viernes, octubre 27, 2006

¿PROHIBIR EL RIESGO?

Mi amigo Göran solía venir todos los veranos desde Suecia con el casi único propósito -¡decía!- de llenarse los bolsillos de sol y reservarlo para cuando le vinieran los oscuros días del maldito invierno escandinavo. Pero lo de ahorrar sol, todos lo recelamos entonces, era una excusa que ni siquiera llegaba a la categoría de ramplona metáfora porque yo, con estos ojos, le ví agotar todos los tópicos mediterráneos sin que se le notara intención de ahorrar nada. Hizo como Hemingway, vivió sus veranos al límite disfrutando de todo lo que cayera dentro de su radio de acción, que él se encargaba de ensanchar a poco que le dieran cancha. Pero a diferencia del autor de "Fiesta", a mi amigo no le dio por pegarse un tiro cuando la vida le pasó factura exigiéndole que sentara cabeza: sencillamente dejó de venir. Y ahora que los años nos han vuelto a dejar a orillas de una libertad tardía, cumplidas ya las responsabilidades que nos ataron a una "vida laboral y familiar", ha aparecido de nuevo más grueso, más calvo y - ¡ay dioses misericordiosos! - más viejo. Y hemos vuelto a recorrer, como en un ritual, los lugares que solíamos cuando jóvenes, y él se ha extrañado de cosas tan obvias como el crecimiento desenfrenado de la ciudad, el tráfico vertiginoso, e incluso ha echado de menos alguna que otra palmera... Pero lo que realmente ha festejado mi amigo este pasado agosto, y con excepcional regocijo, ha sido la guerra de carretillas - cohetes, para quienes no conozcan la terminología - que nunca dejó de fascinarle.
- Eso es algo que no llegan a comprender mis compatriotas los septentrionales. Jugar con fuego, enfrentarse a los toros bravos... Siempre estáis al borde de la extinción, como si tratárais de romper las estrictas leyes de la naturaleza.
Göran arrastra las últimas sílabas de su excelente castellano, que aprendió en Argentina a la par que perfeccionaba el tango, y ahí le dura el deje a pesar de los decenios pasados. ¡Jodido Göran! Es de esos a los que, generalmente, les viene estrecho el clan y por eso, creo yo, es capaz de entender la locura de enfrentarse al fuego, muchas millas al sur de su cotidiana aurora boreal.
- ¿Por qué esa obsesión por el fuego? - le pregunté.
- No sé - me respondió - Prometeo se lo robó a los dioses para entregárselo a los oprimidos hombres y así concederles poder. Supongo que podemos considerarlo un elemento esencial, y entiende bien la palabra "esencial". En definitiva se trata de enfrentarse a aquello que VA DE VERAS.
Entendí, sí, lo que quiso decir, aunque me es difícil ponerlo en palabras. Son conceptos que uno intuye, pero que rehuyen a explicaciones que tengan que ver con normas y leyes al uso. Y es que mi amigo pertenece a esa clase de hombres poco dada a creer en fronteras diferentes a las que separan los equinoccios de los solsticios y cosas así, ya saben.
Le he visto ahora reencontrarse con el penetrante olor a pólvora, con el estruendo ensordecedor de los cohetes, con sus desaforadas ráfagas pero sobre todo, con su proximidad. Desde una esquina, y como tanteando el terreno, Göran avanzaba hacia el territorio en donde se daba el combate, y a medida que sus sentidos conectaban con la conversación del fuego y el ruido, se dejaba llevar como quien se lanza al agua y pierde la segura sensación de la tierra. Es otro mundo. El reloj de la cordura se para y comienza una especie de romance, un coqueteo cauteloso con la inusual vorágine de cohetes que llevan consigo la frontera entre la excelsa aventura y la muerte. Eso es IR DE VERAS. Esa noche no es un ensayo, sino una única representación tal y como lo es la propia vida.
Alguien de la calle comentó alguna cosa a cerca de prohibir.
-¿Prohibir? - replicó Göran - ¿Prohibir enfrentarse al peligro? No hay nada tan peligroso como prohibir, porque se opone a conocer.
- Tiene usted razón - le contestó un interlocutor espontáneo - Aquí generalmente se quema quien no sabe el viento que toma el fuego para hacerle el quiebro. Si te metes en esta harina sólo por demostrar tu valor,eres un necio; aquí hay que venir a disfrutar, como se disfruta con la música y esas cosas, y para disfrutar hay que saber lo que se trae uno entre manos.
Göran miró cómo el interlocutor espontáneo se alejaba cachazudamente hacia los lugares de más bullicio y movió la cabeza como aceptando la visión del mundo de aquel hombre a quien, más tarde, vimos en medio de las ráfagas, como una estátua, aceptando un contínuo bautizo de chispas.
- Parece que se comunica con ellas..- comentó mi amigo el sueco - Parece que le conocen...
Mientras ocurría todo aquello, pensé que era lícito que algunas personas, capaces, se lanzaran a experimentar sensaciones inéditas e intuí que esos momentos en que uno se sumerge dentro del extraño torbellino en el que nada cuenta más que el tiempo presente - tan intensa ha de ser la emoción - bien vale una vida, y no me refiero a perderla, sino a ganarla habiéndola vivido. Imaginé qué es lo que se generaba dentro de ese núcleo emocional: no existe el futuro, la historia desaparece, sólo hay un profundo y excitante presente que se desliga, de un golpe, de la segura e interminable rutina... Se percibe el hecho espléndido del vivir, ¡un tiempo brillante, breve! y nos aproximamos al sentido de la existencia, si es que palpamos el perderla. Uno se concentra en sí mismo sin dispersión posible, y las fronteras del ser humano - la vida y la muerte - se elevan como únicas protagonistas haciendo que desaparezca lo supérfluo y dejando al descubierto lo puramente esencial: el hecho de existir, el ser frente a sí mismo y su propio reto. Una acumulación de exclusivos presentes...
Me apeé de mis reflexiones y escuché a Göran decir que no era posible eliminar el riesgo del camino del hombre, y que el "quid" de la cuestión estaba en aprender a conocerlo.
- Porque el osado ignorante, en vez de encontrar en ello la plenitud, lo que hace es sentir o bien prepotencia, o bien miedo. Y ahí es donde radica la tremenda diferencia
Esa noche nos sorprendió el alba cuando aún no se había extinguido el fuego. Esta vez, mi amigo sí tenía los bolsillos llenos de riesgo y aventura. Le imaginé combatiendo el tedio de los infinitos días nocturnos de su invierno con esa sensación de haberse enfrentado, de poder a poder, a la sombra que nos persigue desde que nacemos. Porque durante una noche, durante las breves horas de una noche, mi amigo Göran HABÍA IDO DE VERAS.

