El comensal se queda boquiabierto cuando entre la huerta murciana aparece ante
sus ojos este Palacete excelentemente tratado en todos los sentidos. Cada rincón,
cada estancia es un ejemplo de querer impresionar al visitante. Y sin duda, se
logra.
Hoy hay que admitir el gran acierto de la rehabilitación de
este palacete neorrenancentista del XVII para uso gastronómico. Su propietario
ha sabido aprovechar muy bien sus recursos e historia. Sus orígenes como
bodega y finca de viñedos han sido recuperadas con una excelente carta
de vinos -bodega, premiada con el Decantador de Oro (distinción otorgada
a restaurantes como el Celler Ca’n Roca, de Gerona, El Bohío, de Toledo,
y Atrio, de Cáceres). Sus posteriores usos como fábrica de seda
en medio de una fértil huerta murciana que explotaba la morera y el gusano
de seda, dan hoy sus frutos a través del cultivo y autoabastecimiento de
verduras y legumbres frescas. Hay que visitar la capilla y la bodega. Entre
las numerosas piezas artísticas encontrará hasta el venerado Salcillo.
Un marco elegante muy singular, un palacio, para disfrutar de una cocina que va
ganando altura y un servicio impecable. El
restaurante sabe sacar partido a la solidez de la cocina tradicional murciana
y una creciente innovación. El solomillo de chato murciano con queso de
cabra y frutos rojos, los raviolis de berenjena y calamares... Ambos menús
(regional y La Seda) son muy recomendables.
No se olvide de disfrutar una
bodega, ya mencionada, con casi un millar de referencias, y una pastelería
muy recomendable y con sello propio. Foro
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