Por
su interés reproducimos un resumen de la noticia reseña del diario
El País: Tras el bombardeo norteamericano para decapitar
a Sadam Husein, la noche del 19 al 20 de marzo, las tropas de la 1ª División
de la Marina de EE UU entraron en Irak por la frontera de Kuwait. Según
cuenta en su nuevo libro Plan de ataque el periodista Bob Woodward, el presidente
Bush llamó por teléfono al presidente del Gobierno español,
José María
Aznar, y le narró en detalle cómo había dado la orden
de ir a la guerra por videoconferencia al comandante de las tropas, dos días
antes. "Nunca te sientas solo en momentos como éste", dijo Aznar.
"Tú sabes que muchos de nosotros estamos contigo", añadió. -
"Lo sé totalmente", dijo Bush. - "Cada vez
que tomes asiento en tu despacho recuerda que estamos contigo. Siempre tendrás
un bigote cerca de ti", apuntó, según Woodward, "el bigotudo
líder español". En su relato, el periodista nombra
a Aznar en 17 ocasiones. Al recapitular la historia de su decisión de ir
a la guerra, Bush explica que "la libertad no es un regalo de EE UU al mundo.
La libertad es el regalo de Dios a todos. Yo creo en esto". "¿No
puede sonar esta convicción transformada en política concreta peligrosamente
paternalista a los pueblos de otras naciones?", inquirió Woodward. "A
menos que seas la persona que va a ser liberada", respondió Bush,
y añadió su deseo de trabajar con los líderes del Reino Unido,
España y Australia en esa estrategia de liberación. "Tony
Blair, José María
Aznar, John Howard, todos ellos comparten el mismo celo por la libertad. Es
probable que parezca paternalista a algunas élites, pero ciertamente no
lo es para aquellos a quienes vamos a liberar. Éstos aprecian el celo.
Y la pasión", dijo Bush. Woodward cuenta que Bush pidió
un plan de ataque a Irak en noviembre de 2001 al secretario de Defensa, Donald
Rumsfeld, y narra los engranajes de la maquinaria bélica. El 12 de septiembre
de 2002, Bush debía pronunciar un discurso en la Asamblea General de Naciones
Unidas. En su Administración, el secretario de Estado, Colin Powell, que
ya estaba al corriente de los planes de guerra, insistía en que era necesaria
una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU. "Elegí la
opción de una resolución", recuerda Bush. "Blair tuvo
mucho que ver con ello". Y añade que antes de ir a la Asamblea General
habló con el primer ministro australiano, John Howard, quien le expresó
su apoyo al tiempo que le sugirió la necesidad de una resolución
de la ONU. "Bush recuerda que recibió la misma recomendación
del presidente [sic] español José
María Aznar". Hacía más de un mes
que se había aprobado la resolución 1441 sobre Irak. Bush interpretaba
que era una patente de corso para ir a la guerra. Esa resolución exigía
a Sadam Husein una declaración en la cual debía explicar la situación
de las armas de destrucción masiva cuya eliminación el régimen
iraquí sólo había acreditado parcialmente ante los inspectores
de la ONU. Sadam contestó con un documento de 12.000 páginas. El
18 de diciembre, Bush tuvo una reunión privada con "el presidente
[sic] español, quien apoyaba una confrontación militar con Irak",
señala el libro. "Con Aznar,
Bush bramó contra el documento enviado por Irak sobre las armas",
apunta el relato. "La declaración es nada, está vacía,
es una tomadura de pelo y nosotros seremos juzgados por nuestra respuesta",
dijo Bush a Aznar. El relato, basado en las notas del propio Bush
sobre sus conversaciones con Aznar,
señala que el presidente norteamericano creía que la resolución
1441 no podía ser "objeto de interpretación". Bush explicó
a Aznar: "Si se toma la decisión de ir a la guerra, volveremos al
Consejo de Seguridad. No vamos a solicitar permiso, pediremos el respaldo. Éste
fue el acuerdo con los miembros del Consejo de Seguridad [en noviembre de 2002].
