| "Lo importante
es la reunión con el gran jefe, lo demás puede esperar".
Esta es la frase que mejor define al directivo obsesinado por las cumbres. El
"cumbres" está en permanente contacto con la secretaria del gran
jefe, a la que le manda
flores el día de su cumpleaños
y sabe muchas cosas sobre su vida personal. Sabe cuando el jefe está de
buen humor o de de mal humor. Cada cumbre con el jefe es la razón de ser,
el objetivo.
Más importante que la empresa funcione, es que la reunión
con el jefe sea un éxito. El "cumbres" reune a su equipo y simula
al detalle cada una de las preguntas potenciales que el jefe puede hacer. Se ensayan
las respuestas más brillantes. Se recurre a exposiciones powerpoint,
vídeos, exposiciones, resúmenes ejecutivos, todo lo que haga falta
para impresionar y agradar al gran jefe. Todo es poco para mostrar al gran
jefe que hasta el más mínimo detalle está bajo control, la
capacidad de generar ideas, la brillantez de las ejecuciones pese a las grandísimas
dificultades... y el enmascaramiento de los resultados si estos no fueran todo
los buenos que debieran ser. El cumbres no deja nada para la improvisación.
Sabe lo que le gusta al gran jefe. Por eso lo tiene todo preparado a conciencia.
Sabe a ciencia cierta qué, cuándo y cómo lo pedirá...
si el gran jefe abre la boca, el cumbres estira su mano y coge el documento que
va a pedir para entregárselo en sólo décimas de segundo..
Cada uno de los miembros del equipo que trabaja a las órdenes del
"cumbres" percibe más a tarde o temprano que lo importante no
es tanto que los resultados o la gestión de la empresa sean los mejores.
Lo importante es que el jefe perciba que las cosas las hacemos bien. Herramientas
como el powerpoint, la contabilidad creativa, técnicas para hablar en público
son algunos ejemplos de "alimento" del "cumbres". Todo
es poco para deslumbrar y complacer al gran jefe. |