ESA ESTIRPE...
Tres fontaneros pasaron por mi casa sin dar con la avería. Parecía aquello cosa de gremlins, ya que de un caño por donde se suponía que no debería salir el agua,un chorro imparable se disparaba llevando a los técnicos a la exasperación
- Señora, eso es que hay un puente en alguna parte. Vamosa tener que levantar ladrillos.
El anuncio de la guerra del Golfo, que fué la que más nos conmocionó por ser la primera de la serie Bush, me fue menos traumatizante. Esos dos vocablos - levantar ladrillos - podían suponer la rotura de nuestro ordenado ecosistema familiar. Albañiles, fontaneros, averías agazapadas ladinamente bajo el cemento..., les confieso que sentí la tentación de visitar a una vidente. Pero aconsejada por una de esas amigas que aún creen en los milagros, decidí hacer una última tentativa, como quien va a la Clínica Mayo.
- Te mando a mi fontanero. Es un manitas y no cobra caro.
Poco confiaba yo en aquel cúmulo de cualidades, pero antes de meter el bisturí en mis paredes, quise hacer esa cuarta intentona a la vez que encendía una vela a Santa Rita, esperando que no me cogiera en el renuncio de mi frialdad religiosa. Así que recibí al nuevo fontanero con la misma emoción que si de Paul Newman se tratara.
Era un hombre pequeño, de una indefinida mediana edad, algo encorvado pero ligero de movimientos. Casi al instante, como un sabueso, comenzó a olisquear tuberías, grifos, empalmes... Apenas hablaba. Yo iba pegada a él desgranando jaculatorias y prometiendo novenas. Se paraba enmedio de la cocina como resolviendo una ecuación mental, y de vez en cuando decía ¡cojones!
- Es el grifo - dijo al fin.
El corazón me dio un vuelco; era como si me hubiese dicho "usted no tiene cancer"
- ¿No ve? Sale por ahí, y eso quiere decir que dentro está roto y trasvasa el agua hacia otra tubería. Habrá que cambiarlo.
- ¿Sólo el grifo? - pregunté aún anhelante.
- Eso bastará. ¿Qué, lo cambiamos o no?
Y lo cambió con un par. Y el agua dejó de manar por donde no debía, salvando así ladrillos y la histeria colectiva que se me venía encima
Fue extremadamente barato, o al menos así me lo pareció, dispuesta como estaba a vender mi primogenitura por aquel singular plato de lentejas.
Pero antes de que mi hombre se marchara, y mientras recogía sus herramientas, no resistí el preguntarle cómo diablos había dado con la avería tan sagazmente camuflada.
- No es dificil - dijo - si se van atando los cabos. Uno se mete dentro de la tubería y va haciendo el recorrido. Si se tienen los ojos de la imaginación abiertos, se la encuentra.
Se fue, encorvado y silencioso como había venido. Pero a mí me dejó perpleja. Me retumbaban en la cabeza dos conceptos que él tenía por rutinarios: "se mete uno dentro de la tubería" y "si se tienen los ojos de la imaginación abiertos". Mi fontanro sabía cómo mirar.
Ya sola, me quedé un rato observando mi reluciente grifo con arrobo. Y recordé a los grandes hombres que habían sabido contemplar el universo y encontrar las claves capaces de descodificar ese lenguaje que explica tantas cosas. Frente a mi reluciente grifo pensé en Copérnico: ¡qué gran momento aquel en que fue capaz de descubrir, por primera vez, el baile de los planetas alrededor del sol! Una representación única para un gran observador. Y en Newton, atraido irresistiblemente por una gran fuerza universal metido todo él dentro de una enorme tubería por donde circulan las galaxias.
Claro..., son de una estirpe diferente estos seres que no están programados, que son capaces de rastrear las huellas de un vientoy entender el zumbido del mar.
Son los hijos de la Luna
- Señora, eso es que hay un puente en alguna parte. Vamosa tener que levantar ladrillos.
El anuncio de la guerra del Golfo, que fué la que más nos conmocionó por ser la primera de la serie Bush, me fue menos traumatizante. Esos dos vocablos - levantar ladrillos - podían suponer la rotura de nuestro ordenado ecosistema familiar. Albañiles, fontaneros, averías agazapadas ladinamente bajo el cemento..., les confieso que sentí la tentación de visitar a una vidente. Pero aconsejada por una de esas amigas que aún creen en los milagros, decidí hacer una última tentativa, como quien va a la Clínica Mayo.
