martes, mayo 27, 2008

OXÏMORON

Cotidianamente recibo el servicio español de “La palabra del día” que consiste en información sobre la etimología de alguna palabra.

Se trata de una muy buena ayuda y a veces me sorprende por la coincidencia temporal de algunas palabras que se publican con acontecimientos de la vida real. Pareciera que fuera algo intencional, cosa que no creo ya que esto se produce en España y la asociación que hago es con hechos de la Argentina. Ahora me ha llamado la atención esta última versión que para mayor y mejor ilustración transcribo tal como la recibo:

LA PALABRA DEL DÍA

oxímoron

La palabra oxímoron es ella misma, etimológicamente, un oxímoron, es decir, una figura de lenguaje consistente en el empleo, en una misma expresión, de palabras de significado antagónico, tales como ‘silencio estruendoso’, ‘cálido frío’ o 'agudamente tonto'. Oxímoro está formada por las palabras griegas oxys 'agudo', 'aguzado' y morós 'estúpido'.

_________________________


Con algún grado de flexibilidad o de adaptación interpretativa también se la podría aplicar a la realidad que se vive en nuestro país por la contradicción entre el discurso oficial y los hechos que produce, como a veces dentro del discurso mismo.

Algunos han hablado de mensajes esquizofrénicos pero esta aplicación que intento parece más novedosa y hasta más sutil.

Efectivamente, si recurrimos a algunos ejemplos se pone a prueba lo dicho.

Se habla de un país que desarrolla su capacidad productiva y se ataca a la principal y más tradicional fuente de producción.

Se preconiza la redistribución de la riqueza y lo que se hace en concentrarla como nunca ha ocurrido. Y en manos de unos pocos, preferentemente amigos.

Se habla de la necesidad de diálogo y lo que se presencia diariamente es un soliloquio lleno de descalificaciones, agravios e insultos.

Se dice que se quiere promover la solidaridad pero difícilmente se logre a través de expresiones de una vehemencia vecina a la gritería.

Se bate el parche de los derechos humanos y hasta parece que se escudaran en ellos para sortear cualquier otra cuestión. Mientras tanto se mantienen sometidos a los pobres, indigentes, desposeídos, carecientes o como se los quiera llamar a través de la manipulación que ejercen los punteros, caudillejos y otras repugnantes especies que sustentan el clientelismo y arrebatan la dignidad que es el más preciado de aquellos derechos.

Permanentemente se habla de democracia y de representación mientras se anula el sistema republicano de gobierno mediante el avasallamiento del congreso y el condicionamiento de la justicia.

Se postula la libertad y se exhibe la máxima intolerancia para los que disientan y se ataca a la prensa con métodos extorsivos y hostigamientos permanentes.

Se habla de la floreciente economía mientras se miente desvergonzadamente a través de los indicadores de todo tipo.

Se insinúan consensos mientras se defiende la verdad única con pertinacia y tozudez.

Creo que ya son suficientes ejemplos como para demostrar lo que quería. Además todo esto se enmarca en una escalada de agresiones y de mensajes divisionistas que pretenden clasificar a los argentinos según indicadores oficiales.

Si por mi parte quisiera ejemplificar en expresiones que encuadraran en el sentido de la palabra del título e inspirado en lo que muestra la realidad podría hablar de “honrosa corrupción” o de “humilde soberbia”. El menos avisado de los argentinos sabrá a que me estoy refiriendo.

La etimología también sirve para poder expresar esta “bicefalia” gobernante que se disculpa siempre en la excusa gastada de la condición de mujer pero que en definitiva es la contradicción de “mujer hombre” solidarios en la responsabilidad y en las culpas.

Lo que el gobierno no puede modificar es la realidad a pesar de que trate de huir de ella mediante la manipulación y el engaño como tampoco lo logrará rompiendo el espejo que la muestra en toda su crudeza.

Hay entonces una versión adaptable de “oxímoron” que sigue sepultando sueños y malgastando posibilidades extraordinarias. Todo por una ambición de poder alimentada por esa nueva manera de convencer que se llama CAJA y que me animaría a descifrar para inscribirla como corriente política : “Corruptos Asociados Joden Argentina”, perdón por la licencia poética.

Luis Antonio Barry
Mayo de 2008

miércoles, noviembre 07, 2007

ELECCIONES ARGENTINAS Y OTROS DATOS

Los amantes de la democracia formal muchas veces creen que votando se solucionan todos o muchos problemas. Eso no es cierto pero si lo es que generalmente se abre una puerta hacia la esperanza.

En el caso de la Argentina tampoco se puede suponer esto último porque sólo es un cambio de figura con los mismos contenidos e iguales esencias. Como que es la otra parte de un co-gobierno que viene a sustituir a la primera.

Por ello es que las cuestiones pendientes tienen el riesgo de no resolverse o de agravarse en las mismas manos.

Cuidado con las apariencias y el juego teatral de las dos carátulas porque el libreto es el mismo.

Se advierte que no me conforma el resultado electoral pero jamás caería en el error de cuestionar la voluntad popular. Aunque conozca las dificultades que tiene para expresarse libremente en muchos casos cuando se ve viciada por presiones, manipulaciones, coerciones, corrupción, maniobras, compras y otros condicionamientos que ya son tradicionales en nuestro electoralismo vernáculo a través del dominio populista, principalmente.

Lo que caben son interpretaciones de esos resultados y en tal caso entiendo y comprendo las razones generales que han animado a esa expresión mayoritaria.

