Vino,
primero, pura,
vestida de inocencia;
Y la amé como un niño.
Luego
se fue vistiendo
de no sé qué ropajes;
y la fui odiando sin
saberlo.
Llegó a ser una reina,
fastuosa de tesoros…
¡Qué
iracundia de yel y sin sentido;
…Mas se fue desnudando.
Y yo le sonreía.
Se quedó con la túnica
de
su inocencia antigua.
Creí de nuevo en ella.
Y se quitó la
túnica
y apareció desnuda toda.
¡oh pasión de
ni vida, poesía
desnuda, mía para siempre!