maestro han hecho música juntos; como la dice el anuncio: “un fascinante retrato del proceso creativo”. Es un proceso que seguramente se convertirá en una herramienta a largo plazo de la escena internacional de conciertos.
El pianista japonés Nobuyuki Tsujii cuatro años mayor que Kit Armstrong- es ciego de nacimiento. Comenzó a aprender música escuchando. Su madre dice que con sólo dos años de edad tocó “Jingle Bells” en un piano de juguete después de escuchársela cantar a ella. Empezó a leer música en Braille cuando tenía siete años, pero aprender música en Braille es laborioso. Ahora practica a partir de la grabación de un voluntario que lee en voz alta cada nota de una obra. También es compositor.

Lo oí interpretar el primer Concerto para piano de Chopin con la Orquesta Filarmónica hace poco más de una semana, con la ventaja añadida de tener a Vladimir Ashkenazy como director. Llegó a la plataforma guiado por Ashkenazy, asido del hombro del director, le ayudaron a orientarse hacia el público y, luego, a encontrar su asiento. Fue una actuación magnífica e impetuosa. El hecho de que pudiera aprender música e interpretarla sin ver era milagroso y, por supuesto, conquistó al público tanto por la situación, como por la realización de la actuación. Los bises -para ambos pianistas- fueron casi una formalidad; si no hubieran accedido todavía podríamos estar aplaudiendo.

B.R.

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