Elecciones argentinas: interpretación de resultados

El pueblo argentino viene padeciendo crisis cíclicas que lo han golpeado fuertemente. Por sólo enumerar algunas podemos hablar del “rodrigazo”; de los efectos de la plata dulce; de los vaivenes del dólar; de la hiperinflación; del plan austral; de los bonex; de la convertibilidad; del blindaje; del corralito; del corralón y de muchos otros episodios que han agrietado la confianza, alterado las posibilidades de previsión y pulverizado los ahorros de muchos.

Es razonable entonces que en tanto algunas de las variables típicas de las crisis se mantengan con alguna estabilidad es que se prefiera la situación existente, dejando para otro momento las demás preocupaciones que pretendo señalar como pendientes de ser corregidas o abordadas.

También puede ocurrir, como en otros casos, que al alterarse alguna de aquellas variables todo entre en crisis y la demanda se amplíe, se generalice y coincida con muchas de las situaciones que quiero señalar.

No ha importado si la favorable situación del comercio internacional ha sido una especie de suerte para el gobierno. Si la oposición se ha fragmentado y no ha sabido elaborar su planteo electoral y así otras cosas más son las que se han dejado de lado en homenaje a una evolución del costo de vida razonable aunque se hayan adulterado los datos, un sostén permanente del valor del dólar para favorecer exportaciones y otras cuestiones más que son las más sintomáticas de las crisis ya vividas.

Entonces es evidente que se han cerrado los ojos en favor de estas prioridades mínimas y se han postergado las exigencias para la solución de otras cuestiones.

No significa esto que quiera adscribir la voluntad de los argentinos a un simplismo expresado en la famosa frase de Clinton “es la economía, estúpido”.

Sin embargo y con todo el respeto, como dije, a lo que es la expresión electoral quisiera señalar algunos aspectos que quedan pendientes, otros que hay que abordar y, fundamentalmente, señalar los errores que el gobierno que cambia sin cambiar ha cometido y que dejan lamentables consecuencias. Además con la fortuna de que a diferencia de todas las situaciones anteriores el gobierno que viene no hablará de la terrible herencia recibida.


Ante ello me permito hacer una enumeración lo más general posible según las áreas de competencia.

- Se ha tolerado sin abordar con esmero y seriedad el problema de la mayor inseguridad de todos los tiempos donde el valor vida está depreciado y expuesto a cualquier riesgo.

- Se han batido todos los records en materia de accidentes de tránsito sin que se hayan ni siquiera imaginado medidas de atenuación.

- Se ha incumplido con la promesa de concretar una reforma política, manteniendo los mismos vicios de siempre y a los cuales el gobierno se ha encargado de vigorizar para ponerlos a su servicio electoral y propagandístico.

- Como nunca en la historia del país se ha afectado la libertad de tránsito o de circulación mediante la falta de medidas contra los cortes de calles, rutas y puentes como nuevo modo de protesta.

- La política exterior se ha caracterizado por el aislamiento a través de actitudes prepotentes que sólo han servido para ahuyentar las inversiones y aumentar la desconfianza internacional.

- La integración internacional se ha ideologizado y ridiculizado con alianzas menores que sólo cuentan a Chávez, Castro, Evo Morales y alguno de los que participan en las migajas de este festival de petrodólares que se adorna a través de consignas bolivarianas.

- Se carece de estrategias para la inserción en el mundo globalizado con sus complejidades y su competitividad y sólo se mira en el corto plazo del día a día.

- Se ha transmitido al mundo una imagen de irrespetuosidad egolátrica con confusos mensajes en los que las ideologizaciones se adoptan por conveniencia y las desgracias nacionales de otrora se las explota al solo fin publicitario.

- Se mantienen conflictos en un estado de bamboleo permanente como el de las papeleras con Uruguay, sólo para trasladarlo en el tiempo y agotar la voluntad de los que en Gualeguaychú y otras ciudades llevan adelante valiosas consignas.

- La actuación en los organismos internacionales ha sido con actitudes despectivas,. Siempre para plantear disidencias sobre cuestiones que están fuera de los grandes intereses regionales o planetarios. Así el Mercosur ha merecido un destrato a contrapelo de las tendencias que promueven las asociaciones regionales como una manera eficaz de reforzar las actividades nacionales. Se ha preferido el conflicto antes que la armonía.

- Se carece de una política laboral que asegure la libertad sindical y nada se ha hecho al respecto como no sea entretener a las asociaciones minoritarias con promesas, a pesar de los pronunciamientos de la misma OIT al respecto.

- El gremialismo, como en otras y tantas veces, se ha dejado domesticar mediante los aportes extraordinarios a las obras sociales, verdadera caja de recursos para satisfacer ansiedades personales. Hasta los subsidios destinados a la capacitación en el gremio de camioneros del cual sólo han hecho pantomimas sin rendición de cuentas es una forma eficaz de lograr adhesiones. También podrían serlo las impunidades por el manejo desprolijo y malverso de créditos de organismos internacionales destinados al desarrollo de las actividades gremiales.

- Las políticas de salud se han caracterizado por las espectacularidades sin llegar a solucionar los graves problemas de los hospitales públicos que es el lugar al que concurre la gente más necesitada. Todo el manos de un Ministro más gustoso de los catering y los brindis que encontró más `publicidad en el reparto de preservativos que en dotar de medicamentos a los hospitales.

