miércoles, noviembre 07, 2007

ELECCIONES ARGENTINAS Y OTROS DATOS

Los amantes de la democracia formal muchas veces creen que votando se solucionan todos o muchos problemas. Eso no es cierto pero si lo es que generalmente se abre una puerta hacia la esperanza.

En el caso de la Argentina tampoco se puede suponer esto último porque sólo es un cambio de figura con los mismos contenidos e iguales esencias. Como que es la otra parte de un co-gobierno que viene a sustituir a la primera.

Por ello es que las cuestiones pendientes tienen el riesgo de no resolverse o de agravarse en las mismas manos.

Cuidado con las apariencias y el juego teatral de las dos carátulas porque el libreto es el mismo.

Se advierte que no me conforma el resultado electoral pero jamás caería en el error de cuestionar la voluntad popular. Aunque conozca las dificultades que tiene para expresarse libremente en muchos casos cuando se ve viciada por presiones, manipulaciones, coerciones, corrupción, maniobras, compras y otros condicionamientos que ya son tradicionales en nuestro electoralismo vernáculo a través del dominio populista, principalmente.

Lo que caben son interpretaciones de esos resultados y en tal caso entiendo y comprendo las razones generales que han animado a esa expresión mayoritaria.

Elecciones argentinas: interpretación de resultados

El pueblo argentino viene padeciendo crisis cíclicas que lo han golpeado fuertemente. Por sólo enumerar algunas podemos hablar del “rodrigazo”; de los efectos de la plata dulce; de los vaivenes del dólar; de la hiperinflación; del plan austral; de los bonex; de la convertibilidad; del blindaje; del corralito; del corralón y de muchos otros episodios que han agrietado la confianza, alterado las posibilidades de previsión y pulverizado los ahorros de muchos.

Es razonable entonces que en tanto algunas de las variables típicas de las crisis se mantengan con alguna estabilidad es que se prefiera la situación existente, dejando para otro momento las demás preocupaciones que pretendo señalar como pendientes de ser corregidas o abordadas.

También puede ocurrir, como en otros casos, que al alterarse alguna de aquellas variables todo entre en crisis y la demanda se amplíe, se generalice y coincida con muchas de las situaciones que quiero señalar.

No ha importado si la favorable situación del comercio internacional ha sido una especie de suerte para el gobierno. Si la oposición se ha fragmentado y no ha sabido elaborar su planteo electoral y así otras cosas más son las que se han dejado de lado en homenaje a una evolución del costo de vida razonable aunque se hayan adulterado los datos, un sostén permanente del valor del dólar para favorecer exportaciones y otras cuestiones más que son las más sintomáticas de las crisis ya vividas.

Entonces es evidente que se han cerrado los ojos en favor de estas prioridades mínimas y se han postergado las exigencias para la solución de otras cuestiones.

No significa esto que quiera adscribir la voluntad de los argentinos a un simplismo expresado en la famosa frase de Clinton “es la economía, estúpido”.

Sin embargo y con todo el respeto, como dije, a lo que es la expresión electoral quisiera señalar algunos aspectos que quedan pendientes, otros que hay que abordar y, fundamentalmente, señalar los errores que el gobierno que cambia sin cambiar ha cometido y que dejan lamentables consecuencias. Además con la fortuna de que a diferencia de todas las situaciones anteriores el gobierno que viene no hablará de la terrible herencia recibida.


Ante ello me permito hacer una enumeración lo más general posible según las áreas de competencia.

- Se ha tolerado sin abordar con esmero y seriedad el problema de la mayor inseguridad de todos los tiempos donde el valor vida está depreciado y expuesto a cualquier riesgo.

- Se han batido todos los records en materia de accidentes de tránsito sin que se hayan ni siquiera imaginado medidas de atenuación.

- Se ha incumplido con la promesa de concretar una reforma política, manteniendo los mismos vicios de siempre y a los cuales el gobierno se ha encargado de vigorizar para ponerlos a su servicio electoral y propagandístico.

- Como nunca en la historia del país se ha afectado la libertad de tránsito o de circulación mediante la falta de medidas contra los cortes de calles, rutas y puentes como nuevo modo de protesta.

