"Conviene
, por una parte ser generoso cuando se da y, por otra, no mostrar dureza en reclamar
lo que nos deben, y en toda suerte de transacciones cuando vendemos, cuando compramos,
cuando damos o recibimos un alquiler, en las relaciones de vecindad en la ciudad
y en le campo, manifestarse ecuánime, afable, dispuesto a ceder en muchos
casos de su propio derecho, manteniéndose siempre en lo posible y más
que en lo posible alejados de los pleitos. Renunciar un poco al propio derecho
no solamente es generosidad, sino muchas veces también ventajoso. Pero
hay que tener en siempre en cuenta la hacienda familiar, porque ciertamente dejarla
arruinar es algo vergonzoso; hay que proceder de forma que se eviten en todo momento
las sospechas de avarientos y de miserables. El poder ser generoso, sin despojarse
del patrimonio, es ciertamente el fruto mayor de la riqueza"