- En materia educativa se han hecho buenos intentos que no han pasado de allí. Se ha invertido mucho tiempo en revisar leyes innecesariamente y sólo por una cuestión política de las cuales la educación debería estar ajena. No se ha cumplido cabalmente con las intenciones de llegar a la modesta pretensión 180 días de clase y, lo que es peor, en las provincias donde la merma ha sido significativa se siguen eludiendo los mecanismos de compensación para no lesionar el maridazgo con los agradecidos gremios del sector. El crecimiento financiero tan publicitado no se ha visto traducido en logros y se advierte que sólo servirá para consolidar las inequidades del sistema y sus despilfarros.

- Una de las áreas con mayores falencias es la cultural. No se puede criticar nada porque nada se ha hecho. Pero no es casual. Este gobierno ha hecho gala de la chabacanería, del desparpajo, de los malos modales y de otras facetas contraculturales y ha influenciado con ello a todo el cuerpo social. El destrato entre los argentinos y la bajeza lingüística y visual en los medios de comunicación no es más que un reflejo de las actitudes oficiales que se certifica con la mirada para otro lado de los organismos de control. Lo del área de cultura es alarmante, con teatros cerrados por mucho tiempo. Sin actividades de ningún orden, ni siquiera irrelevantes. En momentos en que estamos asistiendo a una fenomenal multiculturalidad dentro de las cual hay que mantener los rasgos idiosincráticos parecería que los responsables de sector ni se han enterado.

- La justicia espera una reforma que garantice su independencia. Si bien la nueva integración de la Corte Suprema puede brindar algunas garantías nada se ha hecho con la justicia federal siempre dispuesta a su complacencia con el poder de turno. Ya sea con oportunismos de alto rendimiento publicitario, con postergaciones hasta agotar la memoria o con encajonamiento de causas en espera de oportunidades políticas fructíferas. No sólo nada se ha hecho a favor de la independencia del poder judicial sino que se ha agravado el marco de relación a través de la reforma en el Consejo de la Magistratura. Este organismo en su actual composición será el encargado de alcanzar la docilidad de los jueces ya que se encuentra al servicio de los intereses del poder político. Tampoco da para crear esperanzas ya que la futura Presidenta ha sido la promotora y defensora de dicha reforma.

- La acción social se ha orientado a consolidar la estructura clientelista. Una estructuración cada vez más perfeccionada hace que a través de punteros políticos, gobernantes adictos por condición y otras figuras singulares disfrazadas de agentes sociales cada vez más ven en un pobre o en un necesitado una mercancía electoral de fácil utilización para sus fines. La pobreza se mantiene intacta porque es buen negocio político y por ello no hay políticas amplias y eficaces como para remover las verdaderas causas y se apela al subsidio que calma, no cura y quita dignidad.

- La economía seguirá próspera mientras los comodities tengan buena demanda internacional, pero mal nos irá en algún momento si no recordamos la lección de cuando éramos el “granero del mundo” y nos jactábamos de ello hasta que los términos del intercambio se alteraron y nos quedamos sin buenos precios para nuestros productos y con otros muy altos para nuestras importaciones. Más allá de las inentendibles agresiones oficiales a los productores y a algunos empresarios el país necesita una política a largo plazo que, posibilitada por las buenas condiciones coyunturales, brinde las condiciones para un desarrollo armónico y sustentable en situación de competir en todos los mercados del mundo. No se logrará esto con lo que se va suponiendo como la creación de una burguesía de amigos donde la riqueza se concentre en manos de amigos, testaferros y adictos que lo que conforman es un coro de corruptos al servicio del poder y su tenencia por mucho tiempo.


- Las fuerzas armadas están desmanteladas, en alto grado de obsolescencia material, sin objetivos, desmotivadas, sin relevancia pero esencialmente humilladas. Cierra así un plan bien pensado y ejecutado por las manos de quien alguna vez participó en la lucha contra ellas y que ahora con el título de Ministra de Defensa viene cobrar viejas cuentas. Nada se ha hecho para que estas nuevas generaciones de soldados sean el brazo armado en democracia después de haber aprendido las terribles lecciones por los tremendos errores de sus antecesores. Se las sigue denigrando y tal vez menoscabando con una política de derechos humanos parcial en la cual se justifican muertes y asesinatos de una de las partes como excusa por lo injustificable que hubo desde el lado estatal. Una muerte siempre será una muerte y una lesión a la condición humana aún en nombre de la más sagrada de las ideas. Pero hay varios componentes del este gobierno que con estas políticas se lavan las manos en las que todavía les quedan algunos coágulos de sangre, también humana.

Esta no es una enumeración taxativa ni pretende serlo. No se agota en lo dicho y podría ser mucho más amplia si se entra en los detalles de cada área.

Pero también existen consideraciones de síntesis y son las que surgen de aquellos aspectos que rodean a todos los demás. Informándolos, tiñéndolos o influyendo en ellos como característica general o estilo de gobierno.

La falta de invocaciones o de acciones tendientes a la unidad nacional como uno de los propósitos esenciales de la constitución nacional se ha visto enfrentado con las continuas agresiones presidenciales y con las permanentes descalificaciones a través del “nosotros y ellos” que ha sido un insumo permanente de los discursos.

La carencia de una política estratégica para mejor insertarnos y convivir con un mundo multicultural, polifacético, simultáneo, complejo e interdependiente se ha ocultado bajo actitudes de una soberbia que sólo se puede comprender condicionada por un sentimiento de inferioridad que lleva al aislamiento, a la agresión y a la mirada suicida del cortoplacismo. Recientes datos internacionales hablan del descenso argentino en materia de competitividad.

Más allá de todo ello la vida sana de la república será difícil mantenerla con métodos y actitudes que atentan contra ella mediante metodologías que erosionan la democracia y también contra las libertades. Entre ellas la de prensa, presionada, cuestionada y acorralada hasta la rendición y mejor si es en términos financieros.

