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Desde
hace 25 años, una mujer ya mayor, de aspecto
amable, ha vivido en una de esas pintorescas calles
de casas de ladrillos en las afueras de Londres. Una
mujer que todos los vecinos conocen, pues toma parte
activa y eficaz en los acontecimientos del barrio.
Parece ser que al hacerse pública la noticia
de que se le había concedido el Premio Nobel
, una vecina preguntó extrañada "¿Que
le han dado a la señora Lessing qué?"
(ver esta foto tomada el día después
del anuncio).
Esa mujer afable de los alrededores
de Londres había nacido en 1919 en Persia,
el hoy Irán, pero de padres británicos
que, tras la I Guerra Mundial, habían decidido
abandonar el lugar de los terribles acontecimientos.
Y recalaron en ese entonces lejano país del
oriente. Pero no tardaron en abandonar aquellos territorios,
y en 1925 se trasladan a Rhodesia (actual Zimbabwe)
en donde la niña Doris pasó toda su
infancia.
Tras abandonar los estudios, pasar
por varios empleos temporales, dos matrimonios fracasados,
tres hijos y ya bastante escrito, se traslada a Londres
donde se asienta definitivamente. Y desde esa atalaya
en donde se decide seriamente a escribir, Lessing
no olvidará las tierras de África, tan
saturadas de conflictos raciales, desigualdades sociales
y recuerdos que le producían un gran dolor.
Ese es su bagaje, el que llevará a todo su
mundo literario, y que va a descargar especialmente
en su obra magna "El cuaderno dorado", pieza
maestra de las letras inglesas de esa época.
Allí realizará un despiadado análisis
de tópicos, actitudes políticas, tradiciones
y rituales, también de la vida británica.
Por eso estima necesario tomar interés activo
en la política, en el estudio de la psicología
de la mujer (especialmente madura) y reflexiona con
finura sobre el conflicto generacional. Anna Wulf
será la protagonista de todo este entramado
llevado a cabo mediante la redacción de cuatro
cuadernos (negro, rojo, amarillo y azul). A través
de ellos va mostrando, según los momentos de
su vida, diversos aspectos de su realidad.Lassing
incidió intensamente en los aspectos más
desfavorecidos de la vida de las mujeres y por eso
se ha considerado su obra, y especialmente este libro,
como la Biblia del feminismo, término que la
escritora desmintió diciendo que sus propósitos
nunca habían sido políticos, sino literarios:
"Suscribo -dijo- la máxima de Virginia
Wolf según la cual las escritoras serán
libres cuando, sentadas a escribir, no piensen si
escriben o no como mujeres". Su interés
en defender la identidad femenina no era otro que
el de apoyar a un ser humano en inferioridad de condiciones.
Y se esforzó en que la entendieran.
Su obra es amplísima, y toda
ella está cubierta por la sombra de sus preocupaciones
sociales, políticas o psicológicas,
imprimiendo en algunas de ellas un género,
una suerte de ciencia-ficción que ella llamó
de "espacio interior", como en "El
matrimonio entre zonas tres, cuatro y cinco",
"Conopus en Argos" etc. y que veremos aparecer
con toda sutilidad en la novela que me propongo comentar
a continuación: "El
quinto hijo"
Lola
Peiró
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