La ciudad de Cáceres
tiene un encanto singular. Si es cierto que en invierno es fria y en verano extremadamente
calurosa, por lo que cuando más se puede disfrutar del golf es en primavera,
cuando las cerezas del Valle del Jerte están en flor, las montañas
nevadas están en pleno deshielo y la flora en plena efervescencia.