La muerte de un jugador de fútbol
La muerte de Puerta, el jugador del Sevilla ha provocado una convulsión social. Todos los medios de comunicación nacionales e internacionales se han hecho eco de la noticia. Una vez más el fútbol ha demostrado su capacidad de trascender y superar barreras a lo largo y ancho de este mundo.Los humanos no sabemos cómo reaccionar ante la muerte. Tomar conciencia de esta supuso la aparición de ritos, magos, hechiceros, religiones que durante miles de años han sacudido a la humanidad con cruentas guerras y torturas en las vidas de los hombres.
Puerta: la muerte de un futbolista
La atención mediática que despierta el fútbol ha sido un elemento generador de una catarsis colectiva. El fútbol es fuerza, es vida. Durante los 90 minutos de juego los jugadores se hacen inmortales, no cabe vestigio para imaginar otra cosa. Los cuerpos de los jugadores derrochan poderío, fortaleza, capacidades, etc.
Puerta cayó al suelo, en medio de un partido. A todos nos recordó nuestra fragilidad y vulnerabilidad. Nos invadió la mayor contrariedad. Nos dimos cuenta que a parte de futbolista, Puerta era un ser humano, su familia, sus sentimientos, sus sacrificios, sus miedos...
Puerta se levantó, su corazón todavía tuvo fuerza para salir a campo a pié. Allí en la soledad del vestuario, el jugador sucumbió nuevamente perdiendo sus últimos soplos de vida con los que lucharon los médicos hasta llegar al hospital. Todos sufrimos con él. Era una muerte imposible. No nos lo podíamos creer. Y allí estábamos todos, con sus compañeros los jugadores, sus esposa, su familia...


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