CINCO MIL MILLONES DE AÑOS
Me entero, por no sé qué revista, de los proyectos que tiene la NASA con respecto a esa alucinante conquista del espacio, y el científico que nos informa se frota las manos porque han logrado reducir de mil quinientos a cuatrocientos los años que tardará el hombre en llegar a una de esas estrellas cercanas. Me detengo ante el dato con pavor...¡cuán largo me lo fiáis! Pero averiguo más adelante que los científicos en cuertión están tratando de reducir ese tiempo por que no se nos vaya el santo al cielo y perdamos el oremus como sucedió en el caso de la Muralla China.
Ellos, los sabios, también barajan la hipótesis de que el sol se apagará dentro de cinco mil millones de años...
Reflexiono sobre todas estas cuestiones al caer la tarde. La soledad y el plácido silencio en que me encuentro, dan cancha a mi imaginación para que elucubre a sus anchas sobre la magnitud de cifras y proyectos; y estando bien metida en ello, ya me parecen menos graves mis plazos bancarios, el casi pornográfico recibo del teléfono, y la no menos nefasta cuenta de la luz si es que el sol va a acabar por apagarse. Porque en realidad lo peor fuera que sólo mis males no tuvieran remedio. La verdad es, vive Dios, que me ha hecho mucho bien el saber de la finitud de ese astro que no parecía tener problemas, ya ven. Y paso la tarde más relajada pensando que no hay mal que cien años dure, y asi mis cotidianas preocupaciones, junto con este persistente y jodido dolor de muelas, se van mezclando con la suave brisa del atardecer. El más absoluto de los presentes se solapa bajo la posible desaparición del sol, y sonrío con picardía pensando en su efímera duración... Mis preocupaciones han ido desapareciendo con la somnolencia y la promesa de un fin y confío, durante este tiempo en que anochece lentamente, en esa solución tan aliviadora. Así, sumergida en la penumbra, he minimizado este ajetreo del vivir...
Pero, ¡ay! el sol se ha puesto, la oscuridad es casi total en mi aposento y enciendo la luz. Entonces me doy cuenta, a mi pesar, de que los hombres de la NASA tardarán demasiado en llegar a su estrella, que mañana habré de pasar por las oficinas de la Hidroeléctrica, suena el teléfono cuyo maldito recibo habré de pagar también y me sigue doliento la jodida muela...
¡¡Ostras, cinco mil millones de años son muchos años!!
Ellos, los sabios, también barajan la hipótesis de que el sol se apagará dentro de cinco mil millones de años...
Reflexiono sobre todas estas cuestiones al caer la tarde. La soledad y el plácido silencio en que me encuentro, dan cancha a mi imaginación para que elucubre a sus anchas sobre la magnitud de cifras y proyectos; y estando bien metida en ello, ya me parecen menos graves mis plazos bancarios, el casi pornográfico recibo del teléfono, y la no menos nefasta cuenta de la luz si es que el sol va a acabar por apagarse. Porque en realidad lo peor fuera que sólo mis males no tuvieran remedio. La verdad es, vive Dios, que me ha hecho mucho bien el saber de la finitud de ese astro que no parecía tener problemas, ya ven. Y paso la tarde más relajada pensando que no hay mal que cien años dure, y asi mis cotidianas preocupaciones, junto con este persistente y jodido dolor de muelas, se van mezclando con la suave brisa del atardecer. El más absoluto de los presentes se solapa bajo la posible desaparición del sol, y sonrío con picardía pensando en su efímera duración... Mis preocupaciones han ido desapareciendo con la somnolencia y la promesa de un fin y confío, durante este tiempo en que anochece lentamente, en esa solución tan aliviadora. Así, sumergida en la penumbra, he minimizado este ajetreo del vivir...
Pero, ¡ay! el sol se ha puesto, la oscuridad es casi total en mi aposento y enciendo la luz. Entonces me doy cuenta, a mi pesar, de que los hombres de la NASA tardarán demasiado en llegar a su estrella, que mañana habré de pasar por las oficinas de la Hidroeléctrica, suena el teléfono cuyo maldito recibo habré de pagar también y me sigue doliento la jodida muela...
¡¡Ostras, cinco mil millones de años son muchos años!!


1 Comments:
"El sol aunque es un reloj que indica a los seres humanos la medida de las medidas y aunque en su cálculo del tiempo se alimenta de la fuente verdadera, es el que
menos carácter humano tiene, en comparación con todos los demás relojes. Pues todos los otros tienen como presupuesto al ser humano y su capacidad de invención.
En cambio el curso de la sombra es
independiente de los seres humanos
y anuncia no sólo movimientos del destino, sino también rotaciones que pueden ser pensadas sin la presencia humana. De ahí ese algo
inquietante y turbador que se hace
perceptible ante todo cuando los círculos trazados por la sombra son
muy amplios.(...)
Eso nos da una noción de las alas gigantescas que giran invisibles en
el espacio cósmico y que sólo se nos hacen invisibles en los eclipses. Esa marcha enorme e ingrávida nos proporciona un atisbo
de lo que es el poder espiritual"
E. Jünger.
Publicar un comentario en la entrada
<< Home