¿PROHIBIR EL RIESGO?
Mi amigo Göran solía venir todos los veranos desde Suecia con el casi único propósito -¡decía!- de llenarse los bolsillos de sol y reservarlo para cuando le vinieran los oscuros días del maldito invierno escandinavo. Pero lo de ahorrar sol, todos lo recelamos entonces, era una excusa que ni siquiera llegaba a la categoría de ramplona metáfora porque yo, con estos ojos, le ví agotar todos los tópicos mediterráneos sin que se le notara intención de ahorrar nada. Hizo como Hemingway, vivió sus veranos al límite disfrutando de todo lo que cayera dentro de su radio de acción, que él se encargaba de ensanchar a poco que le dieran cancha. Pero a diferencia del autor de "Fiesta", a mi amigo no le dio por pegarse un tiro cuando la vida le pasó factura exigiéndole que sentara cabeza: sencillamente dejó de venir. Y ahora que los años nos han vuelto a dejar a orillas de una libertad tardía, cumplidas ya las responsabilidades que nos ataron a una "vida laboral y familiar", ha aparecido de nuevo más grueso, más calvo y - ¡ay dioses misericordiosos! - más viejo. Y hemos vuelto a recorrer, como en un ritual, los lugares que solíamos cuando jóvenes, y él se ha extrañado de cosas tan obvias como el crecimiento desenfrenado de la ciudad, el tráfico vertiginoso, e incluso ha echado de menos alguna que otra palmera... Pero lo que realmente ha festejado mi amigo este pasado agosto, y con excepcional regocijo, ha sido la guerra de carretillas - cohetes, para quienes no conozcan la terminología - que nunca dejó de fascinarle.
- Eso es algo que no llegan a comprender mis compatriotas los septentrionales. Jugar con fuego, enfrentarse a los toros bravos... Siempre estáis al borde de la extinción, como si tratárais de romper las estrictas leyes de la naturaleza.
Göran arrastra las últimas sílabas de su excelente castellano, que aprendió en Argentina a la par que perfeccionaba el tango, y ahí le dura el deje a pesar de los decenios pasados. ¡Jodido Göran! Es de esos a los que, generalmente, les viene estrecho el clan y por eso, creo yo, es capaz de entender la locura de enfrentarse al fuego, muchas millas al sur de su cotidiana aurora boreal.
- ¿Por qué esa obsesión por el fuego? - le pregunté.
- No sé - me respondió - Prometeo se lo robó a los dioses para entregárselo a los oprimidos hombres y así concederles poder. Supongo que podemos considerarlo un elemento esencial, y entiende bien la palabra "esencial". En definitiva se trata de enfrentarse a aquello que VA DE VERAS.
Entendí, sí, lo que quiso decir, aunque me es difícil ponerlo en palabras. Son conceptos que uno intuye, pero que rehuyen a explicaciones que tengan que ver con normas y leyes al uso. Y es que mi amigo pertenece a esa clase de hombres poco dada a creer en fronteras diferentes a las que separan los equinoccios de los solsticios y cosas así, ya saben.
Le he visto ahora reencontrarse con el penetrante olor a pólvora, con el estruendo ensordecedor de los cohetes, con sus desaforadas ráfagas pero sobre todo, con su proximidad. Desde una esquina, y como tanteando el terreno, Göran avanzaba hacia el territorio en donde se daba el combate, y a medida que sus sentidos conectaban con la conversación del fuego y el ruido, se dejaba llevar como quien se lanza al agua y pierde la segura sensación de la tierra. Es otro mundo. El reloj de la cordura se para y comienza una especie de romance, un coqueteo cauteloso con la inusual vorágine de cohetes que llevan consigo la frontera entre la excelsa aventura y la muerte. Eso es IR DE VERAS. Esa noche no es un ensayo, sino una única representación tal y como lo es la propia vida.
Alguien de la calle comentó alguna cosa a cerca de prohibir.
-¿Prohibir? - replicó Göran - ¿Prohibir enfrentarse al peligro? No hay nada tan peligroso como prohibir, porque se opone a conocer.
- Tiene usted razón - le contestó un interlocutor espontáneo - Aquí generalmente se quema quien no sabe el viento que toma el fuego para hacerle el quiebro. Si te metes en esta harina sólo por demostrar tu valor,eres un necio; aquí hay que venir a disfrutar, como se disfruta con la música y esas cosas, y para disfrutar hay que saber lo que se trae uno entre manos.
Göran miró cómo el interlocutor espontáneo se alejaba cachazudamente hacia los lugares de más bullicio y movió la cabeza como aceptando la visión del mundo de aquel hombre a quien, más tarde, vimos en medio de las ráfagas, como una estátua, aceptando un contínuo bautizo de chispas.
- Parece que se comunica con ellas..- comentó mi amigo el sueco - Parece que le conocen...
