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John
Steinbeck nace en Salinas, (California) dato que nos
sitúa y justifica la temática de gran
parte de su obra. Respiraremos el plácido paisaje
de su tierra natal y veremos cómo esa serenidad
que percibió allí en su niñez,
con paisanos tranquilos y felices viviendo de la pesca
y de la agricultura entra, en sus obras mayores, en
conflicto con el mundo de las nuevas tecnologías
con personajes atrapados en una sociedad injusta,
personajes que a pesar de todo siguen siendo humanos,
heroicos, a veces incluso a pesar de su derrota.
Steinbeck estudió en la universidad de Stanford
y en sus periodos intermedios, trabajó como
bracero y recolector de frutas en el campo. Ese contacto
con el trabajador agrícola, en gran medida
explotado, le servirá para decantarse en sus
relatos por el hombre desprotegido cuyas circunstancias
conoce bien. Y es curioso ver cómo en pleno
siglo de progreso industrial y cuando muchos escritores
ya se interesan por problemas fabriles y urbanos,
Steinbeck se ancla en el campo al que ve desaparecer
en su aspecto más bucólico y sereno.
Perteneció a la famosa "Generación
perdida", escritores norteamericanos escindidos
por las guerras, la pobreza naciente, y las nuevas
corrientes europeas marcadas por el pesimismo existencial,
Mencionemos entre ellos a S. Scout Fritzgerald, E.
Hemingway, John Dos Passos, W. Faulkner, H. Miller
y el mismo Steimbeck. Tras los felices años
20 de gran auge económico, el crack del 29
les lleva a la gran depresión, al éxodo
rural que abarrota los suburbios de las ciudades industrializadas
en donde se generan grandes bolsas de desigualdad
y pobreza. Es lo que se refleja en esa nueva generación
de escritores llamada por Gertrude Stein, "perdida".
En Steinbeck, la gran preocupación por el
hombre desarraigado, hundido, pero también
por la transformación que está sufriendo
la sociedad de su país, forman la sustancia
de sus novelas, que le llevaron a recibir, en 1962,
el Premio Nobel de Literatura.

Camaradas errantes de John Steinbeck
Camaradas errantes, más conocida por su título
original Tortilla flan, es la cuarta obra que editó
su autor, y aunque en ella ya se vislumbra el conflicto
entre el hombre y la naturaleza, entre la vida espontánea
y la civilizada, no deja de ser un canto a la vida
libre con unos perfiles "románticos"
y en gran medida poéticos muy acusados . Narra
la vida de unos vagabundos que viven no exactamente
al margen de la sociedad, sino ignorándola,
prescindiendo de aquello que les aleja de la paz y
las cosas que cumplen la misión de hacerles
felices en el más absoluto de los presentes:
"Para ellos la vida consistía en levantarse
por la mañana, sentarse al sol y realizar especulaciones
teóricas acerca de lo que traería el
Pirata para comer".
Steinbeck elige la clave de humor, las situaciones
jocosas, la suave ironía, con tipos cercanos
a la caricatura, y su filosofía hedonista y
transgresora hace que la trama resulte una lectura
divertida y amable. Para los paisanos, elementales
como los mismos fenómenos de la naturaleza,
el amor, por ejemplo, "el amor, es hacer algo
al respecto" Y en sus hermosas descripciones
sobre el paisaje, la amistad o el hombre, la prosa
se transforma en una ventana hacia la poesía.
Pero en cuanto se refiere a la mujer, el autor siempre
resulta del todo socarrón, fiel a los lugares
comunes, pero nunca hiriente.
Danny es el posible protagonista, absorbido con frecuencia
por la recia personalidad de un Pilón, sagaz,
hábil en retorcer argumentos que siempre lleva
a su provecho, con la particularidad de que acaba
creyéndose sus falacias; buen amigo, hasta
el extremo de compartir una damajuana de vino tinto
en una tarde de lluvia frente a los leños sustraídos
a la viuda Morales a quien también le escamotean
huevos o algún pollo de su corral, mientras
alguno de ellos le paga con "favores" a
salto de mata. No habrá habido lector que no
haya soltado alguna que otra carcajada, y al que no
le hayan brotado miles de sonrisas.
Pero el sustrato de inconformismo y desesperanza
por la muerte de la inocencia del hombre, rezuma ya
al final de la novela. Un acontecimiento inesperado
resuelto con tintes heroicos, anuncia el dramatismo
de sus obras posteriores.
Creo que es una de las lecturas que uno difícilmente
puede olvidar: demasiados buenos ratos, y mejor si
se lee durante unas plácidas vacaciones en
donde se pueda ubicar con facilidad la relajación
y el buen humor. En sí, un canto a la libertad.
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Lola
Peiró
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