sábado, octubre 14, 2006

ESA SEGURIDAD PROMETIDA

En alguna parte he oido que la acción de un gobierno debería ser tan aburrida que no fuera capaz de acaparar protagonismo ninguno. Esa sería la señal inequívoca de que todo marcha bien. Porque nadie repara en las cosas que funcionan, simplemente las disfruta. Y en eso estoy totalmente de acuerdo. Pero por desgracia no es ésta la situación que hoy sufrimos, es obvio. Demasiadas primeras planas, demasiada algarabía y, sobre todo, demasiados problemas primarios aún por resolver.
Sin embargo, no es el caótico protagonismo de la "cosa pública" lo que más me intranquiliza, sino el que las soluciones no se planteen con buena visión de futuro. Y con honestidad, claro. Al menos, mal nos llegan al gran público, que somos quienes a fin de cuentas sufrimos los resultados finales de la gestión. Por poner un ejemplo clarificador, tomemos el tan traido y llevado tema de la "seguridad", que se define como la garantía de que algo va a cumplirse, y centrémonos en el "empleo" por hablar de una de las seguridades más elementales, tan elemental que debiera estar pasada de moda como las escupideras que aún se usaban a principios de este siglo pasado y que, a todas luces resulta, hoy, cuanto menos anacrónicas.
Por razones históricas, que no éticas, no hemos conseguido aún el respeto hacia ese derecho al trabajo, que todo humano tiene por el mero hecho de haber nacido y compartir un planeta que nadie debe poseer en exclusiva. Por tanto no todos, ni mucho menos, pueden acceder a una vida digna. Esa es, creo, una de las grandes asignaturas pendientes de la humanidad en la que, parece, están empeñados los políticos de este universo mundo, aunque poquito...
Tan preocupados andamos por conseguir esa parcela de seguridad - que se traduce en contratos fijos, funcionariados vitalicios etc. - que nos estamos olvidando de lo que realmente sea la seguridad, objetivo mucho más ambicioso. Yo creo que esa "seguridad" de marras no ha de ser ofertada por las instituciones, sino que uno se la ha de ganar. Que los administradores pongan la tierra y, quien más sepa, que la haga germinar. Como decía aquella sabia tía Mercedes: "Si Dios me diera calcetas, yo bien pondría las pantorrillas".
Ha de haber un lugar para los que bien trabajan, los que investigan, o crean, los que aprenden y transmiten con honestidad sus conocimientos... A esto se le llama "rendir". Si esto fuera así, y así se valorara, la estabilidad en el dichoso empleo dependería libremente de mí, de mi interés, de mi esfuerzo - y no del sufrido y falso curriculum o de mi tío el poderoso - y los que así no lo hagan, que guarden cola.
Tal vez toda esta parafernalia utópica - ¿ se creen que no lo sé? - pase por un cambio de mentalidad que exigíria posponer la coacción del miserable contrato por la valía que a uno le avala y así el objeto que me hace vivir con ilusión, es decir, mi propio quehacer, pasaría a primer término en el orden de mis y nuestras prioridades. No se cansa quien disfruta, ni se preocupa por perder su trabajo quien bien ejerce. Por eso dije antes que la seguridad, como la libertad, no se da sino que se gana. Trasladada la teoría al campo de la educación, de la enseñanza - algo que tanto me preocupa porque indudablemente mucho de ella depende el futuro de la humanidad - significaría hacer que se olvide la obsesión por la dichosa "nota" que vendría a ser sustituída por el interés, curiosidad y pasión que requiere el propio conocimiento.
¡Fuera hermoso, caray!
Pero oigo sus voces tildándome de utópica. Sin embargo aún no me he cansado de decir que el presente no es más que el resultado de un montón de utopías que lo fueron allende los siglos. ¿Por qué no desearlo? Yo soy de las que creo que no hay realidad que no haya nacido de un sueño.

2 Comments:

Blogger careiro said...

Con relación a su artículo, curiosamente, en términos generales, me ha recordado la siguiente reflexión de Mishima, año y medio antes de quitarse la vida mediante el ritual "seppuku". Con un cierto desdén se refiere al esfuerzo (lo cual, no deja de ser curioso, pues a pesar de su ascendencia noble, su vida no fue sino un ejemplo de perseverancia de mejora tanto de sus dotes intelectuales, como físicas); no es el caso de su comentario, pero creo que tanto, la perpectiva del escritor japonés, como la suya, tal vez desde posiciones diametralmente opuestas, convergen
en el análisis subyacente: << "el genio es fruto del esfuerzo", dice el proverbio, pero también el talento debe valorarse como una joya pues de otro modo corremos el riesgo de quedarnos sin conocerlo (...). Pero el mayor tormento no es trabajar. La tortura más dolorosa e innatural es la que sufre quien, a pesar de tener talento, se ve obligado a no usarlo o a emplearlo en una medida inferior a sus posibilidades. El ser humano posee una naturaleza extraña: se siente vital sólo cuando puede dar el mayor vuelo posible a su capacidad(...)>>.
En un aspecto más particular, en lo relativo a la enseñanza, coincido con el análisis que en su día hizo Gramsci(lo cual no deja de ser un tanto paradójico, dada su filiación política), al proponer una educación integral basada en las humanidades más que en la técnica, donde el niño aprendiera también sus deberes cívicos frente a sus derechos, en un marco de disciplina, autoridad y trabajo, y en un sistema de igualdad de oportunidades que potenciase los méritos y el esfuerzo personal. Valores, que en mi opinión han perdido el peso que
deberían tener, claro que no son los únicos....
Un cordial saludo.

3:17 PM  
Blogger Euroresidentes said...

Pongo el énfasis, Sr. Careiro, en lo que para mí es nuclear:un cambio de mentalidad, un giro total. Eso, ya sé, no sucede en un día, ni en un siglo, o tal vez nunca, quién sabe, pero me conformaría con que empezáramos a no jalear al "listo" que defrauda, al "valiente" que mata, o al "vago" que se jacta de no dar ni golpe...Que no se hiciera cotidiana la masacre de mujeres por aquellos "que más las aman", que no se tomara por cómoda costumbre el esconderse tras una frecuente depresión porque ¡hay que fastidiarse! se teme al alumnado. ¿Quién teme al niño que tuvo un fósil entre las manos y alguien le informó de los millones de años en que estaba vivo? Estuvo recibiendo una educación eficaz, viva, sin el exclusivo y capante libro que reduce el fósil a una mala foto... Y, en fin, que no se ensanguine la televisión... cosas corrientes, básicas, amigo mío. Ni un aceptable punto de referencia tienen hoy los chavales... ávidos como están de ilusión y entusiasmo.
Vale, me freno. Parezco un predicador, perfil que odio.

El genio es fruto del esfuerzo, ¡claro!. Recuerde a Picasso:"No creo en la inspiración, pero por si acaso, que me coja trabajando" Y también estoy con que "el mayor tormento no es trabajar, sino quien a pesar de tener talento, se ve obligado a no usarlo". Un infierno. Y que "el hombre se siente vital cuando puede dar el mayor vuelo posible a su capacidad". Todo eso suscribo cuando digo que desearía desencorsetar el aparato burocrático que nos gobierna a los mortales.

Denso pero muy interesante el artículo de Lamarche.

12:59 PM  

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