domingo 27 de enero de 2008

CHARTER, CURRICAN Y BACORETA

Algo realmente maravilloso e inesperado

Nos encontrábamos camino a casa a una velocidad de 12 nudos y con cerca de tres cuartos de hora por delante cuando José me mostró unos señuelos nuevos que acababa de recibir. Las denominó como las famosas sardinas de Chendo y me explicó que se trataba de un artificial hecho a mano por un tal Chendo que regenta un negocio de pesca en Sitges y al que le compra habitualmente, ya que resultan muy eficaces especialmente con los túnidos .Curioso por ver cómo navegaba aquel señuelo, para mi desconocido, pregunté a José si lo podía poner en una de las cañas y el asintió asegurándome que a 12 nudos navegaría perfectamente. Y así fue: lo pusimos a una distancia considerable y aquel señuelo navegaba perfectamente, ante lo cual decidimos dejarlo hasta puerto. Apenas habían pasado 10 minutos cuando el carrete empezó a hacer un ruido frenético a la par que celestial… el carrete era un tiagra 30 lb. y no hacia ruido, lo vomitaba, era una mezcla entre estrés y placer, esa adrenalina que solo conocemos los pescadores y que en el fondo es lo que nos engancha. No sabíamos que podía ser, pero, desde luego, no era ni una bolsa ni un error, pues al bajar la marcha a cinco nudos pudimos comprobar que la sacada de hilo era rítmica y con violencia. Especulábamos entre nosotros la especie ¿ un pez espada, una gran bacoreta, una aguja imperial? Sólo podíamos asegurar que se trataba de una gran pieza. Ante tal responsabilidad, yo no me atreví a coger la caña por miedo a perder un trofeo semejante, de modo que invité e José a que lo sacara ya que para mí el día ya había sido perfecto. El capitán estaba en el fly haciendo fotos y yo en la popa junto a José cámara de video en mano inmortalizando la captura. El animal desbobinó más de doscientos metros de hilo antes de poder empezar la lucha. La sacada de hilo fue increible a partir de dar stop a los motores y empezar, con la marcha lenta del carrete, a recoger. Aquí empezó realmente la pesca. Fue un combate precioso; el animal no se dió por vencido en ningún momento. La lucha duro doce interminables minutos, y, cuando estuvo a pocos metros del barco, pudimos adivinar que se trataba de una bacoreta, sin duda la más grande que jamás había visto. El animal todavía tuvo fuerza suficiente para dar tres vueltas al barco intentando tocar con el hilo los motores para librarse de esa pesadilla; pero la pericia de José nos permitió finalmente acercarlo a la borda, momento en el que deje de grabar para ganchearlo, con la satisfacción de haber obtenido un gran trofeo; esa sensación de que la pieza está asegurada y sientes la paz propia del fin del combate y de la victoria.
Pesamos la bacoreta y dio un peso de casi 15 kilos lo que la convertía, probablemente, en la captura más grande en la zona de esta especie


EPILOGO

Esta pesca, amigos, ofrece unas posibilidades muy prometedoras a los aficionados de la península o del extranjero, posean o no embarcación, y tengan o no tengan conocimientos experiencia o habilidades. Sin duda la garantía del disfrute y la diversión en la pesca en el mar, radica en saber elegir expertos profesionales dispuestos a enseñar y a compartir sus experiencias. Es algo que tendría que proliferar en la comunidad de quienes buscan la emoción de la pesca desde embarcación.
Como recuerdo de aquella tarde inolvidable escribo esta inolvidable experiencia al tiempo que envio al mismo tiempo a José el video que espero cuelgue en su Web como homenaje de quien tuvo la suerte de compartir a su lado una gran tarde de pesca.

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