El Consejo de Seguridad no tendrá veto, pero cuantos más países
respalden, más fácil será alcanzar un objetivo diplomático".
Y agregó: "La guerra es mi última opción. Sadam Husein
está usando su dinero para entrenar y ofrecer equipos a Al Qaeda con [armas]
químicas, está dando acogida a terroristas". A
continuación, según el relato, ambos hablaron de la situación
de Oriente Próximo. [Jacques] "Chirac dice que [Ariel] Sharon me está
nublando la vista", dijo Bush. Y subrayó: "¡Toro!".
Algunas veces, explica Woodward, "el presidente norteamericano llamaba a
Sharon El Toro". en ese momento, el intérprete interrumpió
el diálogo. "Señor presidente, en inglés hay dos definiciones
de la palabra toro". E indicó que podía ser un animal o basura. "Aznar
pareció coger el matiz", señala el relato. "Traducir
la palabra toro es uno de los grandes momentos de la diplomacia", dijo Bush
a Aznar y al intérprete. Después de las multitudinarias
manifestaciones contra la guerra en toda España y en el mundo, el 15 de
febrero de 2003, Bush recibió, el 22, a Aznar
en su rancho de Crawford, Texas. "Tuvieron una conversación
telefónica a cuatro con Blair y [Silvio] Berlusconi. Todos estuvieron de
acuerdo en proponer una segunda resolución de la ONU en la cual constaría
que Sadam había 'incumplido' la previa resolución 1441", relata
el libro. El 7 de marzo de 2003, Estados Unidos, Reino Unido y España copatrocinaron
un borrador de esa segunda resolución. Blair informó
a sus colegas de que Chirac pedía que se les diera a los inspectores de
la ONU otros 30 días más en Irak. "Olvídalo", dijo
Bush. "Es una maniobra dilatoria". Bush explicó que Francia estiraría
al máximo la cuerda para posponer la guerra. Los otros líderes parecían
estar de acuerdo". La diplomacia, concluyeron, había
acabado. "Hubo algún intercambio sobre si tenían autorización
legal para ir a la guerra. Vieron punto por punto la resolución 1441 y
concluyeron que las serias consecuencias sobre las que allí se advertía
a Sadam, caso de incumplir las exigencias de desarme, les proporcionaba autorización
para la guerra". en la mañana del 17 de marzo, Bush llamó
a Aznar para pedirle
que se pusiera en contacto con el presidente de Chile, Ricardo Lagos. "¿Puedes
hablarle y urgirle a que no intente una maniobra de último minuto?",
preguntó Bush. Aznar dijo que así lo haría, y le pidió,
a su vez, algo que necesitaba. "Mira, me ayudaría enormemente si pudieses
llamar a [sic] Juan Carlos. Sólo como acto de presencia". Woodward
señala que el Rey es el jefe del Estado español y si bien su figura
es decorativa "es popular y toma juramento al presidente [sic] del país".
Aznar quería,
según el relato, "satisfacer al Rey". "Buena
idea", dijo Bush. Una vez que se aseguró de que no habría
una contrapropuesta en la ONU, Bush instruyó a su portavoz para que hablara
con la prensa. Anunció que se retiraba la resolución, copatrocinada
por EE UU, Reino Unido y España, y confirmó que esa noche Bush hablaría
a la nación. "Poco después, Bush pagó su
deuda con Aznar", relata el libro, "y habló con el Rey durante
cuatro minutos". Bush dijo: "Su Majestad, esto es lo que está
pasando. Vamos a retirar la resolución y voy a hablar al pueblo norteamericano".
Según el libro, el Rey agradeció cordialmente la llamada. A
la una de la tarde del 19 de marzo, 31 equipos de las Fuerzas de Operaciones Especiales
norteamericanas ingresaron por el norte y oeste de Irak. Cuarenta y cinco horas
más tarde, Bush habló con Aznar.
Tuvieron una conversación de 20 minutos a través de la línea
segura. "Tenemos que tratar de hablar en código", dijo Bush.
