Es
el fin y paradero de las letras, y no hablo ahora de las divinas, que tienen por
blanco llevar y encaminar las almas al cielo, que a un fin tan sin fin como este
ninguno otro se le puede igualar, hablo de las letras humanas, que es su fin poner
en su punto la justicia distributiva y dar a cada uno lo que es suyo, entender
y hacer que las buenas leyes se guarden.