viernes, noviembre 24, 2006

VIOLENCIA DE GÉNERO

Hoy me propongo hablar de tema tan tristemente manido como lo es ese que hemos dado en llamar “violencia de género” y que ojalá se tratara de un ejercicio gramatical, como parece, y no de esa doliente actividad que generalmente practican los hombres cargándose a sus mujeres, compañeras, amantes etc. cuando éstas tratan de abandonarlos porque ya están hasta el moño de recibir malos tratos. Lo que les cuento, desgraciadamente no es una novedad, sino una noticia cotidiana y por eso, déjenme que haga mi reflexión personal partiendo de un previo que nos sitúe el tema. Y este previo habría de responder a una pregunta que, seguro, nos hemos hecho todos en cuanto aparece la noticia de una nueva muerte anunciada: ¿de dónde proviene tan inhumana e inútil agresividad?
Pues bien, hace algún tiempo leí sobre un hallazgo arqueológico que, cómo no, me hizo reflexionar: se habían descubiertos poblados muy antiguos – y hablamos de los albores de la humanidad – que presentaban unas características muy curiosas: no se encontraron en aquellos parajes murallas defensivas ni tampoco armas. Estos datos y otros más, llevaron a los arqueólogos a la conclusión de que en aquellos primeros poblados vivía gente que no conocía la guerra, es decir, grupos de ya humanos sin perfiles guerreros porque, por lo visto, no necesitaban defenderse de sus vecinos. Más investigación sobre aquellos lugares demostró que allí se practicaba la “ginecocracia”, el matriarcado, es decir, un gobierno ejercido por las mujeres.
Pero las cosas cambiaron pronto. En esas ruinas, y en estratos más recientes aparecieron, como novísima amenaza, las murallas defensivas, las armas y la fuerza como signo de poder, poder que ejercían los físicamente más fuerte encarnados en los hombres y en unas feroces tribus indoeuropeas que habían introducido un instrumento revelador: las armas. “La figura del guerrero – dice el profesor Souvirón – se abrió paso y el hombre, el varón, irrumpió en la historia como eje de una concepción de la vida en la que la guerra se convirtió, hasta nuestros días, en la base de la estructura social y de la estructura económica. Nunca desde entonces hemos abandonado la economía de guerra. Y nunca desde entonces hemos sabido administrar la paz, una idea que, por otra parte, nunca ha sido asumida como principio irrenunciable por ninguna civilización posterior a la minoica.” En otro capítulo, el mismo autor estudia los mitos como vehículo de transición de un nuevo modelo cultural y con él, la desaparición social de la mujer. Así, la influencia pacífica femenina fue no sólo decreciendo, sino también barrida por el hombre, quien por medio de los mitos – recuérdese a Pandora y su liberación de todas las maldades del mundo, o Eva, aquella que se cargó de un mordisco los placeres del Paraíso - mitos que, por medio del desprestigio, propiciaron la caída del poder femenino y su posterior reclusión al ámbito familiar en calidad poco menos que de esclavas. La fiel Penélope e incluso la Virgen María, iban a dar respuesta a otra faceta femenina que al hombre tanto le convenía: de la mujer perversa a la sumisa. Lo demás, hasta bien entrado el siglo XX, ya lo saben ustedes, bien por los libros, por los