P.D. Göran pertenece al elitista equipo que ha hecho posible esto que llamamos INTERNET. Cuando hace muchos años trató de explicarme el proyecto, no fui capaz de entenderle.

lunes, octubre 23, 2006

CARMINA ORDOÑEZ VERSUS FRANCIS CRICK

A veces, cuando se acumulan papeles,fichas y notas por todas partes, una
tiene que tomar en serio lo de "ordenar", y haciendo un esfuerzo sobrehumano se arma de coraje y se da a todos los diablos arrugando, rasgando y rompiendo lo que luego ha de añorar. De ese motón rescaté unos folios que no tuvieron vuelo, pero que ahora quiero darles curso porque hay una palabra que deseo pronunciar. Si me lo permiten, voy a transcribir los folios que luego tiraré, toda vez que cumplieron su misiób. Dicen:
"Hago un receso en mi trabajo para ver las noticias de la noche aún a sabiendas de que serán malas. Pero qué le vamos a hacer. El resto va a tratar de la señora Ordóñez o las tetas de las famosas en Ibiza. Eso es lo que uno está expuesto a consumir si un día de calor y laxitud no ha tenido los arrestos de presionar ese botón que envía la televisión a hacer puñetas. Entonces, y aprovechando la débil coyuntura, es cuando entran de rondón esas inesperadas muertes como pulpos de infinitos tentáculos que lo llenan todo de sobrecogedora “actualidad”, o los apasionados debates sobre los devaneos de nosesabequién cuyo mérito es, casi siempre, tan inconsistente y pueril como los comentarios de “papuchi.” Eso por no hablar de la maravillosa dialéctica de los políticos o – Dios nos ampare – los retorcidos argumentos para justificar una guerra, o dos, o tres... que el número, como que no importa.
Pero no era a eso a lo que he venido. Quería decir que hoy, cuando ya se había evaporado el atardecer y el telediario llegaba a su fin, la voz de un presentador, como de paso, ha dicho: “ Si yo les digo que ha muerto Francis Crick, quizás a la mayoría de ustedes no les diga nada, pero si les digo que...” ya no escuché el resto, algo aturdida por la sorpresa. La noticia, en el transcurso de unos cuantos segundos, fue apagándose sin posibilidad, en sí misma, de levantar más expectación. En las cadenas vecinas, Carmina Ordóñez - que en paz descanse – seguía levantando ampollas. Pero Francis Crick, que había consumido su vida en investigaciones que demostraron que el constituyente último de los genes era una larga molécula, el ADN, no merecieron más que un comentario tímido y confuso. Tantas cosas tienen que ver con este descubrimiento..., como las vías de curación de enfermedades que, antes sin esperanza, hoy ven abierta una vía gracias a sus esfuerzos y los de su compañero Watson. Pero no soy yo quien puede hablarles de este importantísimo descubrimiento porque me lo impide mi ignorancia; yo sólo vine a pronunciar una sola palabra en voz alta que deseo no se pierda entre la algarabía de notorias insensateces mediáticas. Me refiero a GRACIAS. Por si las palabras pueden conservar su eco, como los objetos su sombra, envío mi agradecimiento a este hombre que ha muerto dejando como testimonio una hermosa y esperanzadora sensación: uno no se muere si dejó su piel en el camino, por pocos que le reconozcan cuando un presentador de la tele diga: “quizás a la mayoría de ustedes no les diga nada...” ¡Qué mundo éste...! Pues bueno, gracias."