- La política exterior se ha caracterizado por el aislamiento a través de actitudes prepotentes que sólo han servido para ahuyentar las inversiones y aumentar la desconfianza internacional.

- La integración internacional se ha ideologizado y ridiculizado con alianzas menores que sólo cuentan a Chávez, Castro, Evo Morales y alguno de los que participan en las migajas de este festival de petrodólares que se adorna a través de consignas bolivarianas.

- Se carece de estrategias para la inserción en el mundo globalizado con sus complejidades y su competitividad y sólo se mira en el corto plazo del día a día.

- Se ha transmitido al mundo una imagen de irrespetuosidad egolátrica con confusos mensajes en los que las ideologizaciones se adoptan por conveniencia y las desgracias nacionales de otrora se las explota al solo fin publicitario.

- Se mantienen conflictos en un estado de bamboleo permanente como el de las papeleras con Uruguay, sólo para trasladarlo en el tiempo y agotar la voluntad de los que en Gualeguaychú y otras ciudades llevan adelante valiosas consignas.

- La actuación en los organismos internacionales ha sido con actitudes despectivas,. Siempre para plantear disidencias sobre cuestiones que están fuera de los grandes intereses regionales o planetarios. Así el Mercosur ha merecido un destrato a contrapelo de las tendencias que promueven las asociaciones regionales como una manera eficaz de reforzar las actividades nacionales. Se ha preferido el conflicto antes que la armonía.

- Se carece de una política laboral que asegure la libertad sindical y nada se ha hecho al respecto como no sea entretener a las asociaciones minoritarias con promesas, a pesar de los pronunciamientos de la misma OIT al respecto.

- El gremialismo, como en otras y tantas veces, se ha dejado domesticar mediante los aportes extraordinarios a las obras sociales, verdadera caja de recursos para satisfacer ansiedades personales. Hasta los subsidios destinados a la capacitación en el gremio de camioneros del cual sólo han hecho pantomimas sin rendición de cuentas es una forma eficaz de lograr adhesiones. También podrían serlo las impunidades por el manejo desprolijo y malverso de créditos de organismos internacionales destinados al desarrollo de las actividades gremiales.

- Las políticas de salud se han caracterizado por las espectacularidades sin llegar a solucionar los graves problemas de los hospitales públicos que es el lugar al que concurre la gente más necesitada. Todo el manos de un Ministro más gustoso de los catering y los brindis que encontró más `publicidad en el reparto de preservativos que en dotar de medicamentos a los hospitales.

- En materia educativa se han hecho buenos intentos que no han pasado de allí. Se ha invertido mucho tiempo en revisar leyes innecesariamente y sólo por una cuestión política de las cuales la educación debería estar ajena. No se ha cumplido cabalmente con las intenciones de llegar a la modesta pretensión 180 días de clase y, lo que es peor, en las provincias donde la merma ha sido significativa se siguen eludiendo los mecanismos de compensación para no lesionar el maridazgo con los agradecidos gremios del sector. El crecimiento financiero tan publicitado no se ha visto traducido en logros y se advierte que sólo servirá para consolidar las inequidades del sistema y sus despilfarros.

- Una de las áreas con mayores falencias es la cultural. No se puede criticar nada porque nada se ha hecho. Pero no es casual. Este gobierno ha hecho gala de la chabacanería, del desparpajo, de los malos modales y de otras facetas contraculturales y ha influenciado con ello a todo el cuerpo social. El destrato entre los argentinos y la bajeza lingüística y visual en los medios de comunicación no es más que un reflejo de las actitudes oficiales que se certifica con la mirada para otro lado de los organismos de control. Lo del área de cultura es alarmante, con teatros cerrados por mucho tiempo. Sin actividades de ningún orden, ni siquiera irrelevantes. En momentos en que estamos asistiendo a una fenomenal multiculturalidad dentro de las cual hay que mantener los rasgos idiosincráticos parecería que los responsables de sector ni se han enterado.

