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Pues ese entierro que a la muerte de
Jorge Amado le describió un amigo, y en el
que los asistentes más queridos fueron sus
propios personajes (ver información
biográfica Jorge Amado), se asemeja bastante
-casualidad- al que el mismo Jorge Amado le había
creado a su entrañable personaje Quincas, el
protagonista de "La muerte y la muerte de Quincas
Berro Dagua" unos cuantos años atrás.
¿Qué quién era
ese hombre cuya muerte causó tal dolor y expectación
en los alrededores del Muelle de Bahia, y su enterramiento
produjo tal consternación? Pues para sus acomodados
parientes -hija, hermanos, yerno etc- fue Joaquim
Soares de Cunha, "ejemplar funcionario de la
Dirección General de Rentas del Estado, hombre
de paso medio, bien afeitado, chaqueta de alpaca negra,
cartera bajo el brazo, oído con respeto por
los vecinos, opinando sobre el tiempo y la política,
jamás visto en un cafetín,, hombre de
aguardientes comedidos, y casero" Pero hubo un
"inicio de su locura", como decía
su hermana Marocas, y se transformó en el más
completo vagabundo de Bahía por muchos años:
"el rey de las verbenas callejeras", "el
patriarca de la zona del bajo meretricio", "el
esponja mayor de Salvador", "el senador
de los bailongos", aquél que se equivocó
de botella y exclamó "¡¡¡agua!!!
"en un grito de animal herido de muerte, de un
hombre traicionado" ¿Cuántos años
hacía que no cataba el agua?
Y ahora yacía en una cama limpia
vestido con decencia, y hasta elegantemente en un
cuarto del Tabuao. Sus amigos Curió, Negro
Pastinha, Cabo Martín y Pe-de-Vento se preguntaban
llenos de tristeza "cómo al viejo marinero
se le había ocurrido ir a echar el alma en
una cama". Y Quiteria do Olho Arregalado, su
dulce y sensual amante pensaba que "no había
más que un sepulcro digno de un tunante como
él: el mar bañado en luna, las aguas
sin fin…"
Las peripecias de un hombre socialmente
correcto que se desprende de la coraza que le constriñe
y se libera pese a toda una sociedad preestablecida
y por eso en contra porque con tal ejemplo se le mueven
los cimientos sólidos de su seguridad, es un
tema literariamente hablando muy tentador; está
tocando la zona insatisfecha que todo, o casi todo
ser humano posee. Este delicioso relato de Amado cubre
todas las expectativas posibles del lector que definiría
la vida como "lo que sucede cuando se tenían
otros proyectos". Quincas lucha por rescatar
esos proyectos que se tenían, y toma las riendas
de su vida, y según se comentaba en todos los
círculos de los alrededores del muelle de Bahía,
también de su muerte, su espléndida
muerte que el lector tendrá felizmente que
disfrutar. Les diré que: "A aquellas horas
del crepúsculo, misterioso comienzo de la noche,
el muerto parecía un poco fatigado" y
ayudado por sus amigos y su amada Quiteria, consigue
ese final espléndido, ayudado también
por una tremenda tormenta y por, cómo no, su
inmenso y profundo mar.
Es uno de esos libros que no se olvidan
y se recuerdan con una sonrisa, sobre todo si va seguido
por ese otro titulado "Los viejos marineros"
Disfrútenlos.
Entonces… ¿contra la vida, literatura?

Ver también: Información
biográfica de Jorge Amado redactada
también por nuestra compañera Lola
Peiró
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