Podrá nublarse el sol eternamente;
podrá secarse en un instante
el mar:
podrá romperse el eje de la tierra
como un débil
cristal.
¡Todo sucederá! Podrá la muerte
cubrirme
con su fúnebre crespón,
pero jamás en mí podrá
apagarse
la llama de tu amor.
Fragmento
de Rimas,
de G. A. Bécquer