«Sortilegio
de las torcidas»
«Hacen unas torcidas
del lienzo donde ha caído el semen del hombre y las conjuran así:
Conjúrote con tres libros misales
y
tres iglesias parroquiales.
Se ponen dichas
torcidas a arder en un candil, una cada noche, y se rezan un Paternoster y Avemaria
a Santa Marta para llamar a los hombres a actos torpes, y con la dicha Santa y
nueve habas, tres granos de sal, tres carbones, una vela de cera, nueve torcidas
alrededor de un candil y nueve chinas y hancando un cerco, juntan las manos y
pasan las dichas cosas de una a otro y las arrojan todas en dicho cerco y las
vuelven a coger y arrojar de nuevo por tres veces, y señalan dos hachas16
con los dientes, que significan dos personas, y las habas quedan juntas en el
cerco y dicen ser señal que la persona ausente ha de venir y que ama mucho.
Otras hechiceras conjuran
así las torcidas:
Vida
de la vida,
de la carne de la sangre
de N. que me ames,
que me
estimes, que me regales,
que me des cuanto tuvieres,
y me digas lo que
supieres,
que te conjuro, N., con Barrabás,
que así como
estas torcidas arden
en este candil, así me quieras.»
Antonio Cruz Casado: Auristela hechizada: Un caso de «maleficia»
en el «Persiles»
Dónde te escondes, hermosa
mía,
Que no consiguen verte mis ojos,
Como te sueña mi
fantasía,
Llena de gracia, libre de enojos?
Ven do
el kokila dulce gorjea,
Do presta el loto su aroma al viento,
Ven que
mi anhelo verte desea
Y comprenderte mi entendimiento.
No eres
ensueño, realidad eres;
No finge el alma hechizos tales,
Aunque
más bella que las mujeres
Suya te llamen los inmortales.
Juan
Valera: Garuda o La cigüeña blanca