- La justicia espera una reforma que garantice su independencia. Si bien la nueva integración de la Corte Suprema puede brindar algunas garantías nada se ha hecho con la justicia federal siempre dispuesta a su complacencia con el poder de turno. Ya sea con oportunismos de alto rendimiento publicitario, con postergaciones hasta agotar la memoria o con encajonamiento de causas en espera de oportunidades políticas fructíferas. No sólo nada se ha hecho a favor de la independencia del poder judicial sino que se ha agravado el marco de relación a través de la reforma en el Consejo de la Magistratura. Este organismo en su actual composición será el encargado de alcanzar la docilidad de los jueces ya que se encuentra al servicio de los intereses del poder político. Tampoco da para crear esperanzas ya que la futura Presidenta ha sido la promotora y defensora de dicha reforma.

- La acción social se ha orientado a consolidar la estructura clientelista. Una estructuración cada vez más perfeccionada hace que a través de punteros políticos, gobernantes adictos por condición y otras figuras singulares disfrazadas de agentes sociales cada vez más ven en un pobre o en un necesitado una mercancía electoral de fácil utilización para sus fines. La pobreza se mantiene intacta porque es buen negocio político y por ello no hay políticas amplias y eficaces como para remover las verdaderas causas y se apela al subsidio que calma, no cura y quita dignidad.

- La economía seguirá próspera mientras los comodities tengan buena demanda internacional, pero mal nos irá en algún momento si no recordamos la lección de cuando éramos el “granero del mundo” y nos jactábamos de ello hasta que los términos del intercambio se alteraron y nos quedamos sin buenos precios para nuestros productos y con otros muy altos para nuestras importaciones. Más allá de las inentendibles agresiones oficiales a los productores y a algunos empresarios el país necesita una política a largo plazo que, posibilitada por las buenas condiciones coyunturales, brinde las condiciones para un desarrollo armónico y sustentable en situación de competir en todos los mercados del mundo. No se logrará esto con lo que se va suponiendo como la creación de una burguesía de amigos donde la riqueza se concentre en manos de amigos, testaferros y adictos que lo que conforman es un coro de corruptos al servicio del poder y su tenencia por mucho tiempo.


- Las fuerzas armadas están desmanteladas, en alto grado de obsolescencia material, sin objetivos, desmotivadas, sin relevancia pero esencialmente humilladas. Cierra así un plan bien pensado y ejecutado por las manos de quien alguna vez participó en la lucha contra ellas y que ahora con el título de Ministra de Defensa viene cobrar viejas cuentas. Nada se ha hecho para que estas nuevas generaciones de soldados sean el brazo armado en democracia después de haber aprendido las terribles lecciones por los tremendos errores de sus antecesores. Se las sigue denigrando y tal vez menoscabando con una política de derechos humanos parcial en la cual se justifican muertes y asesinatos de una de las partes como excusa por lo injustificable que hubo desde el lado estatal. Una muerte siempre será una muerte y una lesión a la condición humana aún en nombre de la más sagrada de las ideas. Pero hay varios componentes del este gobierno que con estas políticas se lavan las manos en las que todavía les quedan algunos coágulos de sangre, también humana.

Esta no es una enumeración taxativa ni pretende serlo. No se agota en lo dicho y podría ser mucho más amplia si se entra en los detalles de cada área.

Pero también existen consideraciones de síntesis y son las que surgen de aquellos aspectos que rodean a todos los demás. Informándolos, tiñéndolos o influyendo en ellos como característica general o estilo de gobierno.

La falta de invocaciones o de acciones tendientes a la unidad nacional como uno de los propósitos esenciales de la constitución nacional se ha visto enfrentado con las continuas agresiones presidenciales y con las permanentes descalificaciones a través del “nosotros y ellos” que ha sido un insumo permanente de los discursos.

La carencia de una política estratégica para mejor insertarnos y convivir con un mundo multicultural, polifacético, simultáneo, complejo e interdependiente se ha ocultado bajo actitudes de una soberbia que sólo se puede comprender condicionada por un sentimiento de inferioridad que lleva al aislamiento, a la agresión y a la mirada suicida del cortoplacismo. Recientes datos internacionales hablan del descenso argentino en materia de competitividad.

