LA MALDITA SUERTE
Tengo entendido que la Universidad de Oxford suele dedicar una sustanciosa partida de su presupuesto a la investigación y con ese dinero, beca a grupos de jóvenes para que lleven a cabo proyectos extraños, imaginativos e incluso estrafalarios porque suponen dos cosas: por una parte, que es así como se aprende a investigar, y por otra, que tras la casualidad bien pudiera encontrarse agazapado un descubrimiento importante y, además, rentable, matiz a tenerse en cuenta, qué caray. El propio Stephen Hawking perteneció en su juventud a uno de esos grupos pioneros, rastreadores de los misterios que encierra la naturaleza.
Pues bien, algo tras lo que van los oxfordianos últimamente es la constatación de si la suerte posee unas leyes por las que se rija - como lo hacen los astros en el cielo y los hombres en la tierra - o tal vez sencillamente actúa como Dios le dio a entender; y los muchachos de Oxford andan locos porque cuando parece que van por buen camino, se les cuartea la ecuación y la maldita suerte se les escapa por la fisura. De modo que libre anda, merodeando por los centros de augures, echadoresde cartas, adivinos, nigromantes y demás apóstatas de la ciencia sin dejarse someter. Suele llevar por compañera a la ley de las probabilidades, tan fiable la pobre como un pronóstico del tiempo al que miramos de reojo con la mano puesta en el mango del paraguas. En resumen, que por ahí va ella cebándose en según quién - que eso nunca se sabe - haciendo cortes de manga a tirios y troyanos.
Puestas así las cosas, yo no digo que ese descabalado prorrateo de la suerte sea precisamente justo, pero en el fondo... no crean que me disgusta. Porque algo, digo yo, ha de quedar en este puñetero mundo que actúe a modo de tubo de escape por donde se liberen los poetas, los grandes innovadores, aquellos que estén razonablemente locos... ¡en fin!, todos los que se comportan contra todo pronóstico, Dios les bendiga. Seguro que la suerte se ha unido a esa tropa de incontrolables haciendo caso omiso de las recomendaciones del padre Newton, el gran recopilador de leyes.
Lo cierto es que la suerte rara vez es para los que la buscan, eso dicen, sino para quienes la encuentran, y su rostro debe ser como las estrellas reflejadas en el mar: bella, huidiza... una apátrida imposible de someter a una ley, ni siquiera a un censo.
Atractiva la puñetera ¿eh?
Pues bien, algo tras lo que van los oxfordianos últimamente es la constatación de si la suerte posee unas leyes por las que se rija - como lo hacen los astros en el cielo y los hombres en la tierra - o tal vez sencillamente actúa como Dios le dio a entender; y los muchachos de Oxford andan locos porque cuando parece que van por buen camino, se les cuartea la ecuación y la maldita suerte se les escapa por la fisura. De modo que libre anda, merodeando por los centros de augures, echadoresde cartas, adivinos, nigromantes y demás apóstatas de la ciencia sin dejarse someter. Suele llevar por compañera a la ley de las probabilidades, tan fiable la pobre como un pronóstico del tiempo al que miramos de reojo con la mano puesta en el mango del paraguas. En resumen, que por ahí va ella cebándose en según quién - que eso nunca se sabe - haciendo cortes de manga a tirios y troyanos.
Puestas así las cosas, yo no digo que ese descabalado prorrateo de la suerte sea precisamente justo, pero en el fondo... no crean que me disgusta. Porque algo, digo yo, ha de quedar en este puñetero mundo que actúe a modo de tubo de escape por donde se liberen los poetas, los grandes innovadores, aquellos que estén razonablemente locos... ¡en fin!, todos los que se comportan contra todo pronóstico, Dios les bendiga. Seguro que la suerte se ha unido a esa tropa de incontrolables haciendo caso omiso de las recomendaciones del padre Newton, el gran recopilador de leyes.
Lo cierto es que la suerte rara vez es para los que la buscan, eso dicen, sino para quienes la encuentran, y su rostro debe ser como las estrellas reflejadas en el mar: bella, huidiza... una apátrida imposible de someter a una ley, ni siquiera a un censo.
Atractiva la puñetera ¿eh?


2 Comments:
cuando se leen sus reflexiones ,se reconcilia uno con el mundo.Enhorabuena ,siga escribiendo por favor.
"La nature fait le mérite, et la fortune le met en oeuvre."
François de La Rochefoucauld
(Maximes).
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