Se manifiesta este agravio al sistema republicano de gobierno con la anulación del parlamento al gobernar el Poder Ejecutivo mediante los objetables decretos basados en inexistentes razones de necesidad y urgencia. Se completa esta anulación con el suicidio del propio parlamento al votar las facultades extraordinarias que permiten el manejo discrecional de los contenidos en una ley principal como lo es el presupuesto de la nación. El parlamento no existe y cuando da síntomas de vida es para suscribir los caprichos del poder político. La mayoría obtenida en las últimas elecciones supone un agravamiento de estas condiciones de descrédito ante las cabezas gachas y obedientes de los parlamentarios oficialistas.


El fenómeno de la corrupción

Todo esto tiene un común denominador que se ha criticado, que no se ha hecho nada por corregirlo y que bajo estos anunciados propósitos sólo se ha contribuido a perfeccionarlo y agravarlo: el fenómeno de la corrupción. Que ha sido útil a los fines oficiales en tanto se ha establecido un nuevo modo para la acción política, la que ya no es más en base a ideas sino a intereses. Así lo reflejan los indicadores internacionales que miden la corrupción mientras el gobierno pone cara de distraído.

De allí que no importen el pensamiento, las bases doctrinarias, las capacidades. Sólo interesa el cuánto vale, el cuánto me da o el cuánto quiere.

No sirven los propósitos o las vocaciones sino las voluntades doblegadas por el precio.
Los símbolos del poder ya no serán, no lo son ya, la banda y el bastón sino “la caja” como elemento fuerte para la disciplina. Los diseñadores podrán ir pensando en el nuevo símbolo, como crearlo y de tal forma que el Presidente que asuma no pueda jugar con él como lo hizo el actual con su bastón sin darnos por advertidos que nos estaba marcando ese estilo de desprecio por todo lo que haga a la patria, sus símbolos, sus tradiciones, sus héroes, sus epopeyas y ese derrotero que ha significado ir construyendo la nación, con errores y aciertos.

Por último: se debería dejar de lado esa pomposa expresión que manifiesta el propósito de “una mejor distribución de la riqueza”. Mejor acordarse de los pobres genuinamente brindándoles trabajo auténtico, salud, educación, bienestar y trato digno. Ésta será la base de una real transformación.

Insisto en lo ya dicho: alerta con las sonrisas, los diálogos, los reportajes y los anuncios del hoy que es parte del juego de las dos carátulas teatrales. La obra es la misma y con los mismos actores.

Luis Antonio Barry
Buenos Aires, noviembre de 2007.-


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jueves, octubre 04, 2007

Manipulación y delito

LA MANIPULACIÓN DE LA POBREZA Y EL CLIENTELISMO COMO DELITOS DE DIGNICIDIO

Con una absoluta simplificación de las teorías se puede decir que el derecho penal siempre va algunos pasos atrás de la realidad. Es así porque ésta es la que va mostrando comportamientos que por su repetición, por su gravedad o por su incidencia social merecen ser tipificados como delitos.

También puede ser el caso, supongo, cuando esos comportamientos por su evolución en gravedad van afectando otros valores sociales hasta deformarlos o alterarlos en sus esencias.


Tal vez sea esta última característica el encuadre más ajustado para fundamentar el propósito de llevar a la categoría de delito este fenómeno de actividad político-social que se ha dado en llamar “clientelismo” a través del “punterismo” y que en definitiva no es otra cosa que el perverso y miserable accionar que mediante dádivas o promesas manipula a los pobres y a los necesitados. En la mayor parte de los casos promovido y hasta organizado desde y por ocupantes del poder.

El encuadre surge de los efectos negativos que tales actividades tienen para con la democracia, el sistema republicano, la libertad de pensamiento y de expresión, la cultura ciudadana en general y, especialmente, la dignidad de las personas.

Estos efectos se acumulan, se entrelazan, se multiplican y crecen hasta producir una insoportable degradación del régimen político y del cual viven y en el que se sustentan algunas líneas políticas y una gran cantidad de especuladores y usufructuarios.

Desde hace bastante tiempo nuestro país viene padeciendo esta forma de acción política que se ha ampliado, perfeccionado, sistematizado y estructurado hasta adquirir rasgos de institucionalización. Más aún cuando han crecido las necesidades a atender y la proliferación de planes sociales han sido insumos eficaces para ampliar el funcionamiento de esas maquinarias diabólicas montadas para la burla de los necesitados y su aprovechamiento para distintos fines de promoción política.

La impunidad ha sido un marco propicio para ese desarrollo del sistema y la imaginación de los actores nos ha brindado ejemplos cada vez más novedosos como vituperables.

Además ha facilitado el montaje de organizaciones de diverso orden que a veces bajo conmovedores nombres emblemáticos han sido el cobijo para esos repugnantes manejos.
Estas crecidas realidades vienen de antiguas semillas. Santo Tomás ya decía que “quien maneja las necesidades maneja la libertad”.

Hay un sentimiento creciente de reprobación a este estado de cosas que viene envileciendo la actividad política nacional, con la suma de algunos estados provinciales prácticamente cautivos de mecanismos con rasgos de feudalismo electoral y el aporte de aquellos intendentes que a través de los planes sociales y en nombre de lo popular practican reducciones a servidumbre.
Ante ese sentimiento algo hay que hacer. Por mi parte la propuesta de llevar estas actitudes a la categoría de delitos es un modesto aporte que si tuviera razonabilidad necesitaría de apoyos y adhesiones para que se convierta en una realidad legal.

