DE HORMIGAS...
Disfruto del otoño, caray; es una estación amable, cambiante, de brisas cálidas, pero insinuando ya el frio que arrinconará la terrible calina de los veranos mediterráneos. Y cuando ese aire empieza a cambiar de caliente a solamente tibio, disfruto desayunando en alguna terraza en donde sirvan un buen café: recio, amargo y con ese final que acaricia los sentidos. Lo prefiero rematadamente solo si he tenido la suerte de "cazar" un periódico en donde ver cómo anda este jodido mundo.
Pero esta mañana las cosas han rodado sólo a medias, porque aun siendo el aire cálido y el café aromático y sabroso, no he conseguido el periódico de marras, así que me he tenido que conformar, por aliviar mi lectura-adicción, con una revista atrasada que por allí andaba. Y me fui a tropezar con un curioso artículo que hablaba de hormigas. Sí, hormigas. Cambié guerras, desfalcos, crímenes y vocerío por estos laboriosos bichos y pensé que tal vez no fuera mal trueque. Decía el autor, que estos insectos están sobre la tierra desde hace la friolera de 100 millones de años pero que, desde entonces, apenas han evolucionado porque su carga genética no da más de sí. O sea, 100 millones de años haciendo lo mismo. Lo mismo... Y tras dar otros datos curiosos sobre estos himenopteros, nos informa el autor del artículo que la Reina vive unos 32 años, mientras que una obrera del montón tan sólo dura unos treinta días, es decir, un mísero mes.
Mas lo sorprendente de la noticia era que estas obreras siempre frenéticamente atareadas, puestas a vivir relajadamente en un laboratorio libres de todo estres, viven alrededor de ¡dos años!, y la condición para que alcancen tal longevidad es que han de echarse a la bartola todo el santo día, nada de acarrear trigo y viandas para el invierno. Este "dolce far niente" les da la oportunidad de alcanzar los dos largos y felices años.
Les confieso que tal noticia científica me ha dejado perpleja, y mientras apuraba mi aromático café, he estado reflexionando sobre toda la moralina que nos habían estado inculcando, allá por mi infancia lejana, durante aquellos interminables "ejercicios espirituales" de posguerra, cuando respirar estaba considerado como un gesto sensual. Entonce el trabajo dignificaba al hombre quien, además de ser portador de valores eternos, vivía en una unidad de destino en lo universal. Me temo que esta última parrafada sólo pueden entenderla los que andan por los 60 -70, pero yo les digo a los que están en la franja de no entender tales conceptos, que nos mintieron de manera descarada al asegurarnos que el trabajo es salud, y pecado escurrir el bulto. Y ahora nos enteramos via ciencia, de que trabajar te deja los huesos que ni para caldo, y que en tu "curriculum vitae" no aparece ni una sola aventura vital gratificante, cosa que no tiene premio ni en los pretendidos cielos. Y el caso es que, durante toda mi vida, me lo he estado barruntando.
Levanto los ojos y veo un diáfano cielo azul, pero no me conforma. Dejo la revista atrasada, pero sigo pensando en el "dolce far niente" que me he perdido. ¡Y encima ponen a mi simpatiquísima amiga la cigarra como hoja de perejil!
Pero esta mañana las cosas han rodado sólo a medias, porque aun siendo el aire cálido y el café aromático y sabroso, no he conseguido el periódico de marras, así que me he tenido que conformar, por aliviar mi lectura-adicción, con una revista atrasada que por allí andaba. Y me fui a tropezar con un curioso artículo que hablaba de hormigas. Sí, hormigas. Cambié guerras, desfalcos, crímenes y vocerío por estos laboriosos bichos y pensé que tal vez no fuera mal trueque. Decía el autor, que estos insectos están sobre la tierra desde hace la friolera de 100 millones de años pero que, desde entonces, apenas han evolucionado porque su carga genética no da más de sí. O sea, 100 millones de años haciendo lo mismo. Lo mismo... Y tras dar otros datos curiosos sobre estos himenopteros, nos informa el autor del artículo que la Reina vive unos 32 años, mientras que una obrera del montón tan sólo dura unos treinta días, es decir, un mísero mes.
Mas lo sorprendente de la noticia era que estas obreras siempre frenéticamente atareadas, puestas a vivir relajadamente en un laboratorio libres de todo estres, viven alrededor de ¡dos años!, y la condición para que alcancen tal longevidad es que han de echarse a la bartola todo el santo día, nada de acarrear trigo y viandas para el invierno. Este "dolce far niente" les da la oportunidad de alcanzar los dos largos y felices años.