periódicos, o por propia experiencia. Las denostadas feministas consiguieron para la mujer el derecho al voto ya bien entrado el siglo pasado … aún no hace cien años - y aún no hace 40 que desapareció la obligatoriedad de pedir permiso al marido para cualquier actividad legal. Y si tocamos el tema del adulterio femenino, la pena estaba, como mínimo, en la terrible lapidación mientras que para el hombre había una permisiva bula tan injusta como cobarde. Todo esto nos parece un cuento chino, visto desde la atalaya de la era digital.
Hoy las cosas están cambiando, hay que reconocerlo, pero es evidente que los siglos y siglos de dominación masculina no pueden ser borrados en unos cuantos decenios, y aquellos que aún arrastran en sus genes el “derecho de pernada” como algo naturalmente lícito a causa del “presunto libertinaje de la mujer de hoy”, se han puesto a impartir el tipo de justicia medieval que aún conservan en su código genético, y matan a cuchillo, a trompazos, patadas o escopetas de caza porque se sienten los dueños de cuerpos y almas como así se sentía el hombre medieval de hace seis o siete siglos. Pero hemos de decir, en honor a la verdad, que un buen puñado de hombres ha sido capaz de borrar de sus genes esa tendencia a la agresión atávica y, también gracias a ellos, las cosas van cambiando con mayor rapidez. Al Cesar lo que es del Cesar.
Mas la virulencia de los primitivos cromagnones que aún quedan por ahí, emerge de vez en cuando como un viento destructor que deja cadáveres innecesarios allá por donde pasa. Vidas despilfarradas que anegan de furioso dolor a toda una sociedad que necesita verse libre de lacra tan persistente, tan antigua, tan desconsoladora…
Pero… ¿qué hacer? Hemos escuchado respuestas de toda laya, desde el grito que pide la horca para el agresor, pasando por un terrible martirio lento (a sangre caliente) hasta el más ingenuo y beatífico que espera de él un arrepentimiento frailuno (a sangre legal de horchata) Pero nada nos ha parecido que pudiera paliar el problema.
Un día le comenté mi preocupación a ese amigo que tengo llamado Paco, y pese a su peculiar extremismo del que usa y abusa, habló esta vez con mucha serenidad.
.- Pues mira, – dijo, desempolvando su clásica y parsimoniosa ironía – esa clase de temas suele depender de dos cosas: por una parte, hay que darle “tiempo al tiempo”, y por otra, habremos de empeñarnos en ofertar a los jóvenes una esmerada educación cívica. Si de paso le ayudaran los medios de comunicación moderando su agresividad nada ejemplar, los políticos echaran una mano, los padres se pusieran a la labor y todos entendiéramos que hemos venido iguales a este mundo y con iguales derechos a ser moderadamente libres y felices, tal vez se arreglaran las cosas. Pero me temo que… bueno.
Y encerró Paco su maldita ironía en unos puntos suspensivos muy desesperanzadores. A mí me quedó la idea bailando en mi mente: una esmerada educación cívica progresando adecuadamente a través de algunas generaciones, generaciones que no eran más que el tiempo al que había aludido mi amigo.
Y que siempre tengamos que ir a vueltas con la tan necesaria y denostada educación, caramba…! ¡Y que no seamos capaces de prestarle la atención debida!… Así nos luce el pelo, pardiez.