El imperfecto texto que propongo para ser incorporado al Código Penal merecerá la corrección por parte de los especialistas en la materia. Trata de cubrir la mayor parte de las figuras espectrales de este tenebroso caleidoscopio en el que se ha convertido la que debería ser la noble figura de la asistencia social, lamentablemente devenida en asistencialismo que es su versión pervertida.

Será por ello que ya el mismo diccionario ha definido al “asistencialismo” como de uso en México y Argentina y le atribuye un sentido crítico al decir que es una “actitud orientada a resolver problemas sociales a partir de la asistencia externa en lugar de generar soluciones estructurales”. En nuestro país se ha ido muchos más lejos y a quienes aquí nos referimos no les interesa ni convienen las soluciones de fondo.

Por ello este delito que merece tipificarse como de “dignicidio” podría quedar configurado más o menos así:

“Artículo…Será reprimido con pena de………el que mediante la entrega o promesa de sumas de dinero o de alimentos o bienes de cualquier orden, la concesión o promesa de beneficios sociales, la facilitación o promesa de empleos o trabajos, la promesa o la gestión de beneficios indebidos de cualquier índole o aprovechándose del estado de necesidad o pobreza condicionare la voluntad de otros o les obligare a mantener o a exteriorizar determinadas adhesiones políticas o a la concurrencia a actos, celebraciones o manifestaciones en favor de alguna línea política, de algún hecho de esa naturaleza, de candidatos o de aspirantes a serlo.
Si lo descrito en el párrafo anterior fuera perpetrado por un funcionario o empleado público o por quien mantuviera vínculo laboral o contractual con la administración nacional, provincial o municipal o con empresas u organismos públicos de cualquier naturaleza las penas se duplicarán.
Además tendrán como accesoria la inhabilitación perpetua para ocupar cargos en cualquiera de esas administraciones.
Esta última pena y su accesoria serán también aplicables cuando se tratare de funcionarios públicos que teniendo en forma directa o indirecta la administración de beneficios sociales utilizaran intermediarios cuya conducta encuadrara en las descritas en el primer párrafo del presente artículo.”


Para comprender el sentido central de esta propuesta seguramente ayudan algunas reflexiones que invito a hacer:
  • Puede haber perversidad mayor que aprovecharse burlonamente de la mano tendida en estado de necesidad?.
  • Puede haber actitud tan miserable como la de presionar a la pobreza para ser aclamado o vileza tan enorme como la de promoverse políticamente pisando sobre la cabeza gacha de los pobres?.

Si coincidimos creo que se nos impone el deber de hacer algo para cambiar.

Luis Antonio Barry
luisantoniobarry@fibertel.com.ar


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domingo, septiembre 09, 2007

DIGNICIDIO

Próximamente se cumplirán 24 años desde que la democracia retornó a nuestro país. Es de lamentar que con ella volvieran también viejos vicios, anidados con preponderancia en ciertas líneas políticas. Pero más lamentable es decir que han regresado para ampliarse, perfeccionarse y hasta sistematizarse.

El estilo político consistente en comprar voluntades mediante dádivas, privilegios, empleos o bienes tiene su principal fuente de alimentación en los pobres y en los necesitados. Esto es lo que se llama manipulación, una perversa costumbre de aprovecharse de quienes por distintas razones se ven privados de los bienes más elementales y que, por las mismas causas, carecen de educación y del conocimiento sobre los modos de poder superar ese círculo vicioso que los lleva a estar cada vez más abajo.

Pero de esa pobre gente viven y se desarrollan estos personeros de la política que hasta han llegado a construir una red de adhesiones que necesariamente es convocada por cierta gama política para conseguir éxitos electorales.

Esta red de voluntades condicionadas está siempre dispuesta para acudir a aplaudir a quienes ni siquiera conocen, por cosas que ni imaginan y para votar según les sea impuesto.

El “clientelismo” político con su correlato operativo en el “punterismo” viene trasladándose progresivamente a través de los tiempos de la política argentina. Desde que se comenzó con el asistencialismo, que no es la asistencia social, la política de dar para someter se ha ido mejorando en sus diabólicas formas.

Lo fue con los repartos sin reparos y luego se fue institucionalizando a través de los llamados “planes”, manejados y distribuidos discrecionalmente por los encargados de alimentar esa red ya referida.

El país vive momentos electorales y es tal vez cuando más se ponen al desnudo estas canalladas.
Una infinita cantidad de ejemplos se podrían dar como para provocar náuseas entre quienes creen en los derechos humanos con sentido integral. He visto personalmente poner en movimiento algunas marchas en adhesión a las cosas más diversas en momentos en que el que las dirigía y mientras repartía bebidas alcohólicas disfrazadas en envases de otra cosa advertía sobre la obligación de gritar y aplaudir cuando él levantara una caña con un banderín bajo amenazas de no dar la comida prometida o de quitar los planes que están cobrando. Recuerden cuando se entregaba media dentadura postiza bajo promesa de entregar la otra mitad si se ganaban las elecciones.

Entre estos ejemplos caben otros miles tan terribles unos como otros. Y lo peor es que se manifiestan entre los que se dicen al servicio de las causas populares.

Recuerdo cuando hace muchos años un dirigente del Partido Comunista me impresionaba con su afirmación al decir que a la oligarquía y a las clases dominantes no les interesa ni les conviene la educación del pueblo porque así lo mantienen en el oscurantismo y la ignorancia. Supuse y supongo que tal vez tuviera algo de razón.