Mientras ocurría todo aquello, pensé que era lícito que algunas personas, capaces, se lanzaran a experimentar sensaciones inéditas e intuí que esos momentos en que uno se sumerge dentro del extraño torbellino en el que nada cuenta más que el tiempo presente - tan intensa ha de ser la emoción - bien vale una vida, y no me refiero a perderla, sino a ganarla habiéndola vivido. Imaginé qué es lo que se generaba dentro de ese núcleo emocional: no existe el futuro, la historia desaparece, sólo hay un profundo y excitante presente que se desliga, de un golpe, de la segura e interminable rutina... Se percibe el hecho espléndido del vivir, ¡un tiempo brillante, breve! y nos aproximamos al sentido de la existencia, si es que palpamos el perderla. Uno se concentra en sí mismo sin dispersión posible, y las fronteras del ser humano - la vida y la muerte - se elevan como únicas protagonistas haciendo que desaparezca lo supérfluo y dejando al descubierto lo puramente esencial: el hecho de existir, el ser frente a sí mismo y su propio reto. Una acumulación de exclusivos presentes...
Me apeé de mis reflexiones y escuché a Göran decir que no era posible eliminar el riesgo del camino del hombre, y que el "quid" de la cuestión estaba en aprender a conocerlo.
- Porque el osado ignorante, en vez de encontrar en ello la plenitud, lo que hace es sentir o bien prepotencia, o bien miedo. Y ahí es donde radica la tremenda diferencia
Esa noche nos sorprendió el alba cuando aún no se había extinguido el fuego. Esta vez, mi amigo sí tenía los bolsillos llenos de riesgo y aventura. Le imaginé combatiendo el tedio de los infinitos días nocturnos de su invierno con esa sensación de haberse enfrentado, de poder a poder, a la sombra que nos persigue desde que nacemos. Porque durante una noche, durante las breves horas de una noche, mi amigo Göran HABÍA IDO DE VERAS.
P.D. Göran pertenece al elitista equipo que ha hecho posible esto que llamamos INTERNET. Cuando hace muchos años trató de explicarme el proyecto, no fui capaz de entenderle.
- Eso es algo que no llegan a comprender mis compatriotas los septentrionales. Jugar con fuego, enfrentarse a los toros bravos... Siempre estáis al borde de la extinción, como si tratárais de romper las estrictas leyes de la naturaleza.
Göran arrastra las últimas sílabas de su excelente castellano, que aprendió en Argentina a la par que perfeccionaba el tango, y ahí le dura el deje a pesar de los decenios pasados. ¡Jodido Göran! Es de esos a los que, generalmente, les viene estrecho el clan y por eso, creo yo, es capaz de entender la locura de enfrentarse al fuego, muchas millas al sur de su cotidiana aurora boreal.
- ¿Por qué esa obsesión por el fuego? - le pregunté.
- No sé - me respondió - Prometeo se lo robó a los dioses para entregárselo a los oprimidos hombres y así concederles poder. Supongo que podemos considerarlo un elemento esencial, y entiende bien la palabra "esencial". En definitiva se trata de enfrentarse a aquello que VA DE VERAS.
Entendí, sí, lo que quiso decir, aunque me es difícil ponerlo en palabras. Son conceptos que uno intuye, pero que rehuyen a explicaciones que tengan que ver con normas y leyes al uso. Y es que mi amigo pertenece a esa clase de hombres poco dada a creer en fronteras diferentes a las que separan los equinoccios de los solsticios y cosas así, ya saben.
Le he visto ahora reencontrarse con el penetrante olor a pólvora, con el estruendo ensordecedor de los cohetes, con sus desaforadas ráfagas pero sobre todo, con su proximidad. Desde una esquina, y como tanteando el terreno, Göran avanzaba hacia el territorio en donde se daba el combate, y a medida que sus sentidos conectaban con la conversación del fuego y el ruido, se dejaba llevar como quien se lanza al agua y pierde la segura sensación de la tierra. Es otro mundo. El reloj de la cordura se para y comienza una especie de romance, un coqueteo cauteloso con la inusual vorágine de cohetes que llevan consigo la frontera entre la excelsa aventura y la muerte. Eso es IR DE VERAS. Esa noche no es un ensayo, sino una única representación tal y como lo es la propia vida.
Alguien de la calle comentó alguna cosa a cerca de prohibir.
-¿Prohibir? - replicó Göran - ¿Prohibir enfrentarse al peligro? No hay nada tan peligroso como prohibir, porque se opone a conocer.
- Tiene usted razón - le contestó un interlocutor espontáneo - Aquí generalmente se quema quien no sabe el viento que toma el fuego para hacerle el quiebro. Si te metes en esta harina sólo por demostrar tu valor,eres un necio; aquí hay que venir a disfrutar, como se disfruta con la música y esas cosas, y para disfrutar hay que saber lo que se trae uno entre manos.