viernes, noviembre 17, 2006

EL "PLAZOFIJISMO"

"Los hombres no se conportan de forma razonable", dice un personaje de Kurosawa en esa magnífica películla suya llamada "Rashomond". Y eso es lo que yo también me barrunto cada vez con más firmeza, que los seres humanos no nos comportamos de forma coherente. Reflexiono sobre esta afirmación tan amplia mientras concentro casi obsesivamente mi mirada en el fondo de mi taza de café ya vacía. A mi alrededor, consumidores ocasionales crean el pequeño bullicio enjaulado de la cafetería. Oigo comentarios sobre los que han sido agraciados en un premio grande de lotería de las que hay tantas y mi mente, gracias a esa nuestra capacidad de relacionar, enlaza la convicción de Kurosawa sobre los hombres con el comportamiento de los nuevos millonarios; personas que, gracias a un golpe de suerte, dejan de ser deudores - a los que el cielo, y solo el cielo dice que hay que perdonar - para convertirse en ilustres miembros del privilegiado clan bancario. Y precisamente porque les ha crecido desmesuradamente el poder adquisitivo, uno empieza a pensar que al antes soñador de paraisos le han cesado los problemas y su viaje a Itaca en busca de las hermosas mañanas de verano puede comenzar. La libertad - ese brillante pájaro divino - se le dará como un torrente de aguas impetuosas y también el mundo pudiera abrirsele en explosiones de color. ¡Magnífico!
Pero hete aquí que el afurtunado en cuestión empieza a sufrir unas extrañas mutaciones que le transforman en un ser diferente, distinto no sólo al que era, sino también al que era de esperar. Ansioso, comienza un extraño jubileo recorriendo los bancos - catedrales del plazo fijo - con el fin de encontrarle mayor rentabilidad a su capital íntegro, que no quiere descomponer por miedo a que se le disuelva y desaparezca como un carámbano puesto al sol. La seguridad de su dinero se ha convertido en la verdadera razón de su existencia transformando su presente, lo único que realmente posee, en un hipotético proyecto de futuro, lo único real que no posee. Ha sido atacado por el virus del "plazofijismo" que desata demoledoras pasiones y que, como toda congregación mística, va acompañada de un ritual. El neorentista vive en un nervioso compás de espera ansiando que devengue el interés, mientras el Gran Dios Capital permanece intacto encerrado en su resplandeciente trono. Se han acabado los sueños. Y mientras el "plazofijista" espera sabe Dios qué, se le va pasando la vida en tono gris cuando pudiera haber estado cuajada de colores y yo creo, amigos, que la vida pretenda ser en este sentido rentable, sino hermosa.
Los posos de mi café se han enfriado, el ruido del enjambre no cesa y ya nadie habla delos hombres con suerte. Ha habido treinta muertos en Irak y sigue la corrupción en diferentes lugares de España. En Africa, niños y niños mueren de hambre y enfermedades curables. Los hombres no se comportan de forma razonable, querido Kurosawa.