Les confieso que tal noticia científica me ha dejado perpleja, y mientras apuraba mi aromático café, he estado reflexionando sobre toda la moralina que nos habían estado inculcando, allá por mi infancia lejana, durante aquellos interminables "ejercicios espirituales" de posguerra, cuando respirar estaba considerado como un gesto sensual. Entonce el trabajo dignificaba al hombre quien, además de ser portador de valores eternos, vivía en una unidad de destino en lo universal. Me temo que esta última parrafada sólo pueden entenderla los que andan por los 60 -70, pero yo les digo a los que están en la franja de no entender tales conceptos, que nos mintieron de manera descarada al asegurarnos que el trabajo es salud, y pecado escurrir el bulto. Y ahora nos enteramos via ciencia, de que trabajar te deja los huesos que ni para caldo, y que en tu "curriculum vitae" no aparece ni una sola aventura vital gratificante, cosa que no tiene premio ni en los pretendidos cielos. Y el caso es que, durante toda mi vida, me lo he estado barruntando.
Levanto los ojos y veo un diáfano cielo azul, pero no me conforma. Dejo la revista atrasada, pero sigo pensando en el "dolce far niente" que me he perdido. ¡Y encima ponen a mi simpatiquísima amiga la cigarra como hoja de perejil!


3 Comments:
Cirlot da un significado negativo a
las hormigas. Zimmer comienza su "Mitos y símbolos de la India",con "El desfile de las Hormigas", recogido en el Brahmavaivarta Purana, de Krsna-janma Khanda, en un sentido parecido.... Ambrose Bierce, hace la siguiente reinterpretación de la fábula de Esopo:
LA CIGARRA Y LAS HORMIGAS
"Los Miembros de un Cuerpo Legislativo estaban haciendo inventario de su fortuna al final de la legislatura, cuando acertó a pasar por allí un Honrado Minero y les pidió que la repartieran con él. Los Miembros del Cuerpo Legislativo le preguntaron:
-¿Por qué no invertiste en bienes inmuebles por tu cuenta?
-Porque-replicó el Honrado Minero-
estaba tan ocupado extrayendo oro que no tuve tiempo de ahorrar una cantidad importante.
Entonces los Miembros del Cuerpo Legislativo se burlaron de él, y dijeron:
-Si pierdes el tiempo en pasatiempos inútiles, desde luego, no esperes compartir el fruto de la laboriosidad."
Yo, que no he alcanzado la esperanza media de vida de las hormigas reinas. Me planteo si la fama de cigarras que tenemos los que vivimos en esta "unidad de destino en lo universal", es ajustada a la realidad....
PD:Espero que se le escape el periódico con más frecuencia. Si ha sido capaz de desarrollar este excelente post, a partir de la mencionada revista, imagínese si le hubiera caído The Economist....:)!!!
Dice usted - me parece que deberíamos desmontar este tratamiento tan formal, parecemos dos personajes del renacimiento o, como poco, de la época victoriana. Yo, que soy la mayor, doy paso - Pues bien, dices: "No sé si la fama de cigarras que tenemos los que vivimos en esa unidad de destino en lo universal, es ajustada a la realidad" Pregunto:¿Qué realidad? Y a propósito de cigarras, hormigas y realidades te contaré una anécdota que me sucedió viniendo en avión desde Londres hace unos años. Me tocó por compañera de viaje una joven con quien pronto "pegué la hebra" como suelo...Estaba triste, y viendo tal vez en mí una persona mayor a la que probablemente no volviera a ver, me contó el motivo de su preocupación: era abogada había aprobado unas oposiciones a no recuerdo qué puesto importante de la administración con el número 1, lo que la colocaba en aquello de "la más joven de España..." Aún no le habían cesado las felicitaciones cuando tuvo que viajar a Inglaterra por cuestiones de trabajo, y allí se puso en contacto con grupos de jóvenes como ella realizando proyectos importantes, pero que la mayoría iban a abandonar en un momento determinado porque tenían otras prioridades: ampliación de estudios, un curso de paleografía (?), viajar a oriente, mil cosas diferentes, pero el caso era que no hacían del hecho de abandonar el puesto fijo y la seguridad esa, un problema. Lo veían bastante natural. A mi compañera de viaje le cautivó esa actitud ante la vida y tuvo ganas de hacer lo mismo: había un tema en unos archivos alemanes que la tenían subyugada, y que no acometería la investigación porque el proyecto estaba pasando ya al archivador de lo "cuando pueda", o sea, nunca. Pero sabía la reacción de TODOS ante tan osado abandono. Pues bien, iba camino de casa con la intención de lidiar ese toro.
Alguna vez me he preguntado a qué realidad se acogería Beatriz, así se llamaba. Y si habrá sido capaz de faltar a una cita con la Estrella Polar. Pero, amigo, he oido muchas veces eso de "la vida es lo que sucede cuando teníamos otros proyectos" aunque, tras ello, siempre se oye un suspiro...
Yo,amigo mío, nunca me atreveré a tocar un ejemplar de The Economis. Eso, seguro.
Beatriz...Dante..., vivir o suspirar...
Lo de The Economist, es una lástima
, con la de risas y buenos momentos que podríamos pasar a cuenta de la "mano invisible" de Smith. Eso, seguro.
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