PAUL NEWMAN QUE TAMBIÉN ESTÁS EN EL CIELO...
No temas, no voy a comenzar con una elegía al estilo de Marco Antonio frente al cadáver de Cesar. Ni tampoco sé bien cómo diablos voy a empezar porque, fíjate, las palabras no me sirven demasiado en este caso; me parecen tan inconsistentes como las hojas del incipiente otoño sobre el que has venido a morir. Pero, Paul, no podía dejar de decirte una cosa que tal vez no sea demasiado importante, porque voy a obviar tu biografía, méritos, alabanzas etc., temas de los que usarán y abusarán los periodistas al uso, pero esa cosa tienes que saberla, y he de esforzarme por conseguir comunicártela.¿Cómo te explicaría yo…?
Verás: sepas que hemos sufrido y gozado de casi los mismos acontecimientos en ese siglo XX, que también se nos fue hace un escaso cuarto de hora; ese siglo ha sido el escenario en donde nos ha tocado vivir, el tuyo y el de todos nosotros. En él ha habido guerras para todos los gustos y naciones, adelantos científicos espectaculares, qué sé yo… Pero hubo algo que a ti y a todos nosotros nos cambió la vida; recuérdalo: fue el cine. Y gracias a él, nosotros -me refiero al decir “nosotros” a mi generación, que más o menos fue la tuya- los chicos de la niñez y
adolescencia en blanco y negro vivimos eso que llaman “la magia del cine”. Te diré que entonces no gozábamos de la abundancia que hay ahora, ni de la libertad, ni de tantas otras cosas… Cuando tú en América usabas el frigorífico (al que probablemente llamabais ya “frigo” de manera coloquial), nosotros, saliendo de una posguerra dura, sólo teníamos un mueble al que no podíamos llamar de otro modo que no fuera “nevera”. Por ejemplo, para que me vayas entendiendo. Pero, eso sí, ya había llegado el cine que, a falta de locales específicos para este menester, se proyectaba en los teatros tradicionales con aquella decoración tan barroca, llena de bambalinas, ángeles decimonónicos recogiendo cortinajes y un dorado brillante dominando el ambiente. Una pantalla blanca ocasional, había dado acomodo al cine allá donde lo suyo era el teatro; pero a nosotros, adolescentes de libros también en blanco y negro, aquella entrada al salón con olor a desinfectante, sí, y butacas de madera bastante parecidas a las sillas eléctricas de las películas de Bogart o Eleanor Parker, nos daba acceso a un mundo diferente al que caminaba afuera. Y a los primeros compases que anunciaba el imprescindible NO-DO, nuestras mentes, empujadas por esa imaginación juvenil tan impetuosa, se habían introducido sin dificultas en los terrenos de la ensoñación, haciéndonos vivir episodios tan emocionantes como inolvidables. Pues tú, amigo mío, tuviste parte en el hecho de haber traído a nuestras vidas un deseo de que lo cotidiano fuera otra cosa. Y cuando pronto el color se estableció en nuestras pantallas, porque las cosas iban cambiando, nos apercibimos de que tus ojos eran azules, pero un azul que daba a tu mirada un no-sé-qué capaz de hacerlos únicos.Paul, como dejé dicho, no vine a alabar al Cesar sino… a darte las gracias por habernos hecho olvidar que los sillones del salón eran tan duros, que el olor a desinfectante nada tenía que ver con las brisas de las grandes praderas o las mansiones coloniales en dónde bregabas con la bella de turno, o que la linternita fluctuante del acomodador, no era la Estrella Polar. Gracias por haber puesto en nuestras manos el material del que, según Bogart, están hechos los sueños.
Era eso, solamente, lo que quería decirte…


4 Comments:
Soy una fan del Newman, Dios mío que lástima de pérdida... Y otros, vivos... El artículo está muy bien. Yo soy posterior, pero un hombre como ese es tan actual como el Discóbolo de Mirón. Y otros vivos, Señor...
Qué guapooooooooooooo.
A fuer de verdadera, he de daros la razón. ¡¡Qué guapo, por todos los diablos!! Y encima, buena gente. Como dicen en un pueblo, de cuyo nombre tampoco quiero acordarme, "Dios le echó el puñao"
Al fin sacamos un tema en el que hay unanimidad...
Pero dentro de poco lo habremos olvidado. Estamos hechos de olvidos. A mi me da mucha pena que así sea.Y qué otra cosa puede suceder...
Espero que durante algún tiempo, aún perviva en el recuerdo.
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