Pero en esa suma de lecciones que da el transcurrir de la vida aprendí que en mi país, contrariamente, quienes más eficazmente han sometido al pueblo son “los populistas” quienes enfermos de corrupción trafican con el hambre y la honra de los menesterosos.

Digo estas cosas como ese grito de desahogo frente a una realidad política y a tiempos electorales donde más se manifiesta esta podredumbre que nos duele y amarga.

Se que somos muchos con iguales sentimientos pero para bien de quienes dominan el escenario político son más los necesitados a explotar y los dispuestos a corromperse perdonados de antemano a través de una política publicitaria demagógica y vacía que aturde a quienes se atrevan a pensar mientras se trata de configurar algo así como el famoso “síndrome de Estocolmo” por el cual el sometido termina enamorándose de quien lo somete.

Esta burla hacia el pobre mediante el condicionamiento de su voluntad que no es otra cosa que un pisoteo de su conciencia hasta privarlo de su dignidad podría configurar un delito social nuevo como el de “dignicidio”. Desde ya que al momento de aplicarlo habrá jueces integrantes de la “maraña” dispuestos a practicar interpretaciones benignas, complicar las causas o juezas bien dispuestas a postergar actos procesales hasta después de alguna elección o hasta el olvido.

Por ahora sólo pretendo que el “dignicidio” se consagre como voz del idioma con el triste sello de la industria nacional, y popular.

La Real Academia Española tiene un lema para con la lengua y es el de que “limpia, fija y da esplendor”. Tal vez alguna vez acoja este término y lo acepte con mención de su origen, como lo suele hacer. Lo fijará pero, usando las mismas palabras del lema, tal vez sirva para limpiar esta ignominiosa situación que vivimos pero mientras tanto no será ningún esplendor para los argentinos.

Llegará el momento, siempre guardo una pequeña esperanza, en el que los pobres dejarán de ser una mercancía política y electoral a través de esta reducción a estado de servidumbre a la que los someten algunos gobernantes de todos los niveles, y puedan recobrar su legítima dignidad como paso principal hacia un bienestar de todo orden.

Que paradoja, escribo esto justo en el día en el que se cumplen diez años de la muerte de la Madre Teresa de Calcuta que vivió y murió al servicio de los pobres, pero con otras y mejores intenciones.

Luis Antonio Barry
Buenos Aires, 5 de septiembre de 2007.-

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martes, julio 31, 2007

POLITICA ARGENTINA Y LOS PACTOS DE LA MONCLOA

ANTECEDENTES

Con cierta frecuencia muchos políticos argentinos en la creencia de querer demostrar una amplitud universal de conocimientos o presumiendo de creativos estadistas hablan sobre la necesidad de que en la Argentina se lleguen a conformar pactos como los llamados “de la Moncloa” que fueron celebrados en España hace exactamente treinta años.

En primer lugar cabe hacer notar que los procesos políticos si bien pueden asimilarse en general no son pasibles de ser copiados así como así en términos lineales.

Tienen distintos antecedentes, épocas determinadas, factores inconvenientes o favorecedores, apuntan a objetivos muy propios y, fundamentalmente, deben contar con la suma de actitudes manifiestas y proclives para alcanzar los fines propuestos.

Así ocurrió para con esos pactos que llevan el nombre del palacio que es sede del gobierno español y que tenían, en síntesis, el enorme propósito de favorecer la gobernabilidad en un período tan delicado como lo fue el de la transición entre el largo “franquismo” y la nueva democracia.

Después de una feroz guerra entre hermanos como pocas veces se ha dado en la historia mundial, de una prolongada dictadura bajo la mano férrea del caudillo Francisco Franco el período de transición ha sido un ejemplo de virtuosismo político.

A pesar de algunas críticas por el estilo minucioso esos pactos fueron el producto de un tejido paciente y detallado que, haciendo conjugar intereses de distinto orden, llegó a construir una fuerte urdimbre sobre la que se apoyó el afianzamiento de la monarquía establecida y la constitucionalización. Firmado por los líderes de todos los partidos políticos con representación parlamentaria.

Un fervor por la democracia se había instalado en el sentimiento social y era la medida para ajustar toda la vida del país. Existía una convicción en lo que se quería hacer y un claro apoyo para que saliera bien a través de las líneas fundamentales, dejando de lado las pequeñeces obstaculizantes.

Podría sintetizarlo en que había un alto sentido patriótico basado en la idea de que ya no era cuestión de sentarse a lamentar los años pasados sino lograr los acuerdos necesarios para construir un futuro.

No era el momento de hacer clasificaciones en distintos grados de responsabilidad por lo ya sucedido sino pensar en lo que debía suceder a favor de lograr la consolidación nacional.
Se pusieron los acuerdos por delante y se postergaron para mejor momento aquellas cosas en la que hubiera divergencias. Se valoró todo lo que unía despejando lo que podía crear fisuras en el camino que se estaba trazando. Y todo esto ocurría en la realidad de un país con una clara tensión en regionalismos con deseos de reivindicación y con sectores sociales deseosos de plantear sus respectivas pujas.

Pero en general hubo conciencia de que se estaba en un momento fundacional, aunque nada de esto fue fácil.

Después de haber estudiado el proceso, de tratar a muchos y de consultar a tantos me gusta decir, comparativamente con otras situaciones, que pensaban en el país, verdaderamente.


ANÁLISIS COMPARATIVO

Quisiera ver entonces si en la Argentina se dan las condiciones como para lograr acuerdos similares.

