lunes, mayo 26, 2008

El Tiempo Amarillo

La divisamos ─… silenciosa… amarilla…─ a lo lejos, y nos fuimos acercando cámara en ristre.



Y en cuanto la tuvimos a tiro de objetivo, comenzaron como en una ensoñación, a desperezarse primero sus voces como vivos murmullos, luego sus olores a hierba quemada por los soles de tantos veranos idos…

Y poco a poco asomaron también los silencios, y las negras penas, y los presentes espesos, y las sangres tan rápidamente corrompidas…



Unos ladridos a lo lejos, el doblar de campanas, algún perfume a rosas, a pan recién salido de un horno…; y en una esquina, la caseta del perro resollaba al ritmo de la casa grande…


Cuando se abrió el objetivo y se escuchó el clic que atrapó el momento, el paisaje, automáticamente, volvió a la estaticidad fría e indiferente con que el tiempo se cancela y ofrece, en pago, ese color amarillento que el presente tilda de añoranza…