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"Mis parcialidades han sido siempre
por la libertad contra el despotismo y la prepotencia,
por el explotado contra el explotador, por el débil
contra el fuerte, por la alegría contra el
dolor, por la esperanza contra la desesperación.
Estoy orgulloso de mis parcialidades. Jamás
fui ni seré imparcial en esta lucha del hombre
contra el enemigo del hombre, en esta lucha entre
el futuro y el pasado"
Según Vargas
Llosa, "uno de los mayores encantos de la
obra de Jorge Amado es el hecho de que todas las desventuras
del mundo no bastan para torcer el deseo de supervivencia,
la alegría de vivir, el ingenio juguetón
para superar el infortunio, que animan a sus personajes"
Nace en la hacienda Aurisidia, propiedad
de la familia, hacienda que pronto perdió su
padre en un revés de fortuna. Municipio de
Itabuna, estado de Bahía, paisaje sumergido
en medio de la humildad y crudeza de las plantaciones
de cacao, decisivas todas estas circunstancias para
la creación de los escenarios de su amplia
producción literaria.
Ilheus, donde pasó su infancia,
era zona de hombres siempre en pie de lucha en un
mundo de injusticias, de pescadores y marineros bahianos
azotados por todas esas miserias. Y estos fueron precisamente
los personajes que, traspasando la realidad, en sus
novelas hallaron la vida y en ellas se empadronaron.
Por eso ahora, al tratar de trazar
una semblanza de Jorge Amado, me viene a la memoria
una emocionante despedida, que a modo de elegía,
un amigo bahiano le había montado llamando
a capítulo a los más cercanos amigos
que el escritor tuvo en vida para que asistieran a
su entierro: sus propios personajes. Y por allí
apareció, contoneándose con gran sensualidad,
Gabriela, aquella mestiza pobre y harapienta que trató
de transformarse, oliendo a clavo y canela, en una
dama de la burguesía, intento tan tristemente
fallido… Doña Flor, la de los dos maridos,
uno rutinario, metódico y comodón, en
contraposición con el espíritu de su
gran amor sensual, Vadinho, el de los infinitos momentos
de chispeante placer. Y Tieta de Agreste, quien volvió
a su pueblo tras conseguir honor y fortuna, pero que
tampoco consiguió su redención. ¡Ah!
y el capitán Vasco Moscoso de Aragón
-protagonista de "Los viejos marineros"-
capitán de altura, ¿o tal vez nunca
lo fue? ¿Dónde yacía la realidad?
¿Dónde se escondía la verdad?
Y por supuesto con el respetable Joaquim Soares de
Cunha, transformado por gracia de su ganada libertad,
en Quincas Berro Dagua, gran juerguista, bebedor,
mujeriego y algunas cosas más, personaje con
el que vamos a conversar, pues es quien nos ocupa
hoy este espacio de breves semblanzas.
Decir, a estas alturas, que se casó
con Matilde García Rosa, con quien tuvo a su
hija Lila; que se graduó en Derecho; que fue
militante comunista durante toda su vida; que tuvo
que exiliarse en Argentina y Uruguay; que en 1945,
ya de vuelta en su país, fue elegido Miembro
de la Asamblea Nacional Constituyente y que como diputado
fue el autor de la ley que aseguraba la libertad de
culto religioso; que se separa de Matilde y se casa
con la escritora Zelia Gatai con la que tuvo dos hijos;
que su partido fue declarado ilegal y por ello tuvo
que volver al exilio; que en 1955, cansado de guerras
-como su Teresa Batista, que también asistió
a aquel fantástico y luminoso entierro- se
distanció de la política; que ya le
iba bastando con la literatura... decir todo eso,
pienso, no es tanto como que sus amigos se reunieron
en el día de su muerte y lloraron de pena por
su ya eterna ausencia.
A sus 90 años, desde esa atalaya,
él se recordaba como el hombre que recorrió
la vida en medio de la lucha y la denuncia de las
injusticias. Sus armas fueron sus mismos personajes,
tan vivos como los que frecuentó en la famosa
Academia de los Rebeldes de la que fue cofundador
y tanto ayudó a renovar las letras bahianas.
Pero, a pesar de las huellas que dejaron en él
un mundo atroz lleno de desigualdades injustas, escribió
sobre la vida, el amor y el mar y lo hizo con una
inquebrantable esperanza.
Elegido en 1961 Académico Brasileño
de las Letras, siguió recibiendo muchos y prestigiosos
premios, pero tal vez hubo uno que le complaciera
de una manera especial: el Título de Obá
de Xangô en la religión Candonblé.
Su pueblo.
Casi todas sus obras han sido llevadas al cine o a
la televisión, y esta historia breve de Quincas
Berro Dagua está considerada una de las obras
maestras, como mínimo, de la literatura portuguesa.
Lola
Peiró
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