PRESENTACIÓN
ÁLBUM NERUDA EN LA RESIDENCIA DE ESTUDIANTES
(MADRID, 10 de octubre de 2007)
Las personas que me han precedido en
el uso de la palabra (Rafael Cadenas, Óscar Hahn, Álvaro Mutis e
Ida Vitale) conocieron a Neruda en algún momento de su vida como han narrado.
Les voy a decir inicialmente un dato emotivo, que abandonaré luego para
buscar un tono menos emocional de palabra: yo no conocí a Neruda, pero
el día de su muerte, el 23 de septiembre de 1973, yo estaba en una cárcel
en España como preso político, en Palencia, y eso explica determinada
intensidad memorial que el poeta siempre me ha creado. Pero abandono como he dicho
este tono y este dato.
Hace algún tiempo recibí a través
de Luis Muñoz la invitación de la Residencia de Estudiantes para
escribir la biografía de Neruda que iba a acompañar un Álbum
con un material fotográfico extenso e intenso que recorría la vida
de alguien que fue sin duda, en el terreno de la poesía, de la historia
y de la cultura, una de las imágenes esenciales del siglo pasado. La
biografía es un género que me atemoriza. En un ensayo sobre un autor
dejamos volar la interpretación y a veces la imaginación sobre aspectos
y significados de su obra. Una biografía, sabemos, es algo diferente. Existen
los datos y su tradición, la que el biografiado ha sabido o querido crear,
la que indicios, contradicciones, testimonios de otros, han determinado como línea
imprescindible para presentar la historia de una vida, que de eso se trata. En
el caso de Pablo Neruda, había algo abrumador: el propio escritor había
escrito su biografía dos veces (en los años sesenta en las memorias
que por entregas publicó en la revista brasileña O Cruceiro internacional,
y hasta el final de sus días, utilizando estos mismos materiales, en aquel
libro bellísimo que apareció póstumo y se titula Confieso
que he vivido). Su obra poética y sus múltiples prosas fueron construyendo
además una imagen, a través de la autobiografía poética,
el autorretrato o el relato pormenorizado y fragmentario de episodios. Debíamos
partir siempre entonces de que había que escribir la biografía teniendo
en cuenta este amplio material autobiográfico. Un material que por otra
parte resultaba a veces extraño. El que vivió conflictos, situaciones
históricas límites, amores, una paternidad difícil, enemistades,
memorias y olvidos, parecía que no quisiese dejar ni un atisbo de duda
sobre cómo vivió todo, cómo resolvió todo, como gozó
y sufrió sus peripecias vitales. No parece que exista en este amplio material
el ofrecimiento de algún resquicio por el que penetrar. Hay una idea que
sí que parecía evidente: lo conflictivo suele ser mencionado por
Neruda con levedad e inmediatamente abandonado con seguridad en el de curso testimonial
que el autor fue creando. | | | Fotos
presentación libro P. Neruda "Con
José Carlos Rovira, Alvaro Mutis, Ida Vitale, Rafael Cadenas, Oscar
Hahn, y la directora de la Residencia de Estudiantes (Alicia Gómez-Navarro)
, junto a los representantes de la Fundación Endesa y la Fundación
Neruda (Jorge del Río)" |
Al biógrafo
le quedaría entonces una línea por la que penetrar en la vida: lo
conflictivo, que es mucho, como una serie de momentos de los que también
hay que dar cuenta, o incluso de los que sobre todo habrá que dar cuenta
dado el peso autobiográfico con el que parecía haber solucionado
todo sin fisuras. Pero habrá que huir siempre del recurso de lo
conflictivo como espacio principal de interpretación, y sobre todo habrá
que huir de ampliar los conflictos hasta el límite de esencializar la biografía
en ellos. Se puede hacer hasta una biografía escandalosa de Neruda, y algunos
lo intentaron fragmentariamente, pero desde luego mi intención era otra:
dar cuenta de los conflictos, sí; dar una interpretación de los
mismos que quizá no le hubiera gustado al poeta, también; pero no
se trataba de simplificar en ellos el sentido de una vida, porque a fin de cuentas
les diré que biografiamos a alguien también porque le amamos, y