"Las cosas están cambiando. Puede que tú no veas mucho lo que
ocurre, pero el ritmo ha cambiado". Aún no había filtraciones
sobre el avance de las tropas en Irak. Más tarde, le llegó información
a Bush, a través de la CIA, de que era posible matar a Sadam con un bombardeo
quirúrgico contra una granja donde estaría con sus hijos. Bush tomaría
esa decisión la noche del 19 al 20 de marzo. El 2 de abril,
la semana en que caería Bagdad, Bush llamó por teléfono a
Aznar. "Estamos
perdiendo una parte de la guerra, la de la propaganda", explicó Bush. El
día en que los norteamericanos, con un puñado de iraquíes,
tumbaron la estatua de Sadam en Bagdad, el 9 de abril, Bush habló a las
11.27, hora de Washington, con Aznar. "La estrategia está dando resultados,
pero no nos verás haciendo bailes de la victoria ni nada porque en la parte
norte del país las ciudades de Mosul, Kirkuk y Tikrit están en manos
enemigas", añadió. Según Woodward, dos días antes
se había bombardeado un restaurante donde se aseguraba que estaban Sadam
y su hijos, sin que hubiera pruebas sobre el resultado. "Personalmente pienso
que le hemos matado dos veces. Creo que matamos al auténtico Sadam el primer
día y ayer matamos a su doble", señaló. Y respecto a
las armas de destrucción masiva, explicó a Aznar:
"Hay gran cantidad de túneles y cuevas allí. Tenemos que controlar
las expectativas sobre eso. Va a llevar un rato remover los escombros y encontrar
dónde se escondía la cosa".
_______________________________________ Reseña
"Plan del ataque," Bob Woodward The
New York Times (19-4-2004). Por MICHIKO KAKUTAN. Resumen euroresidentes.
Bob
Woodward utiliza los detalles innumerables de la administración Bush para
describir la guerra contra Iraq. Su narrativa ilumina la profética personalidad
y la relación entre la política entre los halcones y las palomas
de la administración Bush. El libro "Plan del ataque" revela
al presidente George W. Bush pidió al Secretario de Defensa Donald H. Rumsfeld
el 21 de noviembre de 2001, que comenzara un plan de la guerra para Iraq, y lo
hiciera "tan en secreto" porque una filtración podría
desencadenar reacciones internas e internacionales en contra. Además
el "Plan del ataque" ratifica las aserciones hechas en dos libros polémicos
recientes. Corrobora la observación hecha por la secretaría de Hacienda
anterior Paul O'Neill (en el libro de Ron Suskind "El precio de la Lealtad")
que Iraq estaba en la agenda de la administración Bush antes del 11-S.
Y las acusaciones de Richard A. Clarke (en su libro "Contra todos los enemigos"). Gracias
a un amplio acceso a fuentes de información que gozó el autor en
el entorno de la Casa Blanca y de la administración Bush con motivo de
su libro anterior (Bush at war), "Plan del ataque" presenta más
base e información que muchos de los libros anteriores del autor, que se
basaron en fuentes más endebles. The New York Times afirma que el volumen
que resulta de su último trabajo lo hace, entre todos, el de mayor alcance
y el más persuasivo desde hace años. En la divulgación
de que las cartas en septiembre de 2002 respecto a que se "había estado
buscando los misiles de Scud y otras armas de la destrucción masiva en
los últimos 10 años y no se han encontrado todavía,"
Sr. Woodward agrega: "podría, y debía, haber sido una advertencia
que si la inteligencia no era bastante buena tomar decisiones del bombardeo, no
era probablemente bastante buena hacer la amplia aserción, en público
o en documentos formales, que no había ` ninguna duda ' de que Saddam tenía
WMD." ____________________________ La versión del diario
conservador Abc: El
filón de los «best sellers» de Bob Woodward
"El
afamado periodista del Watergate publica cada dos años rentables libros
sobre los entresijos del poder, plagados de pasajes novelados y fuentes anónimas" |