La Filarmónica y Maazel otra vez

Estuvimos en Bristol el domingo para escuchar la Orquesta Filarmónica, dirigida por Lorin Maazel. Veo que esta noche vuelven a estar juntos en el Royal Festival Hall de Londres y viajarán a Atenas para dar un concierto allí el sábado. Las orquestas británicas trabajan duro y, con los severos recortes que se han realizado en la financiación de las artes en el Reino Unido (por ejemplo, en Newcastle se retiraron todos los fondos), no tienen más remedio que seguir trabajando, aunque para gran provecho de su público de la metrópoli y de todo el país. Escuchamos a la Filarmónica con el mismo director en Frankfurt hace dos años y siempre disfrutamos de sus visitas anuales a Bristol. Las orquestas británicas modernas son versátiles, además de estar muy ocupadas. El mes pasado la Filarmónica ofreció una Gala de Aniversario en Londres para conmemorar el 50o Aniversario de las películas de James Bond y la proyección de la última película, ‘Skyfall’ (…me pareció una locura de película, pero entretenida).

Echando un vistazo a varios programas de conciertos diferentes, parece haber cierto énfasis estos días en la música rusa, y el programa del Sunday no fue una excepción. La 6a Sinfonía de Tchaikovsky (La patética) era la obra principal y se hizo una interpretación disciplinada, pero apasionada. Los instrumentos de cuerda, en particular, fueron maravillosas. Muchos de los asistentes se vieron sorprendidos por el culminante final del tercer movimiento y empezaron a aplaudir, pero su entusiasmo se desvaneció rápidamente al permanecer Maazel quieto, esperando a que se hiciera el silencio para empezar el cuarto movimiento. No lo aprobó. Y yo tampoco. Sucede con frecuencia en los conciertos de la BBC y, sin embargo, puede significar que algunas personas nunca han escuchado la música antes y, de forma espontánea, muestran su entusiasmo. Eso no puede ser algo malo.

El otro compositor que parece estar en muchos programas en este momento, es Prokofiev, que si bien en sus comienzos estaba considerado un compositor ‘vanguardista’ disonante, ahora está más estrechamente relacionado con la tradición rusa de los nacionalistas del siglo XIX. Se le ha descrito como un melodista romántico y su música de ópera y ballet pone de relieve el drama y el color de su obra y su brillante uso de la orquesta. No soy un crítico musical, pero me parece que hay una falta de corazón y calidez en lo que conozco de su música. Y, sin embargo, me vi abrumado por su música de Romeo y Julieta, en una ocasión en la que se interpretaron algunos de los extractos de la suite del ballet. También escuchamos su 2o Concierto para violín, interpretado por Vadim Repin, con la clase de brillo fresco que más bien confirma mi sensación acerca del desapego emocional del compositor.

B.R.