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El título del libro y el cuadro
de El Bosco reproducido en la portada, nos llevan
a una suposición muy evidente: Ayala lo está
tomando como punto de referencia. Así que me
extasío frente a una buena reproducción
de ese magnífico tríptico -"Jardín
de las delicias"- tan lleno de vida. Los comentarios
doctos dicen que los objetivos del pintor estriban
en moralizar por medio de ácidas críticas
que recuerdan la tradición medieval con sus
deformaciones, caricaturas y malicias; moralizar,
digo, a fin de que los humanos reflexionen sobre sus
pecados. Pero El Bosco, como sucede con los grandes,
supera esa crudeza medieval por medio del dibujo,
el claroscuro y la perspectiva que, aun siendo irreales,
sumergen el cuadro en un mundo poético, lírico…
Y aunque en su apariencia todo el espacio es caótico,
sin orden, hay ejes organizadores que le dan una coherencia
admirable. Pues todo eso contienen también
las páginas que ha escrito Ayala: noticias
de periódicos que saltan como chispas, retazos
de recuerdos, pasiones rotas, dolor y alguna felicidad
sin esperanza de eternidades. Relatos aparentemente
sin cohesión, pero llenos de hilos invisibles
que parecen confeccionar, con esos retazos, un gran
manto donde todo encaja. "Ya el libro está
compuesto -dice Ayala en su última hoja- He
reunido piezas diversas de ayer mismo y de hace quién
sabe cuántos años; las he combinado
como los trozos de un espejo roto, y ahora debo contemplarlas
en conjunto. Sí; cuando me asomo a ellas, pese
a su diversidad me echan en cara una imagen única
donde no puedo dejar de reconocerme: es la mía".
Y luego se reprocha: "¿Para qué
escribo? ... El sarcasmo, la pena negra, la loca esperanza,
el amor, la felicidad, otra vez el sarcasmo… ¿no
basta con haberlo sufrido? ¿Era sensato preservarlo
en un arca de palabras? ¿No es perverso intento
el de querer oponerse a la fugacidad de la vida?"
Sus palabras y la justa manera de
expresar su pensamiento, son insustituibles. Por eso
he recurrido a él, para que el lector que busca
su libro, tenga una aproximación verdadera.
Nunca suelo contar los argumentos,
raras veces. Eso es cosa del lector. Yo sólo
pretendo preparar el terreno. La simiente debe germinar
por sí misma, en soledad, viniendo desde lo
oscuro hasta la claridad. Que tengan ustedes muy buena
y fructífera lectura. Ah, y espero que no se
olviden del insigne holandés Hieronymus Bosch.
Mientras yo leía los relatos del también
insigne Francisco Ayala, ni a uno ni a otro me pude
quitar de la cabeza.
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El Jardin De Las Delicias

Ver también: Información
biográfica de Francisco Ayala redactada
también por nuestra compañera Lola
Peiró
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