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"Si una noche de invierno un
viajero…", ese es el título que atrae
a un primer lector -el Lector- que entrará
en la librería para conseguir el último
libro de Italo Calvino. Conoceremos los pensamientos
e impulsos de este personaje por medio del Autor,
que hablará con frecuencia en segunda persona.
Allí encontrará a Ludmilla -la Lectora-
enfrascada en el mismo libro. Ellos hablan, y deciden
estar en contacto por comentar la historia que ambos
tienen entre manos
Pero, avanzando en su lectura, el Lector se da cuenta
de que su ejemplar está defectuoso: se ha intercambiado
un cuadernillo de otro libro, interrumpiéndole
la apasionante entrada de un viajero en una estación
con una maleta. Así que el interés del
Lector queda ávidamente suspendido. En contacto
con la Lectora, deciden ir a la librería para
que se les facilite otro libro en condiciones de ser
leido, pero toda la edicíón está
defectuosa y, por otra parte, ellos ya se han interesado
por la historia que inicia el cuadernillo invasor,
que pertenece a la novela de un conocido escritor
polaco. Así que cambian de lectura y se ven
atrapados por el nuevo tema, abortado también
por cuestiones lingüísticas: el tercer
capítulo está en otro idioma. De esta
manera recorren diez capítulos, que corresponden
a diez principios de historias diferentes que se quedan
en suspenso. Entremedias, fluctúa la relación
de Ludmilla, la Lectora, con el Lector y el Autor.
Esta es una manera nueva de concebir
la literatura: un artificio, un juego combinatorio.
"Hay que hacer visible la estructura de la narración
para el lector -dice tal tendencia- y así aumentar
su complicidad dentro de la obra". El universo
lingüístico ha suplantado la realidad
y plantea el relato como "un mecanismo que juega
con las posibles combinaciones de las palabras".
Calvino no es tan estricto como los estructuralistas:
su lenguaje es más claro y comprensible, pero
no deja de estar en el área de Queneau, de
la escritura laberíntica de Borges o Cortázar,
todos ellos evidentemente deudores del llamado "padre
de la narrativa de las vanguardia de este siglo":
Lawrence Sterne, autor de "Tristan Shandy",
novela muy conocida y alabada por todos los escritores
del S. XX. Aunque en este específico terreno
no debemos olvidar los resortes que fueron usados
por la gran obra antecesora: "Las mil y una noches".
Pero Calvino usa este marco tan literariamente
atractivo para desnudar los mecanismos de la narración
que le llevará a reflexionar sobre la práctica
de la escritura y sobre la relación que existe
entre el escritor y su lector. Además, Italo
Calvino toma cada capítulo como punto de referencia
para ejemplificar los modelos y estilos de la novela
moderna, desde las neo-vanguardias al neo-realismo;
desde lo existencial a lo fantástico y al modelo
surrealista. En cada uno de los capítulos cambia
de estilo, ciñéndose con maestría
al periodo que retrata. Pero éste es un juego
serio, yo diría que más bien dramático,
porque lo que el autor quiere es en definitiva es
demostrar la imposibilidad de conseguir el conocimiento
de la realidad.
A pesar de toda esta estructura aparentemente
artificiosa, la obra se lee con avidez por varias
razones: el interés que despierta cada episodio
ayudado por las reflexiones sobre la escritura, el
suspense que se crea en cada capítulo, y sobre
todo por el maravilloso estilo literario, la manera
de usar el lenguaje y las palabras en particular,
y una razón más: esa relación
tan directa del autor con el lector, que tantas veces
se echa de menos. Estupenda atalaya para conocer,
además, las tendencias literarias de la literatura
del siglo pasado
Otra vez repito: si ustedes consiguen
entrar en las claves del autor, puede resultar una
lectura verdaderamente apasionante.
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Si Una Noche de Invierno Un Viajero
Ver también:
Información
biográfica de Italo Calvino
redactada también por nuestra compañera
Lola Peiró

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