Más allá de todo ello la vida sana de la república será difícil mantenerla con métodos y actitudes que atentan contra ella mediante metodologías que erosionan la democracia y también contra las libertades. Entre ellas la de prensa, presionada, cuestionada y acorralada hasta la rendición y mejor si es en términos financieros.

Se manifiesta este agravio al sistema republicano de gobierno con la anulación del parlamento al gobernar el Poder Ejecutivo mediante los objetables decretos basados en inexistentes razones de necesidad y urgencia. Se completa esta anulación con el suicidio del propio parlamento al votar las facultades extraordinarias que permiten el manejo discrecional de los contenidos en una ley principal como lo es el presupuesto de la nación. El parlamento no existe y cuando da síntomas de vida es para suscribir los caprichos del poder político. La mayoría obtenida en las últimas elecciones supone un agravamiento de estas condiciones de descrédito ante las cabezas gachas y obedientes de los parlamentarios oficialistas.


El fenómeno de la corrupción

Todo esto tiene un común denominador que se ha criticado, que no se ha hecho nada por corregirlo y que bajo estos anunciados propósitos sólo se ha contribuido a perfeccionarlo y agravarlo: el fenómeno de la corrupción. Que ha sido útil a los fines oficiales en tanto se ha establecido un nuevo modo para la acción política, la que ya no es más en base a ideas sino a intereses. Así lo reflejan los indicadores internacionales que miden la corrupción mientras el gobierno pone cara de distraído.

De allí que no importen el pensamiento, las bases doctrinarias, las capacidades. Sólo interesa el cuánto vale, el cuánto me da o el cuánto quiere.

No sirven los propósitos o las vocaciones sino las voluntades doblegadas por el precio.
Los símbolos del poder ya no serán, no lo son ya, la banda y el bastón sino “la caja” como elemento fuerte para la disciplina. Los diseñadores podrán ir pensando en el nuevo símbolo, como crearlo y de tal forma que el Presidente que asuma no pueda jugar con él como lo hizo el actual con su bastón sin darnos por advertidos que nos estaba marcando ese estilo de desprecio por todo lo que haga a la patria, sus símbolos, sus tradiciones, sus héroes, sus epopeyas y ese derrotero que ha significado ir construyendo la nación, con errores y aciertos.

Por último: se debería dejar de lado esa pomposa expresión que manifiesta el propósito de “una mejor distribución de la riqueza”. Mejor acordarse de los pobres genuinamente brindándoles trabajo auténtico, salud, educación, bienestar y trato digno. Ésta será la base de una real transformación.

Insisto en lo ya dicho: alerta con las sonrisas, los diálogos, los reportajes y los anuncios del hoy que es parte del juego de las dos carátulas teatrales. La obra es la misma y con los mismos actores.

Luis Antonio Barry
Buenos Aires, noviembre de 2007.-


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jueves, octubre 04, 2007

Manipulación y delito

LA MANIPULACIÓN DE LA POBREZA Y EL CLIENTELISMO COMO DELITOS DE DIGNICIDIO

Con una absoluta simplificación de las teorías se puede decir que el derecho penal siempre va algunos pasos atrás de la realidad. Es así porque ésta es la que va mostrando comportamientos que por su repetición, por su gravedad o por su incidencia social merecen ser tipificados como delitos.

También puede ser el caso, supongo, cuando esos comportamientos por su evolución en gravedad van afectando otros valores sociales hasta deformarlos o alterarlos en sus esencias.


Tal vez sea esta última característica el encuadre más ajustado para fundamentar el propósito de llevar a la categoría de delito este fenómeno de actividad político-social que se ha dado en llamar “clientelismo” a través del “punterismo” y que en definitiva no es otra cosa que el perverso y miserable accionar que mediante dádivas o promesas manipula a los pobres y a los necesitados. En la mayor parte de los casos promovido y hasta organizado desde y por ocupantes del poder.

El encuadre surge de los efectos negativos que tales actividades tienen para con la democracia, el sistema republicano, la libertad de pensamiento y de expresión, la cultura ciudadana en general y, especialmente, la dignidad de las personas.

