La Orquesta Sinfonica de Bournemouth

Fue un concierto excepcional en Bristol anoche, el programa fue repetido en Portsmouth el día después. Trabajando bajo con otros directores (Krill Krabbits es su director permanente) parece que la orquesta es capaz de mantener su alta calidad y incluso a veces se supera a si mismo. El concierto en Bristol fue dirigido por Yan Pascal Tortelier. Tortelier obtuvo una interpretación apasionado y unificado de las obras del ballet de Romeo y Juliet de Prokofiev. La orquesta respondió a su dirección energética y fue conmovido por la interpretación del los instrumentos de viento en el concierto para el violín de Tchaikovsky.

Quizás eso fue la atracción principal para el público porque el solista fue el violinista Canadiense James Ehnes, quien ha recibido críticas excelentes recientemente por sus grabaciones e interpretaciones. La crítica en la revista ‘The Gramaphone’ sobre su interpretación del concierto de Elgar en Enero 2008 dice que tiene técnicas impecables y una entonación milagrosa. Su contribución es asombrosa debido a sus emociones y agilidad y sobre todo su delicadeza. Del mismo disco el periódico ‘The Daily Telegraph’ dice que es una grabación monumental de un artista cuyos instintos y sensibilidad le distinguen como uno de los mejores músicos del momento’.

¡No puedo superar eso¡ Pero lo que me impresiono especialmente fue su seguridad total en su técnica, su pureza y la falta de extravagancia que muestran muchos solistas del violín. Ehnes toco su Stradivarius del 1715 con una confianza total ambos en la partidura y en su habilidad. Al final del cadencia no mostró triunfo como otros solistas suelen hacer sino seguía con la orquesta hasta el final del movimiento. Fue una interpretación tan perfecta que ojala Tchaikovsky hubiera compuesto un cuarto movimiento para alargar la experiencia. Gane mas respeto para una obra que antes me gustaba pero nunca amaba como llegue a hacerlo anoche. El público mostró su apreciación que fue recompensado con un bis de Bach.

El concierto empezó con una obra de Richard Struass’ – el Intermezzo la cual fue una introducción tranquila a una noche de música que termino como había empezado después de las traumas y emociones de la música de Prokofiev.

¡Vaya noche!
B.R.