sábado, noviembre 11, 2006

.AQUÍ SE PUEDE FUMAR …



Estoy dándole vueltas a esto del tabaco, ya saben, la nueva ley que prohíbe fumar en todo el universo mundo. Y me alegra lo indecible comprobar que los políticos en activo, a pesar del mareo que tienen con eso del Tripartito, las leyes sobre la maltratada enseñanza, los desvaríos del señor Bush o los delirios de algún que otro señor presidente de ultramar, a pesar de todo eso, digo, tengan tiempo de preocuparse por mi salud de manera tan drástica y firme. Así que, hala, se acabó el fumar en todos aquellos lugares en los que se pueda prohibir, es decir, espacios oficiales tales como ministerios, centros docentes, ayuntamientos, oficinas diversas, a más de bares y restaurantes – sólo los redimidos - y no mencionamos iglesias, catedrales, conventos, basílicas etc. no sé por qué, dado el consumo de incienso, velas y palmatorias que el culto exige, porque humo es, ¿o no? Todo sea por Dios…
Pues bien, al menos con estas drásticas medidas - pienso complacida - evitaremos que la población, insensata como es, muera de cáncer y, de paso, reduciremos gastos hospitalarios que, oigan, suponen un buen pastón. Ya nadie osará enrarecer el ambiente, y cuando al empedernido fumador le atrape la histeria por culpa del maldito síndrome de abstinencia, se le permitirá generosamente salir a la calle durante unos breves minutos a echar un par de caladas y, de paso, recibir una buena bocanada de aire puro que reconforte y revitalice sus vapuleados pulmones
Aire puro… aire puro si no fuera porque a pie de acera una legión de coches, autobuses, camiones y furgonetas expulsan verdaderas ráfagas de monóxido de carbono… si no fuera porque los aparatos de las calefacciones y aires acondicionados atufan el ambiente… si no fuera porque las miles de fábricas, incluso monstruos nucleares, están atascando el cielo, antes azul… Si no fuera… Porque, oigan, no es razonable creer que el temible efecto invernadero haya sido producido por el humo de los cigarrillos que abundantemente parece que fumó Humphrey Bogart a través de sus múltiples películas.
Y hablando de Bogart… Pese a mi airada perorata introductoria, les aseguro que no era mi intención el abrir esta chamuscada caja de Pandora en donde se esconden, también, toda clase de leyes hipócritas. Yo venía precisamente con la idea de levantar el velo de mi melancolía y preguntarme en voz alta, qué hubiese sido del cine primigenio sin aquellas buenas escenas en blanco y negro en donde el humo ponía una bellísima cortina gris que daba al ambiente una carga de misterio, misterio que trascendía de la pantalla, llegando hasta el oscuro patio de butacas en donde “se fraguaban los sueños” en nuestra adolescencia de posguerra. Humphrey Bogard andaba de acá para allá envuelto en su aureola de humo, con un vaso de whisky en la mano que solía beber de un trago, es decir, ¡a lo macho! Y tras él, una Lauren Bacal enfundada en un impecable traje de chaqueta gris y melena rubia inalterable, fumaba también uno de aquellos cigarrillos rubios, las más de las veces al final de una boquilla de marfil finamente labrada. Sin toda esa parafernalia, ¿creen ustedes que fuera creíble el que la flaca hubiese caído rendida a los pies del escuchimizado Bogart? ¿Hubiese la Hayworth seducido a los hombres de la misma manera sin aquella sofisticada boquilla que terminaba en unas sutiles virutas de humo? O la Ava Gardner, o la Veronica Lake… ¡En fin! Y regresando al plano nacional: sin la pipa, ¿qué hubiera sido de Balbín y su Clave, que a buen seguro recuerdan la inmensa mayoría de jubilados que, de peinar, peinan canas? Se nos hubiese escapado, por desgracia, aquel ambiente mágico de los debates calientes al filo de la democracia y la madrugada…Y qué me dicen de Garci, y del incombustible don Santiago Carrillo – que no la palma de un cáncer de pulmón porque su inexistente Dios no quiere, ya ven – y de Hitchkoc y de, al fin, todos esos constreñidos fumadores de hoy que salen a la puerta de sus oficinas a darle dos buenas caladas a un pitillo exento ya de misterio. Hubiese sido todo tan diferente… Y tras la ley del humo, ¿en dónde irá a esconderse la magia en el cine de hoy? ¿En la entrepierna de Sharon Stone?
Aunque a decir verdad, señores, presumo que en esto del fumar o no fumar, la sangre no va a llegar al río. Ustedes también lo han podido percibir, ¿no? Han florecido como hongos en un otoño lluvioso los carteles en restaurantes y bares que dicen: “aquí se permite fumar”; y en esos permisivos lugares van entrando avalanchas de fumadores “suicidas” con una sospechosa sonrisa y, sobre todo, exentos ya de remordimiento porque los demás, los que han estado persistentemente quejándose del humo, tienen la posibilidad de escoger al fin un local limpio de impurezas. Aunque encontrarlo, amigos, me temo que les va a costar un triunfo.
Pero siempre se da, gracias a los cielos, el individuo conciliador que acepta la ley con el talante de un Sócrates, o el espíritu democrático de un legislador de la antigua Grecia. Ahora me refiero exactamente al dueño de un bar de la periferia en donde entré para calmar mi ansia de café en una mediatarde demasiado anodina y a quien, para terminar, quiero poner como estupendo ejemplo. Había puesto en su local aquel ciudadano ecuánime, un letrero bien visible en donde volcó su sabia filosofía. Decía sencillamente esto: “AQUÍ SE PUEDE FUMAR, PERO NO ES OBLIGATORIO”

P.D. Ruego que no se me malinterprete: yo no estoy a favor del tabaco, Dios me libre, porque es cierto que mata, como así también la carne hormonada, el pescado con metales pesados, las verduras transgénicas, las aguas con alto nivel de contaminación, las guerras, el estrés, la carretera… Lo que pasa es que yo creo que las prohibiciones no arreglan casi nada y la educación, sí.