Estos efectos se acumulan, se entrelazan, se multiplican y crecen hasta producir una insoportable degradación del régimen político y del cual viven y en el que se sustentan algunas líneas políticas y una gran cantidad de especuladores y usufructuarios.

Desde hace bastante tiempo nuestro país viene padeciendo esta forma de acción política que se ha ampliado, perfeccionado, sistematizado y estructurado hasta adquirir rasgos de institucionalización. Más aún cuando han crecido las necesidades a atender y la proliferación de planes sociales han sido insumos eficaces para ampliar el funcionamiento de esas maquinarias diabólicas montadas para la burla de los necesitados y su aprovechamiento para distintos fines de promoción política.

La impunidad ha sido un marco propicio para ese desarrollo del sistema y la imaginación de los actores nos ha brindado ejemplos cada vez más novedosos como vituperables.

Además ha facilitado el montaje de organizaciones de diverso orden que a veces bajo conmovedores nombres emblemáticos han sido el cobijo para esos repugnantes manejos.
Estas crecidas realidades vienen de antiguas semillas. Santo Tomás ya decía que “quien maneja las necesidades maneja la libertad”.

Hay un sentimiento creciente de reprobación a este estado de cosas que viene envileciendo la actividad política nacional, con la suma de algunos estados provinciales prácticamente cautivos de mecanismos con rasgos de feudalismo electoral y el aporte de aquellos intendentes que a través de los planes sociales y en nombre de lo popular practican reducciones a servidumbre.
Ante ese sentimiento algo hay que hacer. Por mi parte la propuesta de llevar estas actitudes a la categoría de delitos es un modesto aporte que si tuviera razonabilidad necesitaría de apoyos y adhesiones para que se convierta en una realidad legal.

El imperfecto texto que propongo para ser incorporado al Código Penal merecerá la corrección por parte de los especialistas en la materia. Trata de cubrir la mayor parte de las figuras espectrales de este tenebroso caleidoscopio en el que se ha convertido la que debería ser la noble figura de la asistencia social, lamentablemente devenida en asistencialismo que es su versión pervertida.

Será por ello que ya el mismo diccionario ha definido al “asistencialismo” como de uso en México y Argentina y le atribuye un sentido crítico al decir que es una “actitud orientada a resolver problemas sociales a partir de la asistencia externa en lugar de generar soluciones estructurales”. En nuestro país se ha ido muchos más lejos y a quienes aquí nos referimos no les interesa ni convienen las soluciones de fondo.

Por ello este delito que merece tipificarse como de “dignicidio” podría quedar configurado más o menos así:

“Artículo…Será reprimido con pena de………el que mediante la entrega o promesa de sumas de dinero o de alimentos o bienes de cualquier orden, la concesión o promesa de beneficios sociales, la facilitación o promesa de empleos o trabajos, la promesa o la gestión de beneficios indebidos de cualquier índole o aprovechándose del estado de necesidad o pobreza condicionare la voluntad de otros o les obligare a mantener o a exteriorizar determinadas adhesiones políticas o a la concurrencia a actos, celebraciones o manifestaciones en favor de alguna línea política, de algún hecho de esa naturaleza, de candidatos o de aspirantes a serlo.
Si lo descrito en el párrafo anterior fuera perpetrado por un funcionario o empleado público o por quien mantuviera vínculo laboral o contractual con la administración nacional, provincial o municipal o con empresas u organismos públicos de cualquier naturaleza las penas se duplicarán.
Además tendrán como accesoria la inhabilitación perpetua para ocupar cargos en cualquiera de esas administraciones.
Esta última pena y su accesoria serán también aplicables cuando se tratare de funcionarios públicos que teniendo en forma directa o indirecta la administración de beneficios sociales utilizaran intermediarios cuya conducta encuadrara en las descritas en el primer párrafo del presente artículo.”