Como ven, este artículo fue escrito al calor reciente de las dos muertes. Y me parecía injusto dejar de pronunciar esa palabra que yo clavo aquí para que, si es posible, perdure. GRACIAS de corazón, señores Crick y Watson...y que la señora Ordóñez también descanse en paz. Si es que la dejan.

jueves, octubre 19, 2006

DE HORMIGAS...

Disfruto del otoño, caray; es una estación amable, cambiante, de brisas cálidas, pero insinuando ya el frio que arrinconará la terrible calina de los veranos mediterráneos. Y cuando ese aire empieza a cambiar de caliente a solamente tibio, disfruto desayunando en alguna terraza en donde sirvan un buen café: recio, amargo y con ese final que acaricia los sentidos. Lo prefiero rematadamente solo si he tenido la suerte de "cazar" un periódico en donde ver cómo anda este jodido mundo.
Pero esta mañana las cosas han rodado sólo a medias, porque aun siendo el aire cálido y el café aromático y sabroso, no he conseguido el periódico de marras, así que me he tenido que conformar, por aliviar mi lectura-adicción, con una revista atrasada que por allí andaba. Y me fui a tropezar con un curioso artículo que hablaba de hormigas. Sí, hormigas. Cambié guerras, desfalcos, crímenes y vocerío por estos laboriosos bichos y pensé que tal vez no fuera mal trueque. Decía el autor, que estos insectos están sobre la tierra desde hace la friolera de 100 millones de años pero que, desde entonces, apenas han evolucionado porque su carga genética no da más de sí. O sea, 100 millones de años haciendo lo mismo. Lo mismo... Y tras dar otros datos curiosos sobre estos himenopteros, nos informa el autor del artículo que la Reina vive unos 32 años, mientras que una obrera del montón tan sólo dura unos treinta días, es decir, un mísero mes.
Mas lo sorprendente de la noticia era que estas obreras siempre frenéticamente atareadas, puestas a vivir relajadamente en un laboratorio libres de todo estres, viven alrededor de ¡dos años!, y la condición para que alcancen tal longevidad es que han de echarse a la bartola todo el santo día, nada de acarrear trigo y viandas para el invierno. Este "dolce far niente" les da la oportunidad de alcanzar los dos largos y felices años.
Les confieso que tal noticia científica me ha dejado perpleja, y mientras apuraba mi aromático café, he estado reflexionando sobre toda la moralina que nos habían estado inculcando, allá por mi infancia lejana, durante aquellos interminables "ejercicios espirituales" de posguerra, cuando respirar estaba considerado como un gesto sensual. Entonce el trabajo dignificaba al hombre quien, además de ser portador de valores eternos, vivía en una unidad de destino en lo universal. Me temo que esta última parrafada sólo pueden entenderla los que andan por los 60 -70, pero yo les digo a los que están en la franja de no entender tales conceptos, que nos mintieron de manera descarada al asegurarnos que el trabajo es salud, y pecado escurrir el bulto. Y ahora nos enteramos via ciencia, de que trabajar te deja los huesos que ni para caldo, y que en tu "curriculum vitae" no aparece ni una sola aventura vital gratificante, cosa que no tiene premio ni en los pretendidos cielos. Y el caso es que, durante toda mi vida, me lo he estado barruntando.
Levanto los ojos y veo un diáfano cielo azul, pero no me conforma. Dejo la revista atrasada, pero sigo pensando en el "dolce far niente" que me he perdido. ¡Y encima ponen a mi simpatiquísima amiga la cigarra como hoja de perejil!