domingo, noviembre 05, 2006

EL LENGUAJE DE LOS GESTOS

Es cierto que la gente de ahora viaja más, de la misma manera que se poseen más coches, más televisores y se sufren también más infartos de miocardio. Cosas como estas son las que identifican y definen al ciudadano de hoy y esto, nos guste o no, es incuestionable. Ni mejor ni peor, sino así.
Pues bien, nuestro perfil de "seres actuales" admite también esa posibilidad de viajar adscrita a un calendario laboral regulador de nuestros actos vitales, y también es cierto que cuando el ciudadano de hoy se plantea la escapada anual, lo que hace, generalmente, es tratar de encontrar soluciones sustitutorias a sus costumbres y hábitos tales como el hotel, el coche, el cuarto de baño (ninguna excitante aventura) o, lo que es más dificil, la lengua, el medio con el que comunicarse. Es entonces cuando se lanza urgentemente a aprender diez o doce frases hechas de un idioma base, generalmente el inglés, que le permitan llegar al restaurante, al aeropuerto, o averiguar el precio de algun maldito "souvenir". Y con ello, lo que de verdad pretende el viajero es que le entiendan, no entender; mala actitud, creo yo, del que va frente el que allí vive. Y es en este acto de la comunicación en donde hoy quiero poner el énfasis, porque bien pudiera suceder que el ciudadano de marras se encontrara con que los pueblos que ha ido a visitar no hayan entrado, por las razones que sea, en este "rollo" de los idiomas base y cuando esto sucede, el viajero pusilánime quédase pasmado y sin recursos. Sólo el genuino rutero asume la responsabilidad de afrontar el riesgo de la comunicación poniendo en marcha otros resortes, otros mecanismos - pues en los momentos de crisis, sólo la imaginación es más importante que el conocimiento - y es entonces cuando tiene la posibilidad de descubrir ese lenguaje cuyo soporte ya no es la palabra, sino el gesto: el movimiento de las manos, la inflexión de la voz, esa dulce mirada, las arrugas de la frente, un suave contacto de la piel... y otros, otros muchos que uno tiene la posibilidad de descubrir si tiene el ánimo presto.
Hubo una expresión, de entre tantas, que me llegó a cautivar y que encontré profusamente usada por los habitantes de las Repúblicas Bálticas, no ha mucho liberadas y con aún poco trasiego de turistas. Tal vez fuera en Estonia el primer lugar en el que nos mostraron su hospitalidad poniendo su mano derecha sobre el corazón tan dulcemente que comprendí la dificultad de llegar a tal entendimiento con palabras. Y en mis andanzas a través de estos pueblos sin lenguas base, me puse en el camino de entender que no hacen falta las palabras, las frases hechas que nos llevan solamente al hotel, porque hay gestos que pertenecen al lenguaje universal lleno de espléndidos matices. Pero he de confesar con tristeza que, por más que hice, con gestos no pude hacerme entender en los paises ricos y desarrollados en donde uno se basta con las frases hechas, porque comprobé que los ciudadanos nacidos de aquel Maastrich lo que únicamente parecen desear es encontrar el camino al hotel, por ejemplo; cosa triste.
En fin... al menos es esperanzador averiguar que ni siquiera las lenguas pueden separar a los seres humanos, si es que estos seres humanos se empeñan en no desearlo.