Para comprender el sentido central de esta propuesta seguramente ayudan algunas reflexiones que invito a hacer:
  • Puede haber perversidad mayor que aprovecharse burlonamente de la mano tendida en estado de necesidad?.
  • Puede haber actitud tan miserable como la de presionar a la pobreza para ser aclamado o vileza tan enorme como la de promoverse políticamente pisando sobre la cabeza gacha de los pobres?.

Si coincidimos creo que se nos impone el deber de hacer algo para cambiar.

Luis Antonio Barry
luisantoniobarry@fibertel.com.ar


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domingo, septiembre 09, 2007

DIGNICIDIO

Próximamente se cumplirán 24 años desde que la democracia retornó a nuestro país. Es de lamentar que con ella volvieran también viejos vicios, anidados con preponderancia en ciertas líneas políticas. Pero más lamentable es decir que han regresado para ampliarse, perfeccionarse y hasta sistematizarse.

El estilo político consistente en comprar voluntades mediante dádivas, privilegios, empleos o bienes tiene su principal fuente de alimentación en los pobres y en los necesitados. Esto es lo que se llama manipulación, una perversa costumbre de aprovecharse de quienes por distintas razones se ven privados de los bienes más elementales y que, por las mismas causas, carecen de educación y del conocimiento sobre los modos de poder superar ese círculo vicioso que los lleva a estar cada vez más abajo.

Pero de esa pobre gente viven y se desarrollan estos personeros de la política que hasta han llegado a construir una red de adhesiones que necesariamente es convocada por cierta gama política para conseguir éxitos electorales.

Esta red de voluntades condicionadas está siempre dispuesta para acudir a aplaudir a quienes ni siquiera conocen, por cosas que ni imaginan y para votar según les sea impuesto.

El “clientelismo” político con su correlato operativo en el “punterismo” viene trasladándose progresivamente a través de los tiempos de la política argentina. Desde que se comenzó con el asistencialismo, que no es la asistencia social, la política de dar para someter se ha ido mejorando en sus diabólicas formas.

Lo fue con los repartos sin reparos y luego se fue institucionalizando a través de los llamados “planes”, manejados y distribuidos discrecionalmente por los encargados de alimentar esa red ya referida.

El país vive momentos electorales y es tal vez cuando más se ponen al desnudo estas canalladas.
Una infinita cantidad de ejemplos se podrían dar como para provocar náuseas entre quienes creen en los derechos humanos con sentido integral. He visto personalmente poner en movimiento algunas marchas en adhesión a las cosas más diversas en momentos en que el que las dirigía y mientras repartía bebidas alcohólicas disfrazadas en envases de otra cosa advertía sobre la obligación de gritar y aplaudir cuando él levantara una caña con un banderín bajo amenazas de no dar la comida prometida o de quitar los planes que están cobrando. Recuerden cuando se entregaba media dentadura postiza bajo promesa de entregar la otra mitad si se ganaban las elecciones.

Entre estos ejemplos caben otros miles tan terribles unos como otros. Y lo peor es que se manifiestan entre los que se dicen al servicio de las causas populares.

Recuerdo cuando hace muchos años un dirigente del Partido Comunista me impresionaba con su afirmación al decir que a la oligarquía y a las clases dominantes no les interesa ni les conviene la educación del pueblo porque así lo mantienen en el oscurantismo y la ignorancia. Supuse y supongo que tal vez tuviera algo de razón.

Pero en esa suma de lecciones que da el transcurrir de la vida aprendí que en mi país, contrariamente, quienes más eficazmente han sometido al pueblo son “los populistas” quienes enfermos de corrupción trafican con el hambre y la honra de los menesterosos.

Digo estas cosas como ese grito de desahogo frente a una realidad política y a tiempos electorales donde más se manifiesta esta podredumbre que nos duele y amarga.

Se que somos muchos con iguales sentimientos pero para bien de quienes dominan el escenario político son más los necesitados a explotar y los dispuestos a corromperse perdonados de antemano a través de una política publicitaria demagógica y vacía que aturde a quienes se atrevan a pensar mientras se trata de configurar algo así como el famoso “síndrome de Estocolmo” por el cual el sometido termina enamorándose de quien lo somete.

