jueves, mayo 31, 2007

TELEVISIÓN ARGENTINA

No alcanzo a ver el fondo, no me imagino cual es el límite, tampoco puedo suponer hasta donde se quiere llegar con esta carrera irrefrenable hacia lo peor. Estos son los interrogantes que me plantea la televisión argentina.

Nunca pensé que se podía caer tan bajo y , menos aún, que los argentinos fuéramos destinatarios de tanto menoscabo moral y desprecio cultural a través de la oferta de este medio.

En una picada alarmante día a día se baja un escalón hacia lo más oscuro del espíritu, hacia la mayor degradación y hacia lo más grosero. El vocabulario de mal gusto, deformado, soez, ofensivo y ordinario es un hábito a toda hora; incapaz de restringirse por respeto a quienes desean y merecen ser respetados y que son víctimas de cloacales expresiones que les caen encima con sólo encender un aparato.

Las escenas que se muestran son de una pavorosa degradación de la feminidad, de un terrible mal gusto y de una grosería propia de pueblos bárbaros.

Pero conviene puntualizar algunas cosas al respecto.

a) La televisión es un servicio dado por el estado en concesión y bajo normas a cumplir por lo que para ello existe un organismo de control que se llama COMFER. Recordemos esto último porque ya pareciera que no existe más. Si todavía está pero para conceder frecuencias a quienes sean gratos al poder, para ignorar o compartir esta degradación como parte de una revolución cultural que es parte de la otra revolución más grande llena de rencores, venganzas y autojustificaciones, que nadie entiende pero que tiene un profundo olor a podrido.
También está para aplicar multas que luego no cobra y que negocia por espacios publicitarios a favor del gobierno.

b) Alguien podrá decir que los concesionarios y productores de televisión tienen un negocio en sus manos y no deben preocuparse por la cultura. No es así, en primer lugar porque usufructúan un medio público de fines culturales, en segundo lugar porque son dirigentes y como tales tienen responsabilidades públicas que hacen al desarrollo de la sociedad y por último porque carecen de derechos para lesionar la moral pública y para atentar contra los valores de la sociedad.

c) Debemos reconocer que si no hay acciones correctivas por parte del estado, o del gobierno que lo administra, es porque comparten esta tendencia hacia el mal gusto o la degradación es parte del plan más vasto que hace a la manipulación de la pobreza y la ignorancia. Ello se comprueba fácilmente ya que como en todos los casos el ejemplo debe venir desde lo más alto y no ocurre. Debe serle difícil al mejor inspector del COMFER pretender encuadrar las situaciones cuando el propio Presidente en el momento de leer su mensaje anual ante la Asamblea Legislativa, tal vez uno de los actos políticos más solemnes en la agenda constitucional, al referirse a un organismo internacional de crédito le dice: “de acá…” como un gesto de corte de manga que no lo hace por popular sino por grosería y falta de elocuencia ajustada a la circunstancia. Además lo popular, si fuera el caso, no está reñido con el buen gusto y así lo prueban innumerables expresiones de todo tipo. Leyeron bien y lo recuerdan, estamos hablando del Primer Magistrado del país. De allí para abajo ¡métanle muchachos que hay libertad absoluta, la línea ya está marcada!.

d) A toda hora los programas utilizan un vocabulario vergonzante y para quienes tenemos otros gustos y conservamos reglas de convivencia resulta imposible ver un programa en familia. Desde la mañana a la noche todos los comentarios tienen alusiones de tipo sexual, pero no para exaltar lo bueno, maravilloso y sublime que es el bien de la sexualidad sino para degradarlo, para convertirlo en un hecho grotesco y expresión sólo de bajos instintos como también sólo recurso exclusivo de la pornografía. Programas con niños, de pretendido humor, al límite de la corrupción de menores por comentarios y por la incitación a gestos y actos propios de otra edad.

e) Por allí he leído que alguna tendencia de psicología admite que algunos hablan mucho precisamente de lo que son sus propias dificultades. Me cuesta creer, pero puede ser, que haya tantos disfuncionales en sexo que ocultan sus falencias con atropellos dialécticos, con humoradas o con la recurrencia a estilos que sólo caben en mentes necesarias de un tratamiento serio por impotencias u otros malestares. Lo cierto es que se advierte la presencia de muchos sexópatas.

Durante los últimos casi quince años debí viajar mucho por distintos países a los que me llevaban mis obligaciones profesionales. Muchas horas de hotel me hicieron recurrir a la amistad de un libro o a la compañía de la televisión, por lo que, para este último caso, pude hacer algunas comparaciones.

Sin pretender ser un especialista, sólo un espectador, puedo asegurar con absoluta convicción que la televisión argentina es de las mejores en cuanto a técnicas, creatividad e imaginación. Realmente encontré siempre grandes diferencias con otras televisiones, aún con las de más renombre y magnitud, en cuanto a calidad de producción, pero especialmente - e insisto - en cuanto a creatividad y a las genialidades en materia publicitaria.

Con la misma convicción afirmo que también la televisión argentina es la más grosera, la más degradada, la más transgresora – e innecesariamente – del idioma y de su buen uso, la más chabacana. Contrariamente a ello pude ver en otras televisiones todavía un vocabulario respetuoso, agradable y no necesariamente programas pensados y diseñados en una carrera constante para ver quien cae más bajo, como ocurre con nuestra televisión nacional.
Otras televisiones también tienen sus programas parecidos pero a sus horas y bien marcados y advertidos como tales y no todo el día y a toda hora como nos ocurre en la Argentina.

Soy un fervoroso creyente de que las cosas no se las puede analizar aisladas de su derredor y de sus circunstancias, hago malabares dialécticos para no decir el consabido “contexto”, y en tal sentido creo que la televisión argentina no es más que una parte visible, tal vez la más visible (fíjense que tampoco digo iceberg), la más penetrante de la degradación moral que viene sufriendo nuestro país en forma creciente y sin pausa.

A fuerza de malos ejemplos y de corrupción la televisión no es más que parte de ese todo.
Tal vez este sea un grito de corto alcance y escasa repercusión pero me sirve para descargarme y para dar testimonio de un tiempo que deseamos se pueda superar. Aunque me desespera la indiferencia de muchos y el silencio de tantos porque también significa complacencia. Habría que buscar el modo de trascender, pero no da el rating.

La historia registra innumerables casos en los que la degradación tuvo una influencia y una expansión mucho más rápida que la virtud aunque finalmente ésta permanezca, pero también siempre se hizo algo para que sucediera.

Luis Antonio Barry
Buenos Aires, mayo de 2007

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