lunes, mayo 26, 2008

El Tiempo Amarillo

La divisamos ─… silenciosa… amarilla…─ a lo lejos, y nos fuimos acercando cámara en ristre.



Y en cuanto la tuvimos a tiro de objetivo, comenzaron como en una ensoñación, a desperezarse primero sus voces como vivos murmullos, luego sus olores a hierba quemada por los soles de tantos veranos idos…

Y poco a poco asomaron también los silencios, y las negras penas, y los presentes espesos, y las sangres tan rápidamente corrompidas…



Unos ladridos a lo lejos, el doblar de campanas, algún perfume a rosas, a pan recién salido de un horno…; y en una esquina, la caseta del perro resollaba al ritmo de la casa grande…


Cuando se abrió el objetivo y se escuchó el clic que atrapó el momento, el paisaje, automáticamente, volvió a la estaticidad fría e indiferente con que el tiempo se cancela y ofrece, en pago, ese color amarillento que el presente tilda de añoranza…

lunes, abril 21, 2008

Ya ha venido “ella”…



Ya ha venido “ella”… Ahora, ya no hay más que “nena”… La casa, los muebles, la cocina… todo ha cambiado, toooodo está invadido.

En un plis-plas, yo, ya soy invisible. O peor aún, soy un ruido andante…

Y la “nena” se pasa el día haciendo caca, caca y caca. Y tomando biberones a todas horas, o con la boca abierta pegando alaridos. Y mis padres, y la tata, y todos los que vienen a verla a “ella”, pierden el culo para ver lo que le pasa. Pues caca, o tiene sed, ¿qué va a ser?

Ahora, mis dibujos que ¡tanto! le gustaban a mi padre, ya son invisibles, como yo.
Todo ha cambiado… No hay más que niña por todas partes… Podría yo desaparecer, y no se darían cuenta. ¿Qué no?


Tal vez lo mejor fuera decirles que si tan ocupados están, yo podría irme a otro sitio…
Si no fuera porque, sin yo querer, me salen tantas lágrimas, se lo diría ahora mismo.
Pero no quiero que me vean llorar como si yo fuera un niño pequeño…


Bueno, voy a dibujar un barco de los que le gustan a mi papá, y se lo dejo en la almohada a ver si lo ve… No sé… Y sino, ya lo dibujaré mañana. Porque me está entrando taaaanto sueño…

lunes, noviembre 26, 2007

CADA OTOÑO…


CADA OTOÑO se repiten los mismos acontecimientos.



Caen las hojas de los árboles después de haber cruzado del verde al amarillo, el sol se deja ver a través de un sutilísimo velo anunciando que el verano se va, las gentes se encorvan frente al frío para proteger su calor… cosas de este tipo van sucediendo mientras las simientes se preparan, en lo profundo de la tierra, para germinar.




Y el otoño se repite exactamente cada año, casi sin variaciones sustanciales.






Quienes lo vemos de distinto modo somos nosotros, los humanos, los que estamos siempre en proceso de cambio porque hemos envejecido, porque algo ha hecho que cambie nuestra vida, porque los ojos con que lo vemos se repliegan a los dictados de nuestro cerebro o nuestro corazón, subjetivos en verdad.



Pues sí, el otoño, que es un escenario inerte y cruelmente objetivo, está cada año ahí. Pero somos nosotros quienes montamos sobre él nuestro propio argumento.





Este que vivimos, anda ya tratando de dejarnos en manos de la Navidad

miércoles, noviembre 07, 2007

EL ROMANCE DE LA BELLA DAMA

Siempre he abierto con emoción contenida esas cajas olvidadas en el fondo de un cajón de cómoda antañona, en donde alguien guardó algún trozo entrañable de su vida que, siendo insignificante para el resto de la humanidad, supuso la aceleración de los pulsos y la cabalgada loca del corazón para la persona que lo vivió.



Resplandecía el sol, o llovía, o soplaba el viento del norte… Dios sabe cual era el escenario que arropó el momento en que la Dama escribió, en el reverso de la pequeña foto troquelada en sus bordes con ondas desiguales, una dedicatoria que decía así: “Sólo cuando aquí deje de sonreírte, habrá cesado mi amor por ti. Tuya, Ivana” Era un día de julio de 1941…

En la cajita había más cosas, pero sólo me llevé la pequeña fotografía de la bella Dama del sombrero, entonces de plena moda. E indagué, y supe que el hombre a quien iba dirigida tal sonrisa era un joven aviador republicano que salió hacia el destierro en cuanto los insurrectos ganaron la guerra. Nada pude indagar más. Y pasó el tiempo, tanto como para hacer envejecer a aquel joven que, con toda seguridad, amó a Ivana.