en este caso era imprescindible partir del valor indudable de una poesía
y del alto significado de un comportamiento en el terreno de nuestra historia,
la mía también, contemporánea. Sintetizando mucho aquí,
si recorremos la línea de Neruda y el amor o los amores, perfilaremos la
intensidad, la plenitud, las catástrofes, los recuerdos y los olvidos,
con alguna pequeña miseria y maldad también, de quien nos interesa
sobre todo porque fue uno de los grandes constructores del lenguaje y la poesía
amorosa del siglo XX, y los poemas fueron dedicados a varias mujeres que sucesivamente
adquieren imagen y memoria poética, o por el contrario se intenta construir,
como algunos han esbozado, una historia escandalosa más propia de revista
del corazón. También el Neruda de los engaños amorosos,
que fueron varios y los recojo, creó, precisamente por ellos, dos de los
más grandes libros de poesía de amor en nuestra tradición:
me refiero, claro, a los Versos del capitán y a La espada encendida. Mujeres
que se llamaron, aparte de otras, Albertina Rosa Azócar, Josie Bliss, María
Antonia Haggenaar, Delia del Carril, Matilde Urrutia o Alicia Urrutia recibieron
en sucesivos tiempos el amor y la poesía. Contémoslo, sin olvidar
detalles, con la trascendencia que debió tener el amor y la expresión
poética del mismo. Neruda y la política es otro apartado para
inquietarnos en la síntesis: ¿no tuvo dudas sobre lo que estaba
viviendo a lo largo de toda su existencia? Suponemos que, quien se hizo revolucionario
en la España de la guerra civil, político del partido comunista
en los años 40, exiliado forzoso, viajero continuado por los países
del socialismo real, defensor apasionado de la revolución cubana,candidato
comunista a la Presidencia de su país, valedor hasta el final de la experiencia
de socialismo democrático que significó Salvador Allende y la Unidad
Popular chilena, se debió de dar cuenta muchas veces del terreno difícil
que pisaba y en el que actuaba. Y no olvidaremos las pesadumbres del cantor de
Stalin cuando el XX Congreso del PCUS le demostró su error como parte de
una pesadilla colectiva de la historia. Pero no olvidaremos la coherencia como
una guía difícil en la que contenidos de utopía más
o menos maltrechos nos llevan hasta el final, a su muerte en medio de un golpe
fascista en Chile que restituía brutalmente su coherencia a un círculo
pavoroso de reiteraciones que él había vivido en la España
de 1936 y en el Chile de 1973. Sus dudas, temores, pesadumbres, pequeños
desmoronamientos son recorridos sin que el biógrafo pueda dudar de la grandeza
del personaje. Ahí están también los dolorosos acontecimientos
de los años 64 y 66, cuando Neruda fue objeto al mismo tiempo de ataques
desde intelectuales pagados por Fundaciones Culturales de la CIA, cuyo objetivo
preciso es que no obtuviera el Nobel de Literatura, que años después
obtuvo, y también desde un conjunto de intelectuales cubanos que, por otros
motivos y en nombre de su revolución, disparaban contra quien en 1960 había
escrito el primer libro dedicado a la misma, Canción de gesta. La coherencia
también parece que provocó este fuego que no era cruzado entre ellos,
sino que tenía el mismo blanco y sentido desde posiciones ideológicas
adversas, pero unidas en combatir al poeta chileno. A veces, al trazar una biografía,
nos encontramos, seguramente un sorprendente espacio que más que con las
ideas tuvo que ver con algo tan simple como la envidia, que también a veces,
aunque sea algo tan miserable, sirve para interpretar la historia. También
quiero dejar constancia de las deudas que el biógrafo tiene. Están
recogidas en las notas y referencias del texto, pero hay un nombre que me ha servido
de guía por muchos motivos, aunque haya tenido que modificar alguna de
sus interpretaciones mediante otros datos. Me refiero al querido Volodia Teitelboin
que unió en su trabajo biográfico sobre Neruda el rigor, la amistad