- Te mando a mi fontanero. Es un manitas y no cobra caro.
Poco confiaba yo en aquel cúmulo de cualidades, pero antes de meter el bisturí en mis paredes, quise hacer esa cuarta intentona a la vez que encendía una vela a Santa Rita, esperando que no me cogiera en el renuncio de mi frialdad religiosa. Así que recibí al nuevo fontanero con la misma emoción que si de Paul Newman se tratara.
Era un hombre pequeño, de una indefinida mediana edad, algo encorvado pero ligero de movimientos. Casi al instante, como un sabueso, comenzó a olisquear tuberías, grifos, empalmes... Apenas hablaba. Yo iba pegada a él desgranando jaculatorias y prometiendo novenas. Se paraba enmedio de la cocina como resolviendo una ecuación mental, y de vez en cuando decía ¡cojones!
- Es el grifo - dijo al fin.
El corazón me dio un vuelco; era como si me hubiese dicho "usted no tiene cancer"
- ¿No ve? Sale por ahí, y eso quiere decir que dentro está roto y trasvasa el agua hacia otra tubería. Habrá que cambiarlo.
- ¿Sólo el grifo? - pregunté aún anhelante.
- Eso bastará. ¿Qué, lo cambiamos o no?
Y lo cambió con un par. Y el agua dejó de manar por donde no debía, salvando así ladrillos y la histeria colectiva que se me venía encima
Fue extremadamente barato, o al menos así me lo pareció, dispuesta como estaba a vender mi primogenitura por aquel singular plato de lentejas.
Pero antes de que mi hombre se marchara, y mientras recogía sus herramientas, no resistí el preguntarle cómo diablos había dado con la avería tan sagazmente camuflada.
- No es dificil - dijo - si se van atando los cabos. Uno se mete dentro de la tubería y va haciendo el recorrido. Si se tienen los ojos de la imaginación abiertos, se la encuentra.
Se fue, encorvado y silencioso como había venido. Pero a mí me dejó perpleja. Me retumbaban en la cabeza dos conceptos que él tenía por rutinarios: "se mete uno dentro de la tubería" y "si se tienen los ojos de la imaginación abiertos". Mi fontanro sabía cómo mirar.
Ya sola, me quedé un rato observando mi reluciente grifo con arrobo. Y recordé a los grandes hombres que habían sabido contemplar el universo y encontrar las claves capaces de descodificar ese lenguaje que explica tantas cosas. Frente a mi reluciente grifo pensé en Copérnico: ¡qué gran momento aquel en que fue capaz de descubrir, por primera vez, el baile de los planetas alrededor del sol! Una representación única para un gran observador. Y en Newton, atraido irresistiblemente por una gran fuerza universal metido todo él dentro de una enorme tubería por donde circulan las galaxias.
Claro..., son de una estirpe diferente estos seres que no están programados, que son capaces de rastrear las huellas de un vientoy entender el zumbido del mar.
Son los hijos de la Luna


3 Comments:
En estos tiempos de "sinécdoque" pólitica y religiosa, tal vez sería
oportuno recordar la influencia de
algunos miembros de esa estirpe, tanto en el "Comentariolus" como en
el "De revolutionibus orbium coelestium" de Copérnico y por ende
en la Astronomía Universal. Con relación a los equinoccios,
al-Battani o al-Fargani. A fin de evitar la excentricidad de las órbitas, la Escuela de Maraga: Mu´ayyad al-Din al-´Urdi, Qutb al-Din al-Shirazi, Nasir al-Din al-Tusi, respecto al empleo sistemático de epiciclos menores, Ibn al-Shatir. De la vinculación entre los movimientos uniformes y las estrellas fijas, Gabir ibn Aflah...
Otra sensación que me ha producido
su relato, es la de que hasta el último momento, he esperado que en "el misterio del grifo", asomara el candoroso Padre Brown o, en su caso (dada la admiración que usted profesa hacia Bogart), apareciese Sam Spade o Philip Marlowe. Ellos, en cierto modo también pertenecen a una estirpe distinta...
Su blog ha sido todo un descubrimiento para mí. Me confieso un total desconfiado, con ciertas reticencias ante este mundo de Internet que tanto fascina a generaciones empeñadas en utilizar las nuevas técnicas de comunicación a costa de las tradicionales.
Hoy he encontrado sus artículos y le felicito por medio convencerme que en el citado mundo de Internet, existe algo para mí. ¡Aleluya!
Le seguiré visitando .......
Sencillamente delicioso!!!
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