sábado, octubre 14, 2006

ESA SEGURIDAD PROMETIDA

En alguna parte he oido que la acción de un gobierno debería ser tan aburrida que no fuera capaz de acaparar protagonismo ninguno. Esa sería la señal inequívoca de que todo marcha bien. Porque nadie repara en las cosas que funcionan, simplemente las disfruta. Y en eso estoy totalmente de acuerdo. Pero por desgracia no es ésta la situación que hoy sufrimos, es obvio. Demasiadas primeras planas, demasiada algarabía y, sobre todo, demasiados problemas primarios aún por resolver.
Sin embargo, no es el caótico protagonismo de la "cosa pública" lo que más me intranquiliza, sino el que las soluciones no se planteen con buena visión de futuro. Y con honestidad, claro. Al menos, mal nos llegan al gran público, que somos quienes a fin de cuentas sufrimos los resultados finales de la gestión. Por poner un ejemplo clarificador, tomemos el tan traido y llevado tema de la "seguridad", que se define como la garantía de que algo va a cumplirse, y centrémonos en el "empleo" por hablar de una de las seguridades más elementales, tan elemental que debiera estar pasada de moda como las escupideras que aún se usaban a principios de este siglo pasado y que, a todas luces resulta, hoy, cuanto menos anacrónicas.
Por razones históricas, que no éticas, no hemos conseguido aún el respeto hacia ese derecho al trabajo, que todo humano tiene por el mero hecho de haber nacido y compartir un planeta que nadie debe poseer en exclusiva. Por tanto no todos, ni mucho menos, pueden acceder a una vida digna. Esa es, creo, una de las grandes asignaturas pendientes de la humanidad en la que, parece, están empeñados los políticos de este universo mundo, aunque poquito...
Tan preocupados andamos por conseguir esa parcela de seguridad - que se traduce en contratos fijos, funcionariados vitalicios etc. - que nos estamos olvidando de lo que realmente sea la seguridad, objetivo mucho más ambicioso. Yo creo que esa "seguridad" de marras no ha de ser ofertada por las instituciones, sino que uno se la ha de ganar. Que los administradores pongan la tierra y, quien más sepa, que la haga germinar. Como decía aquella sabia tía Mercedes: "Si Dios me diera calcetas, yo bien pondría las pantorrillas".
Ha de haber un lugar para los que bien trabajan, los que investigan, o crean, los que aprenden y transmiten con honestidad sus conocimientos... A esto se le llama "rendir". Si esto fuera así, y así se valorara, la estabilidad en el dichoso empleo dependería libremente de mí, de mi interés, de mi esfuerzo - y no del sufrido y falso curriculum o de mi tío el poderoso - y los que así no lo hagan, que guarden cola.
Tal vez toda esta parafernalia utópica - ¿ se creen que no lo sé? - pase por un cambio de mentalidad que exigíria posponer la coacción del miserable contrato por la valía que a uno le avala y así el objeto que me hace vivir con ilusión, es decir, mi propio quehacer, pasaría a primer término en el orden de mis y nuestras prioridades. No se cansa quien disfruta, ni se preocupa por perder su trabajo quien bien ejerce. Por eso dije antes que la seguridad, como la libertad, no se da sino que se gana. Trasladada la teoría al campo de la educación, de la enseñanza - algo que tanto me preocupa porque indudablemente mucho de ella depende el futuro de la humanidad - significaría hacer que se olvide la obsesión por la dichosa "nota" que vendría a ser sustituída por el interés, curiosidad y pasión que requiere el propio conocimiento.
¡Fuera hermoso, caray!
Pero oigo sus voces tildándome de utópica. Sin embargo aún no me he cansado de decir que el presente no es más que el resultado de un montón de utopías que lo fueron allende los siglos. ¿Por qué no desearlo? Yo soy de las que creo que no hay realidad que no haya nacido de un sueño.