Göran miró cómo el interlocutor espontáneo se alejaba cachazudamente hacia los lugares de más bullicio y movió la cabeza como aceptando la visión del mundo de aquel hombre a quien, más tarde, vimos en medio de las ráfagas, como una estátua, aceptando un contínuo bautizo de chispas.
- Parece que se comunica con ellas..- comentó mi amigo el sueco - Parece que le conocen...
Mientras ocurría todo aquello, pensé que era lícito que algunas personas, capaces, se lanzaran a experimentar sensaciones inéditas e intuí que esos momentos en que uno se sumerge dentro del extraño torbellino en el que nada cuenta más que el tiempo presente - tan intensa ha de ser la emoción - bien vale una vida, y no me refiero a perderla, sino a ganarla habiéndola vivido. Imaginé qué es lo que se generaba dentro de ese núcleo emocional: no existe el futuro, la historia desaparece, sólo hay un profundo y excitante presente que se desliga, de un golpe, de la segura e interminable rutina... Se percibe el hecho espléndido del vivir, ¡un tiempo brillante, breve! y nos aproximamos al sentido de la existencia, si es que palpamos el perderla. Uno se concentra en sí mismo sin dispersión posible, y las fronteras del ser humano - la vida y la muerte - se elevan como únicas protagonistas haciendo que desaparezca lo supérfluo y dejando al descubierto lo puramente esencial: el hecho de existir, el ser frente a sí mismo y su propio reto. Una acumulación de exclusivos presentes...
Me apeé de mis reflexiones y escuché a Göran decir que no era posible eliminar el riesgo del camino del hombre, y que el "quid" de la cuestión estaba en aprender a conocerlo.
- Porque el osado ignorante, en vez de encontrar en ello la plenitud, lo que hace es sentir o bien prepotencia, o bien miedo. Y ahí es donde radica la tremenda diferencia
Esa noche nos sorprendió el alba cuando aún no se había extinguido el fuego. Esta vez, mi amigo sí tenía los bolsillos llenos de riesgo y aventura. Le imaginé combatiendo el tedio de los infinitos días nocturnos de su invierno con esa sensación de haberse enfrentado, de poder a poder, a la sombra que nos persigue desde que nacemos. Porque durante una noche, durante las breves horas de una noche, mi amigo Göran HABÍA IDO DE VERAS.
P.D. Göran pertenece al elitista equipo que ha hecho posible esto que llamamos INTERNET. Cuando hace muchos años trató de explicarme el proyecto, no fui capaz de entenderle.


5 Comments:
Des qu´il vos plest, or escortez!
Cuers et oroilles m´aportez,
Car parole est tote perdue
S´ele n´est de cuer entandue.
De cez i a qui la chose öent
Qu´il n´entandement, et si la löent
Et cil n´en ont ne mes l´oïe,
Des que li cuers n´i entant mie.
As oroilles vient la parole,
Ausi come li vanz qui vole,
Mes n´i areste ne demore,
Einz s´an part en mount petit d´ore
Se li cuers n´est si esvelleiz
Qu`au prende soit aparelleiz;
Car, s´il le puet an son oïr
Prendre, et anclorre, et retenir,
Les oroilles sont voie et doiz
Par ou s´an vient au cuer la voiz;
Et li cuers prant dedanz le vantre
La voiz, qui par l´oroille i antre.
Et qui or me voldra entandre,
Cuer et oroilles me doit randre,
Car ne vuel pas parler de songe,
Ne de fable, ne de mançonge
Don maint autre vost ont servi
Ainz vos dirai ce que je vi:
NEW DAWN FADES
"A change of speed, a change of style.
A change of scene, with no regrets,
A chance to watch, admire the distance,
Still occupied, though you forget.
Different colours, different shades,
Over each mistakes were made.
I took the blame.
Directionless so plain to see,
A loaded gun won´t set you free.
So you say.
Well share a drink and step outside,
An angry voice and one who cried,
we´ll give you everything and more,
The strain´s too much, can´t take much more.
Oh, I´ve walked on water, run through fire,
Cant seem to feel it anymore.
It was me, waiting for me,
Hoping for something more,
Me, seeing me this time, hoping for something else".
Uff, ¿y en castellano?
So I have foolishly told you the story,
which I never wished to tell again...
Termino en inglés, ¿vale?
New dawn fades... es de Ian Curtis, ¿verdad? Se suicidó, me parece. ¡Vaya recuerdos!
I REMEMBER NOTHING
"We were strangers.
We were strangers, for way too long, for way too long,
We were strangers, for way too long.
Violent, violent,
Were strangers.
Get weak all the time, may just pass the time,
Me in my own world, yeah you there beside,
The gaps are enormous, we stare from each side,
We were strangers for way too long.
Violent, more violent, his hand cracks the chair,
Moves on reaction, then slumps in despair,
Trapped in a cage and surrendered too soon,
Me in my own world, the one that you knew,
For way too long.
We were strangers, for way too long.
We were strangers,
We were strangers, for way too long.
For way too long".
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