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En la costa oeste del Japón,
a causa de los vientos helados que vienen de Siberia,
está la región donde más nieva,
se supone, de todo el mundo, y esas nieves, en las
montañas, suelen alcanzar casi los cinco metros
de espesor. Largos y lúgubres meses invernales
se suceden en donde el tiempo se adormece y el aislamiento
convierte a los habitantes en una especie de sombras
que se confunden con el humo de las chimeneas que
surge de las centenarias casas grises de vigas ennegrecidas.
Sin embargo, en los núcleos
más grandes de población, existen las
estaciones termales que los japoneses (no las japonesas)
suelen frecuentar para huir del cansancio de un ajetreado
Tokio. Allí buscan, y suelen encontrar, la
tranquilidad y buscan ser servidos por amables geishas
que les rodean de entretenimiento y bienestar. Los
viajeros que recalan por allí pueden esquiar,
contemplar las hojas de los arces, los cerezos en
flor o la avalancha de las mariposas, según
la estación del año que se escoja para
ese descanso. Estos lugares son pequeños núcleos
urbanos en donde la tradición muestra, como
un atractivo más, los modos y costumbres de
siglos pasados. Todos estos acontecimientos naturales,
que nacen y mueren como la lluvia de otoño
o el viento entre las hojas de los arces, constituyen,
en la novela "País de Nieve", el
cuerpo de un protagonista indiscutible: la belleza
que ofrece el suave fluir de un paisaje constantemente
en proceso de cambio. Las geishas de estación
termal no son precisamente las más famosas,
ni las más encumbradas; diríamos, en
verdad, que son consideradas de segunda clase.
En este espacio mágico, uno
tiene la sensación de haber tenido un encuentro
con la belleza, que se nos escapa sin haberla podido
poseer en su totalidad, como sucede en los delicados
y poéticos haikus, que brevemente dejan asomar
una simple intuición de la poesía más
sutil.
El protagonista, Shimamura, un rico
comerciante de edad media que viaja a la estación
termal ubicada a los pies de las eternas montañas
blancas, conoce a la joven Yoko a través del
reflejo de una ventana del tren en que viajan ambos,
pero será su encuentro con la aspirante a geisha
Komako con quien mantenga un idilio imposible desde
el principio, dada la frialdad de Shimamura, quien
se ha construido un mundo de sueños alejado
de toda realidad y del calor humano que, por el contrario,
emite Komako con gran generosidad. "Las mujeres
están hechas para amar", dice la geisha
en un momento en que la indecisión de Shimamura
se le hace insoportable
Shimamura despierta en la joven Komako
una gran pasión y esto es algo que planteará
al protagonista un dilema preocupante, porque incapaz
de corresponder a este amor, pero fascinado por su
intensidad, decide, durante varios años, repetir
y dilatar las estancias en las termas. Durante esos
periodos de convivencia con Komako, la situación
huésped-gheisa hace que la relación
de los protagonistas no sea más que un tiempo
en el que la joven madura a los ojos de su amante.
Novela llena de sensibilidad. "La
Literatura no hace sino registrar los encuentros con
la belleza", hemos dicho que dijo Kawabata. Comprar
Pais de Nieve
Ver también:
Información
biográfica de Yasunari Kawabata
redactada también por nuestra compañera
Lola Peiró

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