lunes, octubre 09, 2006

LOS "DOWNSHIFTERS" Y LA FELICIDAD

Rebuscando entre los muchos y hueros canales de televisión en una desalentadora tarde de domingo y, además, tratando casi sin éxito de esquivar a los hermanos Matamoros, la Pantoja y su mariachi, fui a dar con un debate que emitía el Canal 33. Así, al pronto, me sorprendió que los contertulios hablaran respetándose el turno y no se pisaran "el decir". Allí, oh dioses, no había agresividad, ni descaro, ni mala educación, circunstancia que me llenó de estupor, y para más inrri se debatía el tema de la "felicidad", ese pájaro del paraiso al que los humanos intentamos atrapar. Este programa - pensé - no debe de tener mucha audiencia, si no hay morbo, aunque lo soporten reconocidos filósofos. Lástima. Y recordé, al hilo de mis reflexiones, un artículo de Juan Cueto que también expresaba parecido clamor. A él le dió por desmelenarse a consecuencia del poco eco que habían tenido dos grandes descubrimientos arqueológicos: uno en Atapuerca con los vestigios humanos más antiguos de europa, y el otro por Lleida, en donde se esperaba descubrir la evolución de los dinosaurios. Y con todo ese arsenal, los periodistas se habían quedado sin frio ni calor, a cero grados,como dice el pesado de un amigo que siempre repite el mismo chiste. En cambio, "el desazonador estado de ánimos de la Mosquera" bien pudiera conmocionar este universo mundo.
Pero en realidad yo no quería hoy hablar de audiencias, sino de felicidad, porque aquellos sesudos filósofos, con todo y sus fértiles neuronas, no crean que llegaron a parte alguna. Tal vez porque la cuestión era demasiado compleja. Se citó aquello de "el hombre muere y no es feliz", se habló también de la creciente tecnología, del misticismo oriental... pero nadie dio con la fórmula mágica que medianamente nos complaciera a todos. Va a tener razón el amigo Lao-Tse cuando dice que "ninguna respuesta simple a las verdades más profundas será la verdadera, porque la verdadera debe ser hallada en la variedad de la naturaleza y de la experiencia humana. Ya ven.
Sin embargo, y a pesar de todo, el hombre no deja de moverse con el fin de encontrar algún resquicio por donde entrever esa fórmula magistral que intuimos, o mejor, que tanto deseamos. Por eso los "yuppies", que nacieron en pasadas décadas, y que siguen acelerados e inmersos en el dinero, la moda, el sofisticado y caro confort...parece que están reconsiderando otra manera de vivir esta única vida que tenemos. Es una nueva visión de la vida que, en principio, no encuentro carente de razón. Estos nuevos ciudadanos se hacen llamar "downshifters", que quiere decir algo así como "desacelerados". Pues bien, los viejos "yuppies", cansados de correr para más lograr, se han parado a reflexionar por un momento y han descubierto que es precisamente esa precipitación lo que les impide disfrutar de este tiempo imparable con el que se arropa la vida; y en un arranque de coraje, van abandonando el trabajo excesivo y quedándose con la sola actividad que les permita cubrir sus necesidades básicas a cambio de un gratificante tiempo libre. Dejan el avión y rescatan el viejo coche y la bicicleta, cosa que les permite contemplar el paisaje. Se dan cuenta con estupor de que lo supérfluo no era necesario y que un pantalón y una camisa no necesariamente han de estar de moda para ser útiles.Hasta han descubierto cosa tan cotidiana como lo es la existencia de los vecinos. Por decirlo de una manera un tanto rimbombante: se han encontrado a sí mismos y se gustan, así que sobre la riqueza han colocado la libertad en su orden de prioridades. Y me consta que no son sólo los viejos "yuppies" los que se han dado cuenta de tamaña novedad, sino que también algunos jóvenes - algunos - están abandonando la idea de transformarse en seres prematuramente vitalicios, cosa que me llena de alegría, si es que han sentido la necesidad de ir en busca de las "hermosas mañanas de verano" antes de encajarse en la poltrona.
Quizás tampoco sea eso la felicidad tal y como la plantean los filósofos - el viejo zorro de Lao-Tse va a tener razón - aunque no me negarán que resulta una proposición atrayente. Pero no sé, no sé...¿A ustedes qué les parece?