Más tarde, mucho más tarde conocí al apuesto aviador, pero nunca le mencioné a la bella Dama de la sonrisa bajo el ala del sombrero de moda. Era ya un hombre mayor, muy alto, erguido como una palmera. Y sumamente afable.


Él no ha mucho que murió. De Ivana, jamás supimos nada más, nada que no dijese aquella pequeña foto con un fondo de vegetación agreste y una pequeña charca como ustedes pueden ver. Pero allí, solo su sonrisa se hacía muy visible, viva, a pesar del tiempo transcurrido; sonrisa que no desaparecerá mientras yo tenga ese trocito de cartón con su efigie ─¡tan poca cosa!-- Y para cuando el tiempo la haga volar de mis manos y vaya al polvo, su segura cuna final, estamos seguros don Francisco de Quevedo y yo de que será polvo, sí, mas polvo enamorado.

viernes, octubre 19, 2007

MI CHIAMO LUNA… A CHI LO ASSOMIGLIO?



Desde luego que lo pareces, Luna.

También podrías llamarte Sol, o Estrella, o Mar, o Viento, o Brisa.

Y si nos atreviéramos a sostener esa poderosa mirada tuya, y no sucumbiésemos ante tan tremenda energía, podríamos muy bien llamarte Universo.
Ma che dici tu?

Digo que en tus ojos, hermosa doncella, se adivina la fuerza de un pequeño ser dispuesto a comerse el mundo

martes, octubre 16, 2007

EL ARTE, INSOMNE, SALE A LA CALLE



A veces nos da la sensación de que la noche es un tiempo despilfarrado.

¡Y la noche se queda en blanco porque el hombre necesita reponer fuerzas…! ¡Qué sistema tan conservador…!

Pero un día de glorioso insomnio, alguien sale a las calles de Roma por sentir esa ciudad eterna libre de ruidos, bullicio o ciudadanos obedientes; y allí se encuentra, en el rincón de una glorieta desprevenida, una magnífica exposición de arte abierta hasta el amanecer.

La ilumina la luna.

Los insomnes, sin prisas, contemplan ese otro mundo que ha eludido sagazmente tanta norma. Los insomnes se alegran porque en este espacio sin sueño no hay fronteras. Y menos mal, porque a los insomnes se les ha caducado el pasaporte ya ha tiempo. Pero por suerte, ellos tienen otro salvoconducto: el de los amaneceres. Y ese, ese…no tiene fecha de caducidad.

miércoles, octubre 03, 2007

PATRICIA Y LOS HETERODOXOS



Abuelita ¿la abuela Pepita es vieja? Claro, muy vieja, es tu bisabuela. ¿Y a veces está triste? A veces. Pues yo le he dicho que no esté triste por la Virgen de la iglesia. ¿Te ha llevado allí? Si, a ver a la que está dormida. Patricia, se llama la Virgen de la Asunción. Ah…
Ambas han hecho una pausa; seguramente para que, a través de ese silencio, pase un ángel.
Pero mira, yo le he dicho a la abuela Pepita que no se ponga triste, porque esta noche vendrá el príncipe azul montado en su caballo blanco, le dará un besito de amor y la rezusi…rezruci… resuscitaraá, ¡ay!. Después serán muy, muuuuy felices…

La abuela levanta los ojos de la costura y parpadea…

En los despachos del Cielo, después de la discusión con los Evangelistas, San Pablo descansa sentado en su poltrona celestial. Reflexiona. ¡Jodida muchacha! Piensa que San Juan anda inquieto. Teme por los cimientos del Nuevo Testamento. Y el de Tarso, al pensarlo, ha sentido un profundo estertor proveniente de todos los mausoleos papales de la tierra… Aunque a decir verdad ─piensa San Pablo para sus adentros─ el problema, realmente, no radica en la extorsión del dogma, en eso San Marcos ha puesto el dedo en la santa llaga. El problema está en que el final de Patricia, es mucho mejor que el nuestro…