Conviene comenzar por la institucionalidad como base de la estructura jurídica del estado. No lo creo posible cuando se ha desdibujado la división de poderes a través de la castración del Congreso que ya no puede prohijar nada y menos si no está en sintonía con los deseos y preferencias del poder ejecutivo. Cuando se lo sustituye mediante los decretos de necesidad y urgencia o cuando además de castrado se ha suicidado otorgando superpoderes que le han llevado a votar un presupuesto que es un cheque en blanco y que será modificado según las necesidades políticas más mezquinas y para alimentar los deseos de hegemonía.

Se podría continuar con el régimen de justicia y para cualquier acuerdo poco ayudarían las intenciones oficiales manifestadas a través de la reforma al Consejo de la Magistratura convertido en un instrumento diabólico para domesticar la voluntad de los jueces.

Debería hacerse referencia al régimen político y en ello resultaría muy curioso lograr un pacto por el mantenimiento de las listas sábanas, por la oscuridad en el financiamiento de los partidos, por el reconocimiento de las fuerzas del clientelismo alimentadas con prebendas de diverso orden y por tantas otras calamidades que hacen a la repugnancia con que se visualiza el quehacer de la actividad.

También deberían abordarse las líneas de una política económica que impulsara la mayor inversión externa y una orientación productiva del ahorro nacional haciéndose cargo de industrias y servicios de carácter estratégico. Se chocaría con el inconveniente de tener que revisar las adjudicaciones de los servicios en manos de los empresarios nacionales que se han quedado con las ganancias y han socializado las pérdidas, que no han invertido ni han pagado los cánones, que viven reclamando subsidios que les son generosamente otorgados por quienes hacen algunas retenciones personales, como es lógico de suponer.

Como no podría ser de otro modo debería pensarse en una política laboral que permitiera el desarrollo de una estructura sindical para actuar como factor de equilibrio entre el capital y el trabajo como así también como custodio de los avances necesarios para una justa distribución de la riqueza.

Habría algunos inconvenientes, entre ellos el de desmontar toda esa estructura burocrática que bajo el disfraz de gremialismo ha generado una mecanismo de extorsión política y de corrupción solamente al servicio de los jerarcas y su buen pasar. Difícilmente se podría acordar sobre el modo de lograr que la caja negra de las obras sociales esté verdaderamente al servicio de los afiliados en su totalidad financiera y no mediante la quita que las tablas por contratos ya se encuentran casi consagradas por la costumbre y con el destino inexorable hacia el bolsillo de los administradores. Ocurriría lo mismo con el destino de los subsidios estatales destinados a conjugar algunos déficits en esas obras pero fundamentalmente como compensación por las adhesiones políticas de los dirigentes o para calmarles sus simulados fervores de reivindicación.

Dentro de un esquema animado por el deseo de justicia sería prioritario pensar en una política de asistencia social que permita ir mitigando necesidades en el camino hacia una economía sana y próspera que posibilite la realización de todos los ciudadanos a través de trabajo y el esfuerzo.

Aquí tampoco será fácil poder contar para un acuerdo con la suscripción de quienes han hecho de la pobreza y la indigencia un buen recurso de acción política y de beneficio personal. Sería difícil plantear la conveniencia de contar con planes asistenciales genuinos frente a esa lacra de delincuentes sociales que disfrazados de sensibles populistas medran cotidianamente con la ignorancia y las carencias mediante la concesión condicionada de planes sociales de cualquier nombre. Los que a su vez les han sido entregados por el poder para seguir manteniendo una red de compromisos electorales o para la concurrencia a manifestarse por cualquier causa.

Toda esta maquinaria criminal se pretendería seguir manteniendo bajo variados argumentos que serán aplaudidos por las propias víctimas a las cuales les han hecho perder la creencia y el sentido de que el trabajo es el verdadero motor del desarrollo personal.

Se podrían enumerar muchos otros problemas sectoriales que dificultarían poder llegar a pactos como los que se enuncian cada tanto por esos políticos negados a la cultura pero propensos a colgarse en cuanta cosa les pueda parecer novedosa o les permita conseguir una línea en un diario o algunos segundos por televisión.

Podría hablarse sobre el diseño de un país hacia el futuro y no de esta administración “almacenera” que vive de los datos de la caja cotidiana, sin coraje ni talento como para auscultar las líneas de la dinámica planetaria y las posibilidades de inserción en ella. En paralelo debería delinearse una política exterior que definiera al país como interlocutor global, instalado en el gran escenario del mundo, haciendo valer sus potencialidades; pero para ello habría que revisar ese “encerramiento” actual que no se compensa con los discursos que pronuncia la cónyuge gobernante en sus viajes de compras por el mundo.

En ese caso habría que redefinir si la línea estratégica sobre la materia pasa por el socialismo parlanchín de Chávez, los propósitos ininteligibles de Evo Morales, los amagues del presidente de Ecuador o si todo eso recala en la eternamente inconclusa revolución cubana. Con el riesgo de que estas ideologizaciones vuelvan a hacer caer en ingenuidades como la de la famosa y multimillonaria inversión china. Cuento chino al fin.

Tantas otras cosas deberían ser motivo de acuerdo que su enumeración sería inagotable, al menos para las finalidades de este comentario. Habría que rescatar los valores de la cultura hoy en manos de una inocua gestión; el sentido de patria menoscabado por los anti-gestos oficiales; impulsar la unión y el encuentro entre los argentinos estigmatizados por las incitaciones oficiales hacia la división entre categorías que se establecen desde el poder; tomar la educación como una política realista y no artificialmente adornada con leyes que surgen de consultas de Perogrullo y con el aval de las organizaciones defensoras del status quo; correspondería restablecer el sentido de gobierno federal determinado constitucionalmente y hoy alterado por la concentración financiera en el poder central con la sola finalidad de disciplinar a los gobiernos provinciales y lograr sus adhesiones y tantas otras cosas más que muchos conocen y que no se siguen explicitando por razones hasta de buen gusto; también habría dificultades para hacer conocer todo esto dada la restricciones existentes a la libertad de prensa – o el desprecio por ésta – mediante la presión extorsiva o la manipulación de la publicidad oficial, por el contrario el gobierno podría contrarrestar fácilmente porque en estos casos también están los que encantados se domestican y se ponen al servicio de los altos ideales de oficialismo.