jueves, octubre 05, 2006

¿ELIMINAR LA FILOSOFÍA?

Lo bueno que tiene la filosofía es que para ser filósofo no se requiere título alguno, basta con aprender a pensar.

Y el pensar resulta que es la actividad privativa del cerebro, algo que nos distingue del resto de los animales. Razonar, discernir, optar por un camino u otro, asumir... En una palabra, entender.

No sé qué otra asignatura, en este galimatías de la enseñanza, es capaz de superar tal caudal de riqueza. Podría decirse, con razón, que es el instrumento por excelencia - con el lenguaje como transmisor - siendo así que nos permite entrar en el mundo del conocimiento haciendo que todo lo demás se nos haga comprensible. Y hasta pudiera darnos las pautas para mejor roer ese hueso duro que es la vida.

Así pues, eliminar del aprendizaje su mejor aliado es, cuanto menos, una aberración y cuanto más, una maquinación sutilmente, diabólica. Porque nada se parece tanto a la clonicidad, al rebaño, como una sociedad papanatas sin capacidad de respuesta. Pero, eso sí, resulta más fácil de conducir. Y me cuesta admitir que subyagan semejantes intenciones en los que tienen el poder, porque les presupongo inteligentes. Pero entonces... ¿Puede una persona realmente inteligente ser aviesa? Alguna premisa está fallando.

Y entendiéndolo así, hace unos cursos, los estudiantes de filosofía de la Complutense se manifestaron pidiendo que esta fundamental disciplina no desapareciera de las enseñanzas medias, y lo hicieron de tal manera que me llegaron a emocionar: grupos de estudiantes caminaban despaciosos leyendo en voz alta a Platón, Aristóteles, Nietzsche, Pitágoras, Ortega, Kant... y el rumor de sus voces y su serenidad frente al bullicio de los coches, captaban al viandante poniéndole de su parte sin mediar palabra. Estaban reivindicando el derecho a ser individuos, a saber elegir su propio destino y a que las generaciones venideras tengan la posibilidad de saber rebelarse. Les ví liberando el espíritu creador, el derecho a ser uno mismo y no gleba - les vi rompiendo el cascarón de la simiente opresora que, sin embargo, encierra la posibilidad de ser flor y, luego, espléndido fruto.

Me alegré. Más que eso, llegué a estremecerme. Porque mientras haya voces que exijan el derecho a pensar, hay esperanza para el hombre. Mas ¡ay! la noticia duró poco en pantalla, el resto del Telediario estuvo ocupado con trifulcas parlamentarias, fraudes ya al uso, muertes injustificables... Bueno, también llegaba Antonio Banderas.