Esta burla hacia el pobre mediante el condicionamiento de su voluntad que no es otra cosa que un pisoteo de su conciencia hasta privarlo de su dignidad podría configurar un delito social nuevo como el de “dignicidio”. Desde ya que al momento de aplicarlo habrá jueces integrantes de la “maraña” dispuestos a practicar interpretaciones benignas, complicar las causas o juezas bien dispuestas a postergar actos procesales hasta después de alguna elección o hasta el olvido.

Por ahora sólo pretendo que el “dignicidio” se consagre como voz del idioma con el triste sello de la industria nacional, y popular.

La Real Academia Española tiene un lema para con la lengua y es el de que “limpia, fija y da esplendor”. Tal vez alguna vez acoja este término y lo acepte con mención de su origen, como lo suele hacer. Lo fijará pero, usando las mismas palabras del lema, tal vez sirva para limpiar esta ignominiosa situación que vivimos pero mientras tanto no será ningún esplendor para los argentinos.

Llegará el momento, siempre guardo una pequeña esperanza, en el que los pobres dejarán de ser una mercancía política y electoral a través de esta reducción a estado de servidumbre a la que los someten algunos gobernantes de todos los niveles, y puedan recobrar su legítima dignidad como paso principal hacia un bienestar de todo orden.

Que paradoja, escribo esto justo en el día en el que se cumplen diez años de la muerte de la Madre Teresa de Calcuta que vivió y murió al servicio de los pobres, pero con otras y mejores intenciones.

Luis Antonio Barry
Buenos Aires, 5 de septiembre de 2007.-

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jueves, mayo 31, 2007

TELEVISIÓN ARGENTINA

No alcanzo a ver el fondo, no me imagino cual es el límite, tampoco puedo suponer hasta donde se quiere llegar con esta carrera irrefrenable hacia lo peor. Estos son los interrogantes que me plantea la televisión argentina.

Nunca pensé que se podía caer tan bajo y , menos aún, que los argentinos fuéramos destinatarios de tanto menoscabo moral y desprecio cultural a través de la oferta de este medio.

En una picada alarmante día a día se baja un escalón hacia lo más oscuro del espíritu, hacia la mayor degradación y hacia lo más grosero. El vocabulario de mal gusto, deformado, soez, ofensivo y ordinario es un hábito a toda hora; incapaz de restringirse por respeto a quienes desean y merecen ser respetados y que son víctimas de cloacales expresiones que les caen encima con sólo encender un aparato.

Las escenas que se muestran son de una pavorosa degradación de la feminidad, de un terrible mal gusto y de una grosería propia de pueblos bárbaros.

Pero conviene puntualizar algunas cosas al respecto.

a) La televisión es un servicio dado por el estado en concesión y bajo normas a cumplir por lo que para ello existe un organismo de control que se llama COMFER. Recordemos esto último porque ya pareciera que no existe más. Si todavía está pero para conceder frecuencias a quienes sean gratos al poder, para ignorar o compartir esta degradación como parte de una revolución cultural que es parte de la otra revolución más grande llena de rencores, venganzas y autojustificaciones, que nadie entiende pero que tiene un profundo olor a podrido.
También está para aplicar multas que luego no cobra y que negocia por espacios publicitarios a favor del gobierno.

b) Alguien podrá decir que los concesionarios y productores de televisión tienen un negocio en sus manos y no deben preocuparse por la cultura. No es así, en primer lugar porque usufructúan un medio público de fines culturales, en segundo lugar porque son dirigentes y como tales tienen responsabilidades públicas que hacen al desarrollo de la sociedad y por último porque carecen de derechos para lesionar la moral pública y para atentar contra los valores de la sociedad.