jueves, noviembre 02, 2006

ATENCÍÓN BIBLIOTECA: LIMPIEZA DE OTOÑO

En otoño toca limpieza de estanterías:los libros salen, se apilan, forman columnas que invaden los espacios por donde se transita, y los habitantes de mi casa se dan a todos los diablos. Pero hay que hacerlo. Los "pececitos", o "tijeretas", o como quiera que familiarmente se les llame suelen, aviesamente, hacer su agosto. Se ve que forman familias con excesiva celeridad que necesitan ser alimentadas, y he observado que, últimamente, tienden a devorar el libro clásico - que para ellos debe de ser simplemente viejo, con papel esponjoso... - y, oigan, no me dejan ni un sólo monólogo de Hamlet entero. Habré de reponer a Lope y a Eurípides, ambos muy esquilmados. Pero es lo de menos; lo de más, he de reconocer, es mi anual reencuentro con los libros extraviados o presumiblemente perdidos, y en el encuentro, mi alegría es doble si es ejemplar de cabecer e insustituible. Me inquieta pensar que no encontraré mis dos tomitos de "El mundo es ancho y ajeno", porque "Los perros hambrientos" ya no apareció el año pasado y lo añoro. Así como las Poesías de Cesar Vallejo: "murió mi eternidad, y estoy velándola"...
No hay nadie en casa, está anocheciendo, es otoño, noche de ánimas... y aunque soy muy escéptica, he encendido una palomilla de aceite en honor a los muertos, como manda la tradición; y yo me encuentro gozosamente con los que me ayudaron a configurar mi historia. Magia, ¿verdad?, me gusta provocarla.
Se me viene como a las manos la historia de Quincas Berro Daguas - "que cada cual cuide de su entierro; lo imposible no existe" Última frase de Quincas, según Quiteria, que estaba a su lado - ¡Dios, que historia tan bravamente divertida! Siempre me recuerda a la introducción de "Tortilla flat". A lo lejos veo los libros de Steinbeck coronando un promontorio, los conozco a simple vista, y a su lado suele avecinarse Dostoyewsky por similitud editorial. Dostoyewsky... mi gran pasión de juventud... y lo cojo por releer algunas frases anotadas de aquel librito menor, "Stepanchicovo y sus habitantes", que entonces tanto me gustó. ¿Resistirá hoy su relectura? Espero que sí. De quien no dudo es del tremendo padre Karamazov y sus diferentes hijos, ni de Raskolnikof y menos aún del príncipe Mischkin, ¡en qué extraño mundo me hizo entrar!
He de darme más prisa, la noche avanza y queda mucho por hacer. Estos viejos fantasmas en una noche así...
¡Qué viejo está "Marco bruto"! Los puñeteros animalillos han entrado en él; en cambio han respetado "El coloquio de los perros", será por su papel ligeramente satinado.
La estantería de los Durrell: "El cuarteto de Alejandría" - otra vez hay mar gruesa, y el viento sopla a ráfagas excitantes... Justine - La ciudad, sólo la ciudad es real. Y aquel mar luminoso de la Grecia que muchos llevamos en la cabeza.
La palomilla parece que se apaga, necesita más aceite.
Otro viejo libro reparado con celo: el Felipe II de L. Pfandl. Otros cinco minutos recordando el claro relato traducido por Cort Grau. Esto me lleva a recordar a mi profesor de historia José María Jover: tomad el libro entre las manos, tocadlo, templad su pulso, ved la edición, el índice que es su contenido, el traductor, si cabe, y entrad en él con la intención de descubrir sus claves, esas cosas os abrirán todo su ser. El paso por la universidad son dos o tres profesores que te enseñan a aprender.
"El extrajero", también curado con celo. Hay que ver cómo me resisto a abandonar a mis heridos compañeros. Buen papel para las polillas esas, ¿cómo es que no lo han tomado por banquete? ¿Remilgos con el existencialismo? Me estoy demorando y la noche avanza. Las rimeras de los libros aún yacen por las vías transitables y en los estantes, sólo unos pocos. ¿Y mi "San Juan" de Brenan? No puede perderse, es la herencia de un amigo que, hoy, espero ande revoloteando por la luz de las palomillas de aceite. Pero, miren, yo tengo dos pequeños libritos de cabecer. Aquí, a mi lado. El uno: "La Nellie, una pequeña yola de crucero, se inclina hacia su ancla..."; el otro: "Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre..." Son pequeños, gastados, de edición barata, pero son los de siempre. Siento cierta reverencia hacia ellos, ¡qué le voy a hacer!. Los tengo en mejor papel, pasta dura y elegante, pero en este caso al menos, quiero los de siempre. Sin perjuicio, Dios me libre, para el inmenso Quijote, o En busca del tiempo perdido, caray, o La montaña mágica siempre a mano. "Si una noche de invierno un viajero..." la sugerencia irresistible de un título. El Tirant lo Blanc de mi padre, o su Ausias Marc, o el Cancionero de Baena... ¡me quedan tantos estantes por limpiar...!
Les confesaré una cosa: con Rulfo y Conrad suelo camuflar un librito, tambien gastado por el uso. Es Guillermo Brown...
Entramos ya en la madrugada. Voy a tenerme que ir a la cama. La noche de las almas también está llegando a su fin y ellas tendrán que volver también a sus anaqueles, cualquiera que sea su dimensión. ¿En el tiempo de Hawking?, ¿en los estratos de la Cima de los Huesos en Atapuerca?, ¿en la cadena de Watson y Crick?, ¿o tal vez en las erizantes historias que la tía Mercedes nos solía contar alrededor de la chimenea?
Una campana toca a primera misa, supongo. Los barrenderos han comenzado su trabajo, las ánimas deben de estar en su camino de regreso a su eternidad, esa que Vallejo está velando... Buenas noches,amigos.