y un conocimiento casi paralelo de la historia de Chile y del mundo. A Volodia
quiero recordar hoy aquí con cariño oceánico. En fin,
no les voy a dar más datos de la biografía, porque quiero que la
lean. Y lo hagan además recorriendo las casi 450 fotografías que
forman el Álbum. Creo que el valor esencial del libro es que, durante algún
tiempo, hubo que acompasar el texto con las imágenes que, en sucesivas
entregas, nos fueron llegando. La Fundación Neruda realizó el primer
trabajo de documentación gráfica y a él se unieron otros
fondos que necesitábamos, entre ellos los procedentes de Bernardo Reyes,
sobrino-nieto del poeta que cierra las páginas del Álbum con una
evocación familiar. Otros fotógrafos cedieron material y hubo un
trabajo de selección y revisión documental que, desde la Residencia,
dirigió su responsable de publicaciones, Belén Alarcó, junto
a algunos colaboradores. Menciono esto porque el resultado tiene que ver con el
rigor que Belén desde el principio asumió y que hace que el autor
de un texto tenga que responder a medio centenar de correos y otro medio centenar
de llamadas telefónicas en los que se cuestionaba un pie de foto, la carencia
de un dato del que tenemos la fotografía y la insuficiencia de algunas
fotografías de las que no teníamos más que la imagen y ningún
dato. Lo cual hace que el biógrafo haya tenido que dedicar más tiempo
a este libro que a todos los demás, diría incluso a todos los demás
juntos, que en tono académico-ensayístico he escrito sobre Pablo
Neruda. Imágenes de una vida, y narración de la misma, es
por tanto el libro que hoy se presenta, donde será imprescindible también
encontrar la referencia poética precisa que anima esencialmente la biografía
de quien tan alta relación estableció siempre entre vida y poesía.
Hay subyacente a la biografía un decurso poético con el que
recorremos a alguien que muy joven, en Madrid, en 1935, escribiera aquello de:
Sucede
que me canso de ser hombre. Sucede que entro en las sastrerías y en
los cines marchito, impenetrable, como un cisne de fieltro navegando en
un agua de origen y ceniza. El olor de las peluquerías me hace llorar
a gritos. Sólo quiero un descanso de piedras o de lana, sólo
quiero no ver establecimientos ni jardines, ni mercaderías, ni anteojos,
ni ascensores. Sucede que me canso de mis pies y mis uñas y mi pelo
y mi sombra. Sucede que me canso de ser hombre., |
Y
recorrió luego, sin aparentemente muchos cansancios, la historia y la política,
aunque a veces los tenía, y es imprescindible recordar aquellos versos
de Estravagario en 1957, cuando dice: "Déjenme solo con el día/
pido permiso para nacer"; también recorrió sin muchos cansancios
el amor, las cosas elementales, la vida, hasta terminar escribiendo un día,
en septiembre de 1973, en un hospital de Santiago de Chile, cuando un golpe de
estado militar asolaba la sociedad e incluso destruía sus casas, aquello
de: Ahí
está el mar? Muy bien, que pase. Dadme la gran campana, la de la
raza verde. No, ésa no, la otra, la que tiene en la boca de bronce
una ruptura, y ahora, nada más, quiero estar solo con el mar principal
y la campana. Quiero no hablar por una larga vez, silencio, quiero aprender
aún, quiero saber si existo. |
Gracias
por la atención (C) José Carlos Rovira- Residencia
de Estudiantes - Madrid.
José
Carlos Rovira Soler. Catedrático de Literatura Hispanoamericana, del
Departamento de Filología española, Teoría de la Literatura
y Lingüística general de la Universidad de Alicante. Director de la
Revista América sin nombre.
Ha sido Director Académico
de la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes y persona clave en su internacionalización
en América Latina y en el desarrollo de valiosísimos contenidos
de esta área. También ha sido Vicerrector tanto de Nuevas
Tecnologías e Innovación Educativa como de Extensión Universitaria
en la Universidad de Alicante. El profesor Rovira es uno de los grandes conocedores
de América Latina. |
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