Pero como corolario no se puede dejar de lado una referencia a la recuperación moral del país, aquejado por una anomia manifiesta, por una reinante corrupción que se anida en todos los órdenes de la vida nacional y por una necesidad de recuperar la seguridad que se ha perdido y que la tolerancia oficial hace que la vida de los ciudadanos poco valga.

CONCLUSIONES

Sería difícil lograr un acuerdo, como se ve. Más cuando no hay intenciones de lograr una suma de voluntades argentinas sino por el contrario, se está por el dividir y enfrentar mientras se trata de reescribir antojadizamente la historia reciente para saciar a quienes lo que les quedó pendiente a través de la violencia lo puedan concretar ahora mediante el manejo arbitrario de los resortes del poder.

Nada es suficiente para calificar el horror de las acciones militares pero tampoco justifica que ahora las lecciones de derechos humanos estén en manos de resentidos, revanchistas y hasta de quienes tienen agendas escritas con sangre de muchos inocentes y tan humanos como las víctimas de la dictadura.

Sería interminable la cantidad de inconvenientes que se han generado como para querer tan fácilmente emular los pactos españoles pero, insisto, había en estos un compromiso con la historia y con el futuro como una claridad de propósitos para lograr los cuales cada uno sabía lo que tenía que dar o resignar.

OTRAVEZ

Ahora ocurre que la cónyuge gobernante en su viaje de estos días por España para demostrar a
los argentinos con el nivel con el que se codea, monarcas y gobernantes europeos, también ha incurrido en un ataque de creatividad e imaginación y habló sobre la necesidad de que en la Argentina haya pactos como los de la Moncloa.

Seguramente no advierte que muchos de los inconvenientes señalados la tienen por protagonista, autora o partícipe y por ello es uno de los fundamentales obstáculos.

HACEDORES

Para concretarlos España necesitó del temple y la habilidad de un gran estadista que era un casi desconocido hasta que se le nombró Presidente y se le dio la responsabilidad de formar gobierno. Con gran paciencia, capacidad infinita de diálogo y claridad en las metas fue armando esa serie de acuerdos que posibilitaron la concreción constitucional y viabilizaron para la instalación de una democracia eficaz.

Adolfo Suárez fue el conductor de esa obra maestra de la política contemporánea que se dio en llamar período de transición. Ya se le han reconocido los méritos por todos, sin egoísmos ni mezquindades, lo que también es un rasgo de madurez y más lo será cuando el final inexorable de su vida acabe con los terribles problemas de salud que hoy le aquejan.

Tuve la inmensa fortuna de charlar en privado con él más de una hora y le pude expresar mi admiración por su talento político y hasta me permití preguntarle, tal vez impulsado por su proverbial amabilidad y simpatía, si reconocía cual había sido el día más difícil de su gobierno. Con su particular sentido del humor me dijo que fueron tantos que le resultaba dificultoso comparar. Arriesgué proponiéndole que tal vez fuera en el que tuvo que legalizar al partido comunista, pero rápidamente lo relativizó ya que, me dijo textualmente “hay que reconocer los méritos de Santiago Carrillo que facilitó las cosas”.

Carrillo estaba aún exiliado en Portugal, como lo estuvo durante todo el período franquista, y desde allí como líder comunista se comprometió a favorecer la gobernabilidad mirando para adelante y así poder construir la nueva España.

Hay un hecho demostrativo de esa voluntad. Al regresar a su país pidió a los sindicatos más radicalizados que regularan o postergaran las demandas pendientes para no afectar la gobernabilidad.

Suárez representaba la derecha y Carrillo a la extrema izquierda, pero pensaban en el país y por eso pudieron firmar esos pactos.

Hace poco, y ante la cruel enfermedad de Suárez, Carrillo escribió un exquisito artículo en el diario “El País” de Madrid destacando su figura y expresándole un profundo reconocimiento por lo que hizo en la transición. Agregó que lo hacía ahora cuando Suárez tal vez ni pudiera leerlo dado su estado pero que era cuando más se lo merecía.

Sería posible esto en nuestra Argentina de hoy?.

Recuerdo que Suárez me contó que ahora no participaba más en política pero como eso se lleva muy adentro se dedicaba a hacer fichas sobre los grandes problemas y me mostró algo al respecto. Luego de estudiarlas le enviaba sugerencias a los gobernantes, en privado.
En ese momento gobernaba el PSOE que había sido su antagonista electoral.
Hay algunas diferencias, no?

Al despedirme le agradecí el encuentro diciéndole que era un placer haber estado con quien demostró que no era cierto aquello que se le atribuía a Franco de “no se os puede dejar solos”.
“Vio que era posible, me dijo, y venga un abrazo por ello”.

Ya me referí a las condiciones que favorecieron los acuerdos españoles, pero hombres como éste fueron los que los hicieron posibles.
Insisto, algunas diferencias, no?
Después de esta comparación, se puede hablar de pactos de la Moncloa en la Argentina?

Luis Antonio Barry
Buenos Aires, julio de 2007

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