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Resulta
tarea casi imposible el sintetizar no sólo
una obra tan ingente sino también una vida
diversa, de continua búsqueda, de recorrídos
geográficos, de buceos históricos e
inmersiones dentro del espíritu humano, como
lo es la trayectoria intelectual y vital de Mircea
Eliade, uno de los intelectuales más influyentes
del pasado siglo XX y relevante historiador de las
religiones sobre cualquier otro tema, aunque él
dijera alguna vez que su verdadera vocación
había sido, en un principio, la narrativa.
Quizás fuera así, aunque bien pronto
se reconoció su importancia en el campo del
ensayo y la investigación. Pero no cabe duda
de que esta habilidad en el uso del lenguaje y la
nitidez con que lo maneja, que son características
del buen narrador, le sirvieron para expresar con
gran claridad sus ideas, y recuperar el respeto acerca
del fenómeno religioso, tan vilipendiado en
occidente durante el s XIX entre otras cosas por su
confusa exposición y falta de rigor.
Estudió filosofía en la universidad
de Bucarest y a los 21 años viaja a la India
porque busca sin descanso el comprender el alma humana,
y esa búsqueda cuya aclaración pudiera
mitigar su desasosiego que él centraba en las
raíces religiosas del hombre, intuyó
que era en oriente donde bien pudiera encontrar alguna
respuesta. Así, para conocer el yoga y los
tantras, pasa tres años en Bengala estudiando
sánscrito con el maestro Desgupta, (quien le
mira con recelo a causa de la inclinación de
Eliade hacia su hija…) Pronto se retira a los Himalayas
y practica el yoga con otro gran maestro: Shivanananda.
La India fue, en realidad, su periodo de formación
intelectual más profunda; era el soporte que
le faltaba a sus conocimientos occidentales adquiridos
en la universidad de su país. Y en oriente
fue donde elaboró su interesante visión
de la religión partiendo de las etapas del
hombre primitivo cazador y agrícola, las épocas
culturales del dominio de los metales, llegando a
los extensos ámbitos de los pueblos indoeuropeos.
Pero es el yoga lo que le lleva a alcanzar estados
místicos de la conciencia, es decir, experimentar
directamente lo sagrado y así quedaba validado
su sistema filosófico. Eliade encontraba esa
abstracción teórica falta de sentido
sin la experiencia extática, como el científico
no puede dar por terminada una teoría sobre
la curación de una enfermedad sin haberla experimentado
sobre los pacientes.
En Europa sigue caminos literarios que se bifurcan,
siguiendo por un lado el estudio con gran rigor del
fenómeno religioso y que dio lugar a La Historia
de las creencias y de las ideas religiosas; por otra
parte emerge su obra narrativa que, ante la importancia
de su aportación ensayística, queda
en segundo plano. Sin embargo sus novelas y relatos
siguen teniendo un mismo enfoque: la búsqueda,
que no puede quedar frenada, pues la arrastra su insaciable
curiosidad. La inmensa erudición de Eliade
podría abrumar, pero su estilo sencillo pone
su obra al alcance de especialistas y meros aficionados,
haciendo de sus novelas un trasunto de sus ideas y
preocupaciones, lo que le da a las fantásticas
aventuras espirituales que cuenta, un halo de contundente
verosimilitud.
Fue coetáneo, y en la mayoría de los
casos amigo, de prohombres rumanos como Emil Cioran,
el más nihilista de los filósofos del
XX; Eugene Ionesco, creador del teatro del absurdo,
Tristán Tzara, impulsor del dadaísmo,
Negulesco y otros. También es interesante reseñar
su colaboración con Jung en el Círculo
Eranos, y con Junger en la revista "Antaios"
Y por último, como posible resumen, decir que
si Jung trata de hacer comprender a los occidentales
la fenomenología de las experiencias místicas
por medio de los símbolos de la mente consciente,
Eliade representa en el siglo recién pasado
la articulación y pedagogía del fenómeno
religioso, desde el que tuvo lugar en Eurasia (los
cazadores y recolectores del neolítico), hasta
la llegada de las grandes religiones como el budismo,
el mazdaismo o el cristianosmo

Medianoche en Serampor de Mircea
Eliade
La obra que nos ocupa, Medianoche en
Serampor, es un relato de apenas unas 60 página
que nos absorbe desde sus primeras frases por varias
razones: su lenguaje sencillo pero fluido y contundente
como hecho para explicar situaciones e ideas precisas,
se torna brillante, flexible y expresivo cuando describe
los brumosos ambientes de las misteriosas ciudades
de la India, como Calcuta, o los paisajes de la misteriosa
selva en la noche bengalí.
Por otra parte, nos encadena también
al relato el propio tema, que se vuelve misterio apenas
empezada la trama: unos amigos, el neerlandés
Van Manen, el ruso Bogdanov y el propio Eliade, que
habla en primera persona -todos orientalistas y estudiosos
del sánscrito- acuden a pasar fines de semana
a un bungalow cuyo dueño, Budge, les invita
a beber y charlar consumiendo veladas entre licor
y discusiones -envueltos en el misterio de las palabras
y la historia- y en el marco de tan enigmático
país. Pero en una de esas noches, tras salir
ya de regreso hacia Calcuta, se ven inmersos en el
episodio más alucinante jamás vivido
hasta entonces: son espectadores, sin entender lo
que está pasando, de un crimen sucedido a finales
del S. XVIII del que saldrán completamente
ofuscados. Buscan las respuestas a tan extraño
suceso y es ahí donde el autor, gran conocedor
de las experiencias espirituales inducidas por enteógenos
y otras prácticas, desarrolla sus razonamientos
que resultan sólidos y convincentes; nos sumerge,
de hoz y coz, en ese denso y pesado ambiente que recubre
el país de los acontecimientos místicos
más inusuales.
La aventura está muy bien trazada,
a la manera tradicional como es su caso, pero su mayor
interés estriba en la facilidad con que el
escritor explica el fenómeno que ha sucedido
y que ha dejado al grupo perplejo, a los servidores
del bungalow asustados y al propio anfitrión
lleno de dudas y suspicacias. No es ni mucho menos
una novela de intriga o policíaca al uso; es
la explicación que da un sabio de un suceso
inexplicable haciendo uso de su rigor científico
y en el marco de una atmósfera irreal y mágica.
Explosivo, ¿no? Ese análisis no es pues
más que una inteligente mezcla de rigor y amenidad,
y sólo puede hacerse con maestría de
la mano de quien une una excelente capacidad narrativa
a un profundo conocimiento de las fuentes que maneja.
Y por ello Eliade se siente, contándonos todas
estas historias, como pez en el agua, pero tratándose
de él, de aguas profundas. Les aseguro que
vale la pena decidirse a realidad tal inmersión.
Lola Peiró
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Medianoche En Serampor
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