| El restaurante Príncipe de Viana es
uno de los santuarios gastronómicos de Madrid. En sus puertas cercanas
a la Castellana, pasada la altura del Bernabeu se abre desde 1963 una historia
similar a los otros clásicos madrileños (Horcher,
Jockey, etc.) propiciada en este caso por Chelo
Apalategui y Jesús Oyarbide. Aunque los críticos blanden
sus espadas de la revolución creativa e innovadora, el Príncipe
de Viana se aferra a su conservadurismo esgrimiendo su cocina tradicional de raíces
vasco-navarras, su menestra de verduras, el bacalao, las albóndigas y sus
seductores postres. Impasibles cofias de camareras y otros signos de clasicismo
siguen atrayendo a altos directivos y la clientela de mayor poder adquisitivo
de la capital. El clasicismo del Restaurante Príncipe de Viana se
resuelve en exquisitez y distinción aplicada a todas las vertientes: la
mayor calidad de sus productos, la profesionalidad del servicio, el establecimiento
y su elegancia en el que destaca la belleza de su decoración... Javier
Oyarbide -hijo de los fundadores del restaurante- dirige en la actualidad este
templo del comer en el que el conservadurismo de algunas especialidades viene
dado por la fidelidad de sus clientes a estas clásicas elaboraciones. Desde
la mencionada menestra, pasando por la lengua de ternera con aceitunas, las albóndigas
de ternera y cerdo con arroz blanco o el rape con crema de patatas y aceite de
oliva virgen. Mención aparte, los postres con la famosa repostería
artesanal de la casa. Tomás Barrio dirige con maestría un
servicio atento y profesional. Carta de vinos muy bien surtida. Precios altos.
Conviene reservar. Los fundadores de Príncipe de Viana abrieron en
1973 otro de los grandes de Madrid, durante algunos años nº 1 indiscitible
de la capital de España, el Zalacaín.
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