Flamenco

Esto es el artículo numero 33 de nuestro blog y hemos llegado tan lejos sin apenas hacer referencia a la música flamenca que, para gente no-española, es lo más español que hay.

En la ciudad inglesa donde yo resido, hay un restaurante que se llama “La Flamenca” donde anuncian “paella y tapas los sábados junto con guitarra flamenca y un bailador popular” (¡!). Es esta mezcla de música, baile y canción (a veces acompañados también por comida) que hace que el flamenco sea tan característico y, como bien dice el anuncio del restaurante, popular. Una vez posesión en exclusiva del pueblo español, la música flamenca se ha convertido en un arte y una diversión internacional.

La esencia de flamenco es que cuenta una historia. Una historia que suele ser apasionada, sencilla, violenta, quejumbrosa y normalmente, sobre el amor. Las escuelas de flamenco empezaron a aparecer hacia finales del siglo XXVII y principios del siglo XVIII en Andalucía, en las zonas de Cádiz, Jerez de la Frontera y Triana, cerca de Sevilla. Sus raíces vienen de la cultura gitana y la cultura árabe. En estas zonas las cafeterías y tabernas empezaron a ofrecer música flamenca que tuvo su edad de oro a finales del siglo XVIII.

Existe “baile” flamenco, “cante” flamenco y “toque” flamenco. Pero el acompañamiento no es solo musical. El flamenco también es acompañado por el sonido dinámico de palmas y pies. Música flamenca está llena de intriga, con trajes preciosos, voces penetrantes, posturas provocativas y miradas intensas que pueden transmitir más sentimiento que las palabras que son cantadas. Desde los escenarios de los grandes teatros hasta el bar más pequeño en la Costa Blanca, ¡que sobreviva durante mucho tiempo!

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