Pero ¡aaayyy! estamos en otoño. Y la naturaleza, sabia como es, ya andará preparando bajo tierra las simientes que germinarán la próxima primavera. Disfrutémoslo

lunes, octubre 02, 2006

A VUELTAS CON LAS PALABRAS...

Es evidente que también las palabras, esas maravillosas piezas de un mosaico que nos permite componer y transmitir las ideas, están sometidas a un ciclo vital y a unas peripecias semejantes a las de nosotros los humanos. Nacen, crecen, se ponen de moda y, al final, van entrando en su particular cementerio donde, sobre una estela de viento, se les coloca la palabra "arcaicas". Y quedan enlosando los libros de nuestros clásicos para ya sólo dar testimonio de alguna costumbre, de algún pensamiento que, superado, también se extinguió. Pero fíjense: tal y como sucede en la sociedad de los hombres, algunas alcanzan mayor fortuna porque pertenezcan a la aristocracia - "blasón", "alcurnia", "dosel" - otras se acomodan bien entre la clase media - "billete", "apartamento", "confort" - por poner algunos ejemplos, y no falta el grupo tribal de las barriobajeras entre las que se encuentran las parias, las innombrables, y de las cuales mejor será no hacer muestreo.
Es sorprendente, ahora que lo pienso, cómo se parecen ellas a nosotros, los también mortales, porque hay vocablos que son rápidamente encumbrados, otros que caen en aras de una acción o costumbre que desaparece, o del demasiado uso y abuso que provoca su desgaste y desprestigio; por ejemplo "credibilidad", hoy completamente vacía de su contenido, ¿no les parece? Otras, como insinué antes, mueren porque desapareció la acción a la cual daban sustento, y es a una de esa especie a la que quiero aludir, una voz que cayó acribillada bajo el fuego cruzado de teléfonos, telégrafos, aviones, prisas... y acabó definitivamente a manos de artefactos con nombre de robot como faxs, e-mail... Me estoy refiriendo al ya inerte verbo CARTEARSE.
Era, convengan conmigo los que la disfrutaron, una palabra encantadora que tenía el don de mantener viva la amistad, el vínculo familiar hasta la tercera generación, el recuerdo de los emigrantes, de los indianos, y permitía a los intelectuales elevarla a la categoría de obra maestra con el estirado nombre decimonónico de "epístolas".
Resultaba entrañable, caray, saber que tía Clotilde estaba mejorcilla de la vesícula, que Purita se había puesto en relaciones con un viajante de Sabadell con bastante porvenir o que Santiago, el hijo menor de la tía Engracia, se había metido a cura con la frenética desaprobación del padre, que era librepensador. No había en aquellas misivas urgencia alguna, ni se trataban asuntos importantes, simplemente uno se carteaba estableciendo una relación coloquial con amigos y parentela sin demasiado calado tal vez, pero con aquel aroma humano encantador.
Pues todo eso es lo que se ha perdido con ella, Dios la tenga en su gloria. El cartero ya no es el mago que repartía sorpresa cargado, como Papá Noel, con su saca de sobres desiguales; hoy se ha convertido en el correveidile de los bancos, propaganda inútil y poco más. Las pocas cartas personales se pierden en melancólica soledad entre tantos sobres clónicos. La vesícula de tia Clotilde carece de cómplices, Purita vive su noviazgo en el más puro de los ostracismos - si fuera que aún existiesen - y en cierto modo todos nos estamos convirtiendo en islas corroídas por el olvido.
Tal vez por eso, cuando uno se sienta a descansar adormecido por la voz de un presentador que nos informa de algún nuevo desastre, suele aparecernos por la memoria el recuerdo de algún amigo. Y se nos hace inevitable la pregunta...¿qué habrá sido de él? En nuestra casi imposible duermevela recordamos que nos debe carta. Aunque hoy ya, deber, deber... sólo se debe dinero, o deudas también hasta la tercera generación.

P.D. Miren, reconozco que esta vorágine de hoy también me empieza a gustar, pero es... es otra cosa.