jueves, agosto 07, 2008

EDUCACIÓN PARA LA CIUDADANÍA (fábula)

Según una orden del 10 de junio de 2008 emitida por la Consellería de Educación, se establecen formas de organización pedagógica para impartir la materia “Educación para la Ciudadanía y los Derechos Humanos” (secundaria obligatoria). Una asignatura de “nuevo cuño” que ocupará un puesto en el horario del centro como la Historia, la Lengua y Literatura españolas, Matemáticas, Filosofía o cualquiera de las demás, ya con carta de naturaleza dentro de nuestro mundo pedagógico. Me gustaría mencionar, y a ello me lleva la nostalgia, a las ya casi olvidadas lenguas clásicas, artífices del milagro que hace que hoy podamos hablar, como lo hacemos, en más de medio mundo. Mas por desgracia, ese es caso perdido.
Pero volvamos a la nueva disciplina, al parecer urgentemente necesaria.
Según veo, se centra ésta en cinco bloques, todos ellos dirigidos al desarrollo del alumno como ciudadano, cuestión que, vive Dios, siempre tuvimos muy en cuenta los que nos hemos dedicado a la enseñanza. Así que releo el contenido de esos cinco bloques y veo que inciden en conceptos como la aproximación respetuosa a la diversidad, al diálogo y el debate, el potenciar las relaciones humanas desde el respeto y la solidaridad, los deberes y derechos ciudadanos, la globalización e interdependencia… hasta llegar al estudio de las sociedades democráticas del S. XXI centrándose especialmente en el modelo político español. Señores, nada excepcional ni novedoso porque ¿a qué otra cosa, en el fondo, debe aspirar la educación? Mal andamos cuando estos conceptos nos parecen novedosos. ¿Impongamos leyes, por si los principios fallan…?
Yo hace tiempo que salí del campo laboral que, en mi caso, como he dicho, fue la enseñanza. Y confieso que he tenido que hacer una detenida reflexión para entender las verdaderas intenciones de estas normas que parecen insinuar que los antiguos profesores no teníamos como objetivo el conseguir que el alumno llegara a ser un buen ciudadano, objetivo que, por otra parte, subyace, o debe subyacer, en todo proyecto educativo. Y de ahí la necesidad de una asignatura ex profeso. Porque si eso es así y tal se sospecha, más vale que empiecen preocupándose por el profesorado, no por el programa. Todas las materias que forman el cuerpo del proyecto docente, deben estar impregnadas de esa educación para la ciudadanía; ¿o qué es lo que deseamos conseguir con nuestro esfuerzo?; ¿hombres con un gran cerebro rectilíneo repleto de abstracciones, fechas y números sin otro objetivo? El “objetivo” de la ciudadanía a la que queremos llegar, no creo que necesite hornacina individual, está –o debiera estar- en todas las asignaturas dándoles sentido.
Pero así las cosas y estando yo dándole vueltas al por qué de imposición tan extraña y precipitada, aparece sorprendentemente el Estatuto de Autonomía de la Comunidad Valenciana, en su artículo 53, disponiendo que: “Es de competencia exclusiva de la Generalitat la regulación y administración de la enseñanza en toda su extensión, niveles y grados, modalidades y especialidades sin perjuicio de lo que disponga el artículo 27 de la Constitución Española”, siendo la intención de los responsables de estos diseños pedagógicos -valencianos ellos- la de atender con prioridad, entre otras cuestiones, a la diversidad y al plurilingüismo, motivo por el cual los encargados de perfilar el modelo pedagógico en nuestra Comunidad han decidido que la controvertida asignatura Educación para la Ciudadanía, se imparta ¡en inglés! ¿En inglés?
Y esto es lo que realmente me ha movido, asombrada, a escribir este comentario: la salida de tiesto de nuestra Generalidad exigiendo que esta nueva asignatura se imparta en el idioma de Shakespeare. ¿Por qué esa peculiar elección? Y puestos ya, ¿por qué no en arameo? Van a entender lo mismo. ¿Es que se ha hecho una encuesta y en ella se verifica que el alumnado español está capacitado para entender una clase expresada en el idioma elegido? No puedo creer que hayan llegado a esa conclusión tan estrafalaria y tan poco realista, aunque quién sabe…
Y si eso llega a ser así, habrán además de contratar profesorado que sepa tanto el idioma en cuestión como estar capacitado para explicar los contenidos de la nueva asignatura, y ¿de dónde los van a sacar a estas alturas?, ¿de Oxford o de Gibraltar? ¿Constitución española o Carta Magna? Y habiendo solamente una hora semanal de dicha asignatura, imagino a los profesores contratados expresamente yendo de instituto en instituto y de pueblo en pueblo con el fin de cubrir un horario de 18 horas. No entiendo cómo se ha llegado a tomar en serio semejante idea. Irresponsabilidad tan grande no puede ser verdad; aunque tiene todos los visos de serlo, eso es lo malo. Nos tienen tan acostumbrados al asombro... ¡Y que cobren un sueldo, rediez!
A todo esto, ¿qué dicen los de francés ante tamaña discriminación? ¿Lo sabe Nicolás Sarkozy?
¡Cuantas preguntas se nos ocurren para posibles respuestas malabares!
Ya es hora de que todos nos tomemos la enseñanza en serio, hora de que nos sentemos a pensar como adultos, nada más, pues la enseñanza no es otra cosa que sentido común. Y que participen legisladores, profesores y padres, ya que a toda la sociedad compete. Sería muy triste reconocer, al final de la contienda, que entre todos la mataron y ella sola se murió… Y quien se muere es, ni más ni menos, que el futuro de nuestros chicos, de nuestra sociedad.
NOTA: Supongo que, como siempre, los buenos profesores, a despechode leyes como éstas, se meterán en sus aulas y allí harán lo que saben y deben hacer. Por el bien del futuro ciudadano y de la futura sociedad.