En
el acto de presentación del Premio Alfaguara, José Saramago indicó
que se trataba de una "gran historia de amor" y la propia Laura Restrepo
da una clave adicional: "Los colombianos presumimos de estar muy cuerdos
y creo que estamos todos locos". Experiencia no le falta a la autora
quien en 1983 fue designada por el Presidente Betancur miembro de la comisión
negociadora de paz entre el gobierno y la guerrilla M-19 y es conocedora de los
entresijos de una realidad muy compleja y de soluciones no improvisables.
Ignacio
Echevarría nos hace en Babelia un resumen de urgencia de la novela de la
reproducimos unos párrafos: "Delirio plantea el sinuoso esclarecimiento
de un enigma: el del trastorno al parecer irremediable de la joven y bellísima
Agustina Londoño, perteneciente a una familia patricia de Bogotá.
Cuatro líneas narrativas progresan paralelas y finalmente se trenzan en
averiguamiento de las razones por las que un buen día fue hallada Agustina
en la habitación de un hotel, sumida en una locura que hasta el momento
sólo se había manifestado en ella de manera episódica pero
que de pronto parece anegarla por entero. Por un lado transcurre
la investigación de Aguilar, amante devoto de Agustina, que lucha con denuedo
por recuperarla. Por otro, la reviviscencia, por parte de Agustina, de su infancia
dolorosa y del truculento cuadro familiar en que transcurrió. Luego está
la reconstrucción, a través de cartas y diarios, de la personalidad
enajenada de Nicolás Portulinus, el abuelo materno de Agustina, un músico
alemán afincado en Tierra Caliente. Y en contrapunto, el soliloquio lúcido
y desesperado de Midas McAlister, antiguo amante de Agustina, un trepador que
actúa de intermediario entre Pablo Escobar -el antaño todopoderoso
capo del narcotráfico- y la oligarquía bogotana. A
excepción de la de Aguilar, que actúa como eje de todas las demás
(pues a él corresponde "ordenar la concatenación de los hechos
con calma y a sangre fría, sin exagerar, sin dramatizar"), cada una
de las otras tres líneas narrativas de la novela va desvelando diferentes
estratos del trauma que se halla en la base del desvarío de Agustina. Si
la historia de Portulinusapunta a sus antecedentes hereditarios, el cuadro familiar
de los Londoño se dibuja con trazos típicamente freudianos, sin
que en él falten los escarceos incestuosos y las corrientes edípicas,
en el marco todo de una severísima denuncia de la hipocresía que
rige los comportamientos de la alta sociedad bogotana y de su arraigado machismo. En
cuanto al monólogo de Midas McAlister -sin duda la línea más
atractiva de la novela-, escarba en el sustrato de corrupción y de feroz
violencia en que se sustenta la sociedad colombiana en su conjunto, mostrando
su fragilidad. Los elementos señalados: oligarquía, elementos
freudianos, la hipocresía de la sociedad colombiana y la autora evaluando
el machismo implícito en la relaciones familiares y sociales que rigen
quizás no nos sean tan ajenos. La realidad colombiana es escalofriante.
Pero no es producto de una casualidad histórica. Para comprender
España hay que empezar a mirar cada vez más una literatura que se
desarrolla con mayor frescura y auge en América Latina. No es sólo
cuestión de una herencia desordenada en sus elementos sociales y políticos.
Hay elementos de carácter y de debilidad en unas "democracias de bolsillo".
Pero acaso la realidad española ¿no soporta retrocesos vaivenes
en su reciente desarrollo? ¿a qué responde la devastadora violencia
doméstica que España sufre en pleno XXI?
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