c) Debemos reconocer que si no hay acciones correctivas por parte del estado, o del gobierno que lo administra, es porque comparten esta tendencia hacia el mal gusto o la degradación es parte del plan más vasto que hace a la manipulación de la pobreza y la ignorancia. Ello se comprueba fácilmente ya que como en todos los casos el ejemplo debe venir desde lo más alto y no ocurre. Debe serle difícil al mejor inspector del COMFER pretender encuadrar las situaciones cuando el propio Presidente en el momento de leer su mensaje anual ante la Asamblea Legislativa, tal vez uno de los actos políticos más solemnes en la agenda constitucional, al referirse a un organismo internacional de crédito le dice: “de acá…” como un gesto de corte de manga que no lo hace por popular sino por grosería y falta de elocuencia ajustada a la circunstancia. Además lo popular, si fuera el caso, no está reñido con el buen gusto y así lo prueban innumerables expresiones de todo tipo. Leyeron bien y lo recuerdan, estamos hablando del Primer Magistrado del país. De allí para abajo ¡métanle muchachos que hay libertad absoluta, la línea ya está marcada!.

d) A toda hora los programas utilizan un vocabulario vergonzante y para quienes tenemos otros gustos y conservamos reglas de convivencia resulta imposible ver un programa en familia. Desde la mañana a la noche todos los comentarios tienen alusiones de tipo sexual, pero no para exaltar lo bueno, maravilloso y sublime que es el bien de la sexualidad sino para degradarlo, para convertirlo en un hecho grotesco y expresión sólo de bajos instintos como también sólo recurso exclusivo de la pornografía. Programas con niños, de pretendido humor, al límite de la corrupción de menores por comentarios y por la incitación a gestos y actos propios de otra edad.

e) Por allí he leído que alguna tendencia de psicología admite que algunos hablan mucho precisamente de lo que son sus propias dificultades. Me cuesta creer, pero puede ser, que haya tantos disfuncionales en sexo que ocultan sus falencias con atropellos dialécticos, con humoradas o con la recurrencia a estilos que sólo caben en mentes necesarias de un tratamiento serio por impotencias u otros malestares. Lo cierto es que se advierte la presencia de muchos sexópatas.

Durante los últimos casi quince años debí viajar mucho por distintos países a los que me llevaban mis obligaciones profesionales. Muchas horas de hotel me hicieron recurrir a la amistad de un libro o a la compañía de la televisión, por lo que, para este último caso, pude hacer algunas comparaciones.

Sin pretender ser un especialista, sólo un espectador, puedo asegurar con absoluta convicción que la televisión argentina es de las mejores en cuanto a técnicas, creatividad e imaginación. Realmente encontré siempre grandes diferencias con otras televisiones, aún con las de más renombre y magnitud, en cuanto a calidad de producción, pero especialmente - e insisto - en cuanto a creatividad y a las genialidades en materia publicitaria.

Con la misma convicción afirmo que también la televisión argentina es la más grosera, la más degradada, la más transgresora – e innecesariamente – del idioma y de su buen uso, la más chabacana. Contrariamente a ello pude ver en otras televisiones todavía un vocabulario respetuoso, agradable y no necesariamente programas pensados y diseñados en una carrera constante para ver quien cae más bajo, como ocurre con nuestra televisión nacional.
Otras televisiones también tienen sus programas parecidos pero a sus horas y bien marcados y advertidos como tales y no todo el día y a toda hora como nos ocurre en la Argentina.

Soy un fervoroso creyente de que las cosas no se las puede analizar aisladas de su derredor y de sus circunstancias, hago malabares dialécticos para no decir el consabido “contexto”, y en tal sentido creo que la televisión argentina no es más que una parte visible, tal vez la más visible (fíjense que tampoco digo iceberg), la más penetrante de la degradación moral que viene sufriendo nuestro país en forma creciente y sin pausa.

A fuerza de malos ejemplos y de corrupción la televisión no es más que parte de ese todo.
Tal vez este sea un grito de corto alcance y escasa repercusión pero me sirve para descargarme y para dar testimonio de un tiempo que deseamos se pueda superar. Aunque me desespera la indiferencia de muchos y el silencio de tantos porque también significa complacencia. Habría que buscar el modo de trascender, pero no da el rating.

La historia registra innumerables casos en los que la degradación tuvo una influencia y una expansión mucho más rápida que la virtud aunque finalmente ésta permanezca, pero también siempre se hizo algo para que sucediera.

Luis Antonio Barry
Buenos Aires, mayo de 2007

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