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"Entiendo que dar razón
de mi obra literaria equivale a dar razón de
mi vida"
"Uno escribe siempre su propia vida, sólo
que por pudor la escribe en jeroglífico"
Francisco Ayala nace en Granada en
1906. Su vida es prolija, y no solo porque haya cumplido
los 101 años, sino porque, además, los
ha vivido en el sentido pleno en que queremos que
se nos entienda. Porque él, en su paso por
la vida, ha tenido que contemplar las catástrofes
de dos guerras mundiales y una civil española,
pasó por la Alemania prehitleriana, por una
temible caza de brujas norteamericana, por la Argentina
de Perón -siendo él tan antidictaduras-,
sufrió destierros, enseñó su
saber por todo el continente americano, vio florecer
el cine y admiró a Pola Negri y Greta Garbo,
y lo que es más, incorporó ese bagaje
novedoso que traía el cinematógrafo
a su escritura, llegando incluso a reseñar
la adaptación de la novela de Chordelos de
Laclos -que llevó a la pantalla Stephen Frears
con el título de "Las amistades peligrosas"-
diciendo de ello que esas relaciones entre cine y
literatura eran también peligrosas, pero muy
estimulantes. Esta inmersión en el apasionante
mundo del celuloide, le lleva a escribir su libro
"El escritor y el cine" (1975), que le sirve
de plataforma para indagar en aquellos aspectos novedosos
que prometía traernos el porvenir, y que fue
uno de los primeros en aceptar sin reservas.
Se suele dividir la actividad creadora
de Ayala en dos etapas separadas claramente por un
acontecimiento tan contundente y lacerante como un
terremoto: nuestra guerra civil. En sus primeras publicaciones
-"Trilogía de un hombre sin espíritu"
(1925), "Historia de un amanecer" (1926)
- utiliza la narrativa de corte tradicional, entrando
ya en las vanguardias con "El boxeador y un ángel"
(1929) y "Cazador en el alba". En todos
estos relatos predomina ya la brillantez de su prosa
y un precioso estilo metafórico. Es de resaltar
su desinterés por lo anecdótico y sobre
todo su tremenda fascinación por el mundo moderno,
consecuencia de su curiosidad por las novedades que
han ido surgiendo a lo largo de este fascinante siglo
pasado.
Luego viene su largo silencio marcado
por los exilios, pero en donde brotará al fin
el ensayo y su acercamiento al mundo existencial y
absurdo que nos hace pensar en Kafka. "El hechizado"
(1944) y "Muertes de perro" -en la que expone
la degradación del hombre a consecuencia de
los sometimientos de las dictaduras- son una denuncia
a la inmoralidad y estupidez del poder.
Ayala vuelve a España allá
por los 60 y encuentra un paisaje completamente diferente
al que había dejado al comienzo de su periplo
por el extranjero, lo que le reafirma en su vieja
idea de que a los países, las sociedades y
las personas las cambia el tiempo. Él no reivindicó
nunca la búsqueda de "lo español
eterno" típico de la generación
del 98, sino la historicidad de los Estados-Nación.
Ayala tuvo la intuición de ver el cambio que
se avecinaba por todas partes, y a pesar de su pesimismo,
mantuvo en su retaguardia una gran ansia de vivir
sustentada por su eterna curiosidad..
Y regresó a España poco
a poco, silenciosamente, sin levantar homenajes, que
en aquel momento se instrumentalizaban para mejorar
la imagen de la España franquista. Y evitó
ese riesgo haciendo las cosas a su manera. Pero esa
llegada "poco a poco" fue más lenta
para sus obras, prohibidas desde 1939 a 1955. Aunque
llegaron, no tenían más remedio. Y fueron
apareciendo también los premios, los homenajes,
los reconocimientos…
En 1971 edita "El
jardín de las delicias", obra que
nos ha traído hoy hasta aquí. Pero como
conociendo la andadura del escritor se pueden intuir
los entresijos de su obra, tenemos algo del camino
andado; sólo nos falta, para entrar en su sancta
sanctorum, calzarnos sus propios zuecos..... Entrar
en El Jardín
de